13 septiembre 2018

Depeche Mode, el carnaval que no cesa.


Publico en mi blog porque me sale de los pies un texto que había pergeñado para una revista y que por agenda quedó fuera de la carrera, sin salir a la pista. Pero qué demonios, estaba en mi disco duro, y Depeche Mode nunca pasan de moda (jaja jojo, chiste).
El retorno [Hablo de Spirit, 2017] del grupo más importante del tecno pop  supone también un paquete de singles con sus correspondientes video clips (muchos firmados por Anton Corbijn, director y fotógrafo al que se ha asociado la carrera de la banda desde los años ochenta). En alguno de ellos Depeche Mode se disfrazan. Lo curiosos es que estos stadium tecno-pop con treinta y ocho años de sólida carrera ya lo han hecho unas cuantas veces, eso de disfrazarse. Recontamos los clips con transformismo de la banda de Basildon.

Depeche Mode (hoy Dave Gahan, Andy Fletcher y Martin Gore) son un grupo hijo de su tiempo. Una banda nacida al abrigo del tecno-pop, en la línea de hermanos mayores como Soft Cell o Ultravox, que añadieron a sus sintetizadores gotas de adolescencia y pop de chicle. Al menos en un principio. Hubo tempranas deserciones (Vince Carke), incorporaciones que posteriormente abandonarían el barco (Alan Wilder) y sobre todo, hubo una reinvención de su sonido y de lo que querían ser. El descubrimiento del Berlín más oscuro, el de la música industrial y el de los tugurios más hard, reconvirtió al grupo en una máquina de éxitos pop con mensajes turbios (“Master and servant”, de 1984, era tanto una crítica al capitalismo como una invitación al juego sadomaso). Con este gustirrinín por el lado vicioso de la vida, aquel cuarteto de Basildon con pintas de panolis a la moda se convirtió en una banda de cuidada imagen. La segunda mitad de los ochenta fueron los tiempos del cuero negro, el  aspecto andrógino, las poses duras en las sesiones fotográficas y los textos ambivalentes, de imágenes malsanas pero siempre esquivas, en canciones de inesperado éxito en las radiofórmulas.
1986. Trátame como a un perro

Importante en el sentido visual será la aparición en el universo DM de Anton Corbjin. El hoy reconocido director de Closer (el biopic sobre Ian Curtis) se estrenó como colaborador visual de la banda en 1986, dirigiendo el clip del single “A question of time”. Desde entonces ha dirigido 17 vídeos más a la banda, ha sido el encargado de las imágenes de los directos y ha diseñado varias de sus portadas.
Su estética rugosa y sus imágenes enigmáticas han sustraído a Depeche Mode del pelotón de estrellas típicas de la MTV para proporcionarles una imagen propia, ajena a los parámetros del star system de las 625 líneas. Nada de ojitos seductores y morros apretados: Dave Gahan, Marin Gore, Andy Fletcher y Alan Wilder (hasta que abandonó la banda en 1997) eran otra cosa, no sex symbols para la Súper Pop. Distantes, misteriosos, oscuros… y, aunque no te lo creas, haz cuentas y me darás la razón, carne para la carnavalada.
De eso vamos a hablar. Depeche Mode se disfrazan. En sus videoclips. Y lo hacen para poner matices irónicos a sus letras, o para sacarlas de contexto o añadirles ciertas dosis de misterio. Lo han hecho en siete ocasiones, siempre de la mano de Anton Corbijn, su director de imagen fetiche.
Reinado tecno rock


1.«Personal Jesus», 1989.
Depeche Mode disfrazados de vaqueros. Espuelas, sombreros del oeste, monturas y un corral o hacienda fronteriza. Dave Gahan, vocalista y frontman de la banda, se las arregla para conjugar la estética John Wayne con su habitual look sensual, extrañamente morboso y apegado al cuero negro.
La letra habla de religión, nada que ver con el far west… el chascarrillo viene quizá de las imágenes mentales que provoca el riff de guitarra del tema, cercano a las melodías del Morricone de los viejos spaghetti westerns. El clip fue filmado en el desierto de Tabernas, en la provincia de Almería.



2.«Enjoy the Silence», 1990.
El segundo single del álbum Violator no solo es posiblemente la mejor canción de la banda, sino también uno de sus clips más icónicos. Gahan pasea su arenga a favor del silencio por paisajes inertes disfrazado de rey feudal, portando una anacrónica silla plegable. Llega a un punto, abre la silla y se sienta a contemplar. En silencio. No hace playback. Se intercalan breves instantáneas del cuarteto posando hieráticamente, inexpresivos.
El resultado es un clip sereno pero que deja un regusto a desazón interna. El cantante como “rey del silencio” es tal acierto que cuesta adivinar si la canción es tan famosa por su excelencia, o por la excelencia del propio vídeo.



3.«Halo», 1990.
Si piensas que los Depeche Mode son unos payasos, este es tu vídeo.
Anton Corbijn pone a aquella banda que hace cinco años lucía cuero negro y estética gay hard a escenificar un triángulo amoroso en un carromato circense. El cantante es el forzudo del circo, Martin Gore (el cerebro de la banda, compositor principal) es el payaso. Hay una chica entre ambos.
“Vistes la culpa como grilletes en tus pies”, comienza el tema. El clip lo convierte en un diálogo de amor, desamor y romanticismo con imágenes de cierto patetismo. La ocurrencia de Corbijn (o de la banda, de quien haya sugerido el tema) da un resultado curioso en un clip que se creó para el recopilatorio “Strange too”, que aglutinaba los vídeos comerciales de Violator y alguno más, creado para la ocasión. “Halo” tiene el atractivo de sacar a flote la ironía de la banda, una cierta retranca que brotará más delante de nuevo.



4.«It's No Good», 1997.
Aunque al inicio del clip un maestro de ceremonias de un cabaret cutre presenta al grupo como Depeche Mode, Corbijn orquesta aquí otra fiesta de disfraces. Quizá la más radical, un “what if?” que contesta a la pregunta de qué sería la banda si fuesen unos mediocres. Con un Gaham recién salido del consumo desenfrenado de drogas duras, y tras ofrecer en el vídeo de “Barrell of a gun” una suerte de autorretrato yonqui, el trío (Andy Fletcher había abandonado al grupo y ya se presentaban como banda de tres miembros) ahora se ríe imaginando unos DM alternativos de nulo éxito. Y en el fondo se autoafirman como banda de tecno más que influyente con este pelotazo electro pop, y nada mediocre. Parecen decir, entre risas, que tras la caída toca levantarse y seguir para adelante.



5. «Suffer Well» 2006.
Bueno, aquí la banda pisa terreno resbaladizo. La transformación de Gahan a lo largo del clip de gentleman trajeado en indigente por la vía del alcohol puede ser una parodia, o una autoparodia de su descenso a los infiernos tóxicos. Lo de Martin Gore y Andy Fletcher haciendo de maniquís de boda (novia y novio respectivamente) redunda en el humor socarrón de los de Basildon.
El vídeo, sobre un tema del disco  Playing the Angel de 2005, recupera a Corbