25 septiembre 2016

¿El Octavio wargamero?

No. No, no no no. Ya tengo yo suficiente con devorar música, cine (cada vez menos) y (sobre todo) cómics para liarme la manta a la cabeza con otra.
Pero la verdad es que yo he tenido una época, hace muchos años, en la que me reunía con dos o tres amigos para jugar a Civilización, a El Duelo de las Águilas (1940 La Batalla de Inglaterra) o el más duro de los juegos de mesa que haya practicado, el Maquiavelo.
Afición moderada, pero sin duda apreciada, y que pasado el día (los tiempos de estudiante de Historia) pasó la romería... Hasta que fui padre y comí huevos. Con el crecimiento de "Punchito" (ah, siempre se llamará así en las redes, en honor a mi añejo nik "señor Punch") me volví a interesar en las bondades de los jugos de mesa, porqueeee:

  1. Son entretenidos, 
  2. incentivan al intelecto del niño, 
  3. son grupales (los hay solitarios, pero eh, hablo de algo beneficioso para un niño, así que jugamos a juegos de dos o más) 
  4. Educan (si juegas por ej. un juego sobre el Imperio Romano... oye, pues eso que te va quedando).
  5. ... y son bonitos.

Bonito es

Bonito es part II

Aquí una reseña que he escrito del que más me gusta de esta partida de "juegos para toda la familia" (de los cuatro que he comprado al crío).

Y bien, también he rescatado mi añejo La fuga de Colditz, con el que jugamos en casa alguna vez (el "alguna" es importante, no somos gamers, verdaderos jugones). La fuga es un juego cooperativo (jugadores que deben unir sus fuerzas para lograr los objetivos) y temático, de simulación, pues trata hechos verídicos, la evasión de soldados aliados, de un castillo-campo de concentración de máxima seguridad. Un jugador será el alemán, los restantes, comandarán equipos por nacionalidades (soldados americanos, franceses...). Es un juego en teoría para mayores de doce años por su complejidad.

Y como el chaval va para diez y al Colditz juega perfectamente, he decidido empezar a mirar otros juegos. Alguno caerá en el cumple.
El caso es que buceando en mi búsqueda he encontrado un universo enorme, donde la actividad abunda:
He encontrado blogs muy activos, como Club de estrategia, centrado en los juegos bélicos, o Ethelberto, monje y guerrero (sí, el nombre... pero se trata de un blog interesante, donde se habla de todo un poco, abierto a todo tipo de variante de boardgame y con post largos sobre estrategias, partidas, críticas etc.). Hay muchísimos más, no se trata de revistas profesionales, sino de iniciativas amateur de gente con mucha práctica en juegos nada más (y nada menos), pero sí suponen buenos puntos para investigar la actualidad de los juegos de tablero.
Aunque yo, dado el componente visual y dinámico que supone un juego, prefiero perderme en You Tube. Hay muchos youtubbers, algunos muy profesionalizados, con canales repletos de secciones como Análisis parálisis, o depedientes de tiendas como Zacatrus. Mi favorito es Éxito crítico, una delicia que se trabajan un matrimonio y que, centrado en los juegos más familiares, despliegan un espíritu lúdico, muy cómico y nada freak. No encontrarás en Éxito crítico mi entradillas de solos de guitarra metaleros, , ni escenarios con fondos de librería recargada de juegos, ni presentadores con camisetas ad hoc.
No en Éxito Crítico


El matrimonio (y sus circunstancias: un embarazo, la paternidad y maternidad, la visita mavideña a los suegros...) articulan una delicia de "serie", con capítulos de media horita como mucho, que tiene por principal cometido el animar a "no jugones" a intentarlo más allá del parchís y los naipes clásicos. Por eso, claro, su campo es el juego de mesa más familiar, el eurogame (tú sigue, sigue leyendo para ver qué demonios es eso).
Que lo primero que esta pareja haya subido sea algo tan fresco como este vídeo os da idea de sus bondades:



Si eres más de juegos de guerra históricos, también hay cosas en el tubo, sí.

¿Y al final qué demonios puedes descubrir si te adentras en el "board-mundo"? Lo que me he encontrado en esta búsqueda es de vértigo, una realidad paralela que da sopas con honda incluso al "inner world" del manga, en su cantidad de tecnicismos: white trash, muevecubos, juegos de bloques, análisis parálisis, motor de cartas... ¡hasta encontré un diccionario de términos (donde saber qué sinifica eso de eurogame que os dije antes)!.

¿Y para qué tanta búsqueda, os decía? Decidido a implementar en casa la afición, he buscado juegos ya un poco más sesudos que el fantástico y loquísimo Camel Up. Tengo uno en la recámara que caerá en el cumple. Es un todoterreno que, dicen las fuentes, es buenísimo, sencillo y atractivo para toda la familia, incluida aquella que nunca ha desplegado otro tablero que el del Monopoli y la Oca en su vida. ¿Caballito ganador? Ya lo contaré.
Pero subo apuesta y lo que me he propuesto es introducir al chico (si le gusta la idea, si no, no soy un padre que guste de proyectarse en su vástago sí o sí, pasaremos a otra cosa) en los "wargames". Los juegos de guerra que decíamos nosotros hace veinte años.
Los wargames, del inglés war (guerra) y game (juego), son juegos de mesa y tablero, que, como explica el diccionario que antes comentaba, "recrean un enfrentamiento armado de cualquier nivel - táctico, operacional o estratégico- mediante reglas que simulan la tecnología, estrategia y organización militar usada en cualquier entorno histórico o fantástico". Como os he dicho antes, yo conozco uno, sobre las batallas aéreas entre Alemania y Gran Bretaña en el canal de la Mancha durante la II GM. Generalmente este tipo de juegos son games arduos, complejos tanto en su aprendizaje como en su jugabilidad, que puede para una sola partida alargarse durante días. Se suele decir que la exigencia es el camio a la excelencia, pero la verdad es que entrar en este mundo es complejo. Esto asusta, aunque pueda también atraer, al neófito:
Diez horas largas jugando al Paths Of Glory
Pero claro, ante una industria tan grande (hay varios editores, muchisimos juegos) está todo previsto y he ido descubriendo wargames sencillitos para irnos introduciendo poco a poco y piano piano. Bueno, el Risk, para según algunos, sería uno de ellos, pero menda ha buscado cosas más originales. El encanto de lo desconocido. Memoir' 44 está irremediablemente descatalogado, agotado, pero parece la opción más obvia. Un juego para mayores de oho años con soldaditos y tanques dándose cera con una mecánica de cartas que dan instrucciones al jugador de cómo actuar. Pero no, no lo he encontrado.
Me he hecho con 1775la Guerra de la Independencia de Estados Unidos un juego sobre la independencia de los Estados Unidos con un libro de reglas de pocas paginas y mucha ilustración. Combina unos materiales de calidad y lustrosos (en los juegos de mesa es muy bonito enfrentarte a un tablero sólido, fichas de madera, cartas con bonitas ilustraciones...) con lo que parece una mecánica simplificadísima pero "muy de wargame", y que según he leído ya ofrece, sobre la base de esta sencillez, intríngulis técnicos.

Me apetece mucho incarle el diente y ver si Punchito (y la Señora Punch también) se hace con sus normas, cosa que no dudo, y si le atrae la experiencia, porque en fin, todo son bondades (conocer la historia, desarrollar el "cerebro táctico", y en fin, todas esas cosas buena de las que ya he hablado).

Mientras, vamos viendo otros candidatos algo más desarrollados para el futuro: Whigs of Glory  Commands & Colors: Ancients, donde se "representa la guerra desde el comienzo de la historia militar (3000 aC) hasta la apertura de la Edad Media (400 dC)", según el portal Boardgamegeek; o el clasiquísimo, con dos décadas de vida, Axis & Allies, alrededor de la Segunda Guerra Mundial ¡y con figuritas de soldados!.


O igual lo dejo en 1775, y el eurogame que va a caer en el décimo cumpleaños, pronto. ¿Quien sabe?. Bueno, sé que tengo en el armario mi querido Civilización, paciente, esperando que lo vuelva a desplegar para jugar sobre su mapa del Mediterráneo, añejo y poco sofisticado, pero ofertando un juego absorbente de crecimiento y migraciones poblacionales, táctica militar y comercial, para llevar a un grupo tribal hasta la más sofisticada civilización (Cartago Egipto, Grecia...). ¿El Octavio wargamero? No, pero mola jugar.

15 septiembre 2016

Unas notas sobre SKELETON TREE, de Nick Cave

Parece consensuado que cuando a un cantante le deja su novia cañón (o a una su novio cañón), en ello el artista encontrará el pozo insondable del sufrimiento verdadero, y tiene todo el derecho del mundo de cantar su dolor, incluso expícitamente ("For Emma, Forever Ago" de Bon Iver, por ejemplo). Supongo que todos hemos tenido veinte años, que a todos nos han dejado alguna vez.
Parece que a algunos les parece que otras formas de dolor, que lo siento, son mucho más devastadoras, como que se haya muerto tu hijo adolescente en un accidente absurdo, no están revestidas del derecho artístico de ser materia para crear un disco. He leído ya muchas discusiones en línea a este respecto.
Supongo que no todos tienen un hijo para siquiera atisbar el horror de esa pérdida. Es algo menos universal. Pero al final la vida (y la muerte) son el motor del arte, así que ole Nick Cave por gestionar su dolor del mejor modo que sabe: filtrado (por cierto, creo que sin menciones explícitas ni nombres propios) en un disco que sin embargo ya estaba de camino cuando su hijo (uno de sus dos gemelos) se precipitó por un acantilado y falleció.
Y que lo haga con esta obra con olor a requiem sereno y cabizbajo me ha parecido brutal. Discazo.
When you're feeling like a lover Nothing really matters anymore I saw you standing there in the supermarket With your red dress falling and your eyes are to the ground Nothing really matters, nothing really matters when the one you love is gone You're still in me, baby I need you In my heart, I need you Cause nothing really matters I'm standing in the doorway You're walking 'round my place in your red dress, hair hanging down With your eyes on one, we love the ones we can Cause nothing really matters when you're standing, standing I need you, need you Cause nothing really matters We follow the line of the palms of our hands You're standing in the supermarket, nothing, holding hands In your red dress, falling, falling in, falling in A long black car is waiting 'round I will miss you when you're gone I'll miss you when you're gone away forever Cause nothing really matters I thought I knew better, so much better And I need you I need you Cause nothing really matters On the night we wrecked like a train Purring cars and pouring rain Never felt right about, never again Cause nothing really matters Nothing really matters anymore, not even today No matter how hard I try When you're standing in the aisle, and no, baby Nothing, nothing, nothing I need, I need, I need you I need you I need you Just breathe, just breathe I need you

01 septiembre 2016

Kubo y las dos cuerdas mágicas

No solemos ir al cine a ciegas salvo cuando somos padres. Puede darse la cita a ciegas con la gran pantalla cuando uno quiera, pero el proceso de "ir al cine" con el hijo/a es proclive a acabar en una sala inesperada (porque, por ejemplo, ya no quedan entradas para Peter y el dragón). Así que confesaré que me metí a ver Kubo y las dos cuerdas mágicas sin tener ni repajolera de qué era eso. Luego sí, lo supe: Laika, y Travis Knight, responsable de Los mundos de Coraline y El alucinante mundo de Norman, películas de las que he hablado en su día por este blog.
Y entrando al cine de modo tan "virginal" solo puedo aportar una única palabra a la experiecnia: Sorpresón. En mayusc, enorme sorpresa, porque la historia de Kubo es sorprendente, lírica, llena de recovecos nada infantiles pero al tiempo es una historia ideal para infantes.
Ambientada en un Japón legendario, la cinta nos cuenta la historia del descendiente de monstruosos espectros, de cómo su madre desafió por amor a su avernal familia y cómo ambos se esconden hasta que, claro, son encontrados por los malos. El niño, la madre y los malvados a la caza son los mimbres de un cuento para niños típico, que sin embargo son solo la columna vertebral para una de las cintas de animación más potente (stop motion que desafía la credulidad del espectador) de los últimos años. Porque con estas vértebras desarrolla conceptos como el papel de la familia o qué es realmente la familia, o el poder de las historias y la narrativa. Todo en un mundo de origami y tradiciones niponas con fantasmas, espectros-mono, samurais y un mundo de papel vivo.
Escenas turbadoras (cada vez que aparecen los espectros, las tías de Kubo), onirismo imaginativo (todo lo que guarda relación con el origami), e incluso un homenaje casi diría que explícito a Ray Harryhausen, como diciendo que esto es un artefacto occidental, pese al determinante peso de toda la tradición japonesa y también, cómo no, del cine de Yamazaki.
Que oye, igual la de Pedro (perdona, "Peter") y el dragón está piruli, pero dudo que llegue a las pantorrillas en originalidad, profundidad e impacto (menudas imágenes luce Kubo) a esta película.

30 agosto 2016

Stranger things

La serie del verano, la que está en boca de todos.
Personalmente me parece una engañifa muy vacía de contenido. Un montón de guiños obvios y sin fundamento (realizados solo por el hecho de guiñar) en un lustroso artefacto bien montado, entretenido pese a lo mal, mal, fatal que están prácticamente todos los actores (salvaría a Millie Bobby Brown), con especial mención a Winona Ryder, terrible.
El producto destilado ha buscado sin sonrojo atraer a un target cuarentón y hacerlo con una trama que también molará a los adolescentes de hoy, esos que consumen mujeres de negro y expedintes Warren. Su sabor a Spielberg, Dante, Carpenter y Sephen King no deja dudas de su objetivo. Si en el caso de JJ Abrams me transmite admiración y ganas de recuperar cierto sabor, además del elogio desvergonzado hacia la sampladelia como método, aquí personalmente solo veo un ardid. Uno que se ha demostrado fabuloso, porque efectivamente su éxito avala la maniobra.
El artefacto, eso sí, está suficientemente bien construido como para hacerlo entretenido o al menos (mejor dicho: o más bien) para hacer que queramos acabar sus ocho partes (con tres le sobraba, para lo que nos cuenta).
Por lo demás y aunque el final no deja lugar a dudas de que habrá segunda temporada, la realidad es que como historia Stranger Things no da más de sí.
Poderoso caballero, don dinero.

Godspeed You! Black Emperor Live at The Metropolis - Moya (Gorecki) - Pa...

Magnífica grabación en directo de Godspeed You! Black Emperor
Si la sobreexpocición de Mogwai los está relegando a una posición secundaria, más por permanencia que por agotamiento, los canadienses y su ritmo tranquilo de publicación les ha sido favorecedor. No han variado su fórmula ni un chisco, no necesitan evolucionar cuando sacan discos cada lustro. Solo van destilando nuevas sinfonías poco a poco hasta que las consideran recopilables en un álbum.
Por eso sus temas, largos instrumentales -que pueden empezar como una intro delicada y tristona a lo Michael Nyman (auqneu no el Nyman facilón), derivar por la música judía, perderse en abstracciones electrónicas y por supuesto, enredarse en interminables montañas rusas de noise rock- siguen resultándome tan fascinantes.
Su sentido del crescendo sonoro-narrativo revolucionó hace veinte años el panorama musical, y hoy no va a cambiar nada, pero en lo suyo estos canadienses anarquistas siguen siendo arrebatadores.
El clip además comprende la idiosincrasia de la banda: prácticamente no vemos ni un rostro.

19 agosto 2016

Playlist: Verano

Hacía mucho tiempo que no colgaba playlists.
No sé si alguien las escucha, pero bueno, he jugueteado el otro día y me puse a pensar que playlists temáticas, breves (esta es de 12 temas, 45 minutos) y adornadas con un cuadro clásico (o no) ad hoc puede ser divertido. Para mí al menos.
empezamos con una play sobre el verano con una clara progresión temática, orgánica.
El cuadro elegido, es obvio: El verano, del maravilloso Archimboldo, un renacentista "out of time" que destacó por una extravagante imaginación, creando retratos a partir de imposibles bodegones vegetales. En ocasiones, rizando el rizo, dichos retratos alegóricos eran reversibles, podemos contemplarlos de norte a sur y de sur a norte, verdaderos upsides-down creados en el cinquecento (no es el caso del que adorna esta playlist, ojo).
El verano está fechado en 1573 y hoy puede admirarse por partida doble:  en el Museo de Historia del Arte de Viena, en Austria, y además, en la copia del Museo del Louvre, copia hecha por el pintor a instancias de Maximiliano II, para hacer un presente.


Y que suene el verano, antes de que se acabe:

02 agosto 2016

40 años sin Cecilia

Tal día como hoy, hace cuarenta años fallecía en accidente de coche volviendo de Vigo (ay) la cantante más grande que ha dado este país.

Este año el homenaje más bonito posible vino de la mano de Coconut Producciones con un concierto de canciones de Cecilia interpretadas por Basia Bulat y una GIGANTESCA María Rodés.
Precioso hasta la emoción y el estremecimiento, irrepetible, mágico.

31 julio 2016

SILICON VALLEY

Pied piper es la bomba. Tras ese nombre se esconde una nueva era de la compresión con incalculables aplicaciones en línea, y también un producto nacido de la mente socialmente disfuncional pero brillante para estas cosas infornáuticas de un genio, Richard Hendriks, que rodeado de una minúscula panda de freaks (pero de verdad: un satanista, un fumeta, un emigrante inadaptado...) funda “El flautista”, mucho más eufónico en inglés, “Pied piper”. Aunque igual de ridículo.
Todo ello nace, cómo no, en Silicon Valley, la meca de la hytech y del nuevo empresarialismo, ese que nace en pequeños cuchitriles denominados “incubadoras”, y en mentes privilegiadas que sacrifican los hábitos sociales (estar a la moda, salir de juerga, tener sexo, casi hasta el comer...) por desarrollar esa genialidad que les pondrá a la cabeza de un imperio. Puedes llamarlo Google, Apple o... El flautista.
Silicon Valley es la serie que nos habla de todo esto, del nacimiento, crecimiento y de momento quién sabe si caída de una idea en un entorno que convierte las ideas en acciones bursátiles e imperios monopolísticos. Viva el mal, viva el capital. Y esta nueva Pax Romana mundial donde la calzada es sustituida por la red la encabezan, es la tesis de esta comedia, gilipollas y tarados. Que Dios nos coja confesados.

Esto es lo primero que me ha conquistado de la serie de HBO, un discurso poco amable, vestido con galas de sitcom. Lo segundo, es que como comedia de situación hereda directamente los patrones de un Friends pero actualizados, limpios de vicios pero aprovechando los logros: efecto culebrón de continuidad (una mucho más elaborada que las meras tonterías sentimentales de seis amigos de pisito), personajes carismáticos (interpretados eso sí, sin amaneramientos de estudio de grabación) y masterpieces de comedia pura (como la escena del cálculo masturbatorio en la primera temporada... no digo más, hay que verla). Y se agradece que apenas existan tensiones sentimentales y la serie valla al grano: ver cómo nace y crece un proyecto en el Valle del Silicio, la meca de las industrias de alta tecnología. En manos de personas bastante poco admirables, en términos generales (no, aquí no hay un tipo guay o una chica cool que convertir en icono de moda).

Es cierto que el impacto de la primera temporada, ocho concisos capítulos, no se verá superado por la segunda y menos aún por la tercera (la que muestra quizá signos de confort y fórmula) pero de momento el montante total de 28 capítulos arroja un balance fabuloso, tanto que puedo jurar que hacía tiempo que no me reía a carcajadas delante del televisor, y ha tenido que llegar un grupo de flipados con talento para las tecnologías para lograrlo. Alguna de las escenas más cafres y divertidas de la televisión las vas a encontrar en Silicon Valley.
El anuncio de la 2ª temporada:

La cultura, las lecturas obligatorias en el colegio, la apertura.

[Estos comentarios LARGOS hay que aprovecharlos y llevarlos al blog personal, compartirlos como reflexión autónoma, ¿no?]
Como padre, pienso: lo importante de ciertas asignaturas, en edades tempranas al menos, no es academizar su disciplina. Está claro de Hª del arte o de la literatura con una orientación bachillerato y más con destino a pruebas de acceso a universidad, tienen una función definida, pero ahí hablamos de un grado de estudios determinados, casi "elevados" y pragmáticos. A un niño de 13, 15 años, lo importante es inculcarle la pasión. De nada sirve obligar unos recorridos literarios cerrados a un niño y hacerle saberse cada título de cada capítulo de La Celestina (ejemplo de títulos breves donde los haya, por cierto) si dentro de tres años, pasado lo "obligado", no va a leer un libro más en la vida.
Por otro lado ¿Quién decide la "calidad" de un libro, una película, un artista? Os recuerdo que Zurbarán era tenido por mediocre, que fue "descubierto". Los clásicos existen, Shaqkespeare y Bernini son impepinables en los estudios de humanidades y según qué recorrido hagas en tus estudios, está claro que en determinado momento llegarás a ellos. Pero lo bonito, o mejor, lo importante, sería que un alumno de ciencias purísimas llegara a Homero gracias a haberse enganchado a los 14 al vicio de leer, aunque fuese gracias a la saga Crepúsculo.

Saga que no he leído y por tanto que no voy a criticar, aunque evidentemente es un tipo de literatura generacional que ha enganchado para "la causa" a cientos de miles de almas, así qué... ¿les dejamos leer Crepus, o se lo impedimos sobre la base de un "canon" de lo que es bueno o no, "Alto" o "Bajo" (fuck it)?¿Les metemos plan "por mis cojones" algo que no les habla de su mundo ni les interesa un rábano pero que "ES UN CLÁSICO QUE HAY QUE SABERSE"... y así no vuelven a leer un libro en su vida? Porque si se convierte en lector de verdad por su propia vía, incentivada desde el colegio pero respetando dicha voluntad, curiosidad, gusto generacional, pienso que finalmnete llegará a los clásicos. Y si no llega pero devora cien libros al mes, ni falta que hará que conozca la obra de Dante (aunque sería fantástico para ella/él conocerla, claro).
Por otro lado la pedantería global impide un acceso en la enseñanza obligatoria al campo vastísimo de la cultura narrativa más allá de esos "benditos clásicos": el cine, el teatro (digo teatro interpretado, no leído), la música del siglo XX (de Tin Pan Alley a los Strokes, del minimalismo al tecno) o el cómic, son todos campos culturales excitantes que pueden consolidar a un futurible adulto culturalmente activo con mucha más eficacia que una lectura obligada de Fuenteovejuna.

25 julio 2016

MOZART IN THE JUNGLE

A veces necesitamos cosas como Mozart in the jungle. Ficciones fast food, pero que no equivalgan a comida basura, que aporten la dosis proteínica necesaria al cerebro, o al alma, si somos gente de Fe.
No todo en la vida es ver absortamente The Wire VO sin siubtítulos. Y Mozart in the jungle no es más que una comedia sencilla de capítulos breves y adictivos con trama amorosa de fondo. Toma cositas de Girls, por ejemplo, pero sin vitriolo. Y de Woody Allen pero sin densidad, y crea personajes más o menos tópicos.
Pero donde escapa al tópico es en su entorno y en la recreación más o menos verista de dicho entorno: basada en el libro autobigráfico Mozart in the Jungle: Sex, Drugs, and Classical Music, escrito en 2005 por la oboísta Blair Tindall sobre su carrera profesional en Nueva York, retrata la vida cotidiana de la Orquesta Filarmónica de Nueva York a través de una sosias de la músico/escritora. Un entorno atractivo que es desgranado sin demasiada misericordia en la teleserie.
La historia arranca cuando una joven oboista consigue (más o menos) penetrar en las estructuras de la citada y prestigiosa Sinfónica, en el preciso momento en que en esta se produce el relevo entre un director de orquesta consagrado y un nuevo y volcánico talento, Rodrigo, trasunto poco disimulado del gran director Gustavo Dudamel. Y a partir de aquí, enredos sentimentales bien hilvanados (que nadie se confunda, he hablado de ligereza e incluso de obviedad, pero no de memez: esto no es una sitcom de los noventa) en el marco de un protagonista atractivo como es el genio singular de Rodrigo o el entorno de estudiante precario de Haley, la oboista. Y por supuesto, en medio de las tensiones y miseria (y también las glorias) de algo tan grande y plagado de "artistas" como es una sinfónica. Problemas salariales, huelgas generales, pluriempleo de los músicos, egos, amor por la música... un retrato por tanto nada obvio de un entorno laboral escasamente tratado en las ficciones catódicas, y menos con esta intención quirúrgica y afecta a las entrañas y las vísceras del objeto a retratar.
Los actores lo bordan, los personajes caen muy conscientemente en los tópicos -cf. Rodrigo, y sus charlas con...¡Mozart!- y esto es así porque la serie nunca pierde pie, y sabe que se mueve siempre en el género de la comedia. Como ya he dicho, sentimental. Todos queremos que esos dos acaben liados, ¿lo harán?
Y si te gusta la música "culta" (¡arg!) no puedes dejar pasar los cameos de gente como Lang Lang o el mencionado Dudamel, entre otros, que algo de aval a la veracidad de lo narrado vienen a otorgar, pienso.
La serie consta de dos temporadas y ha renovado para una tercera.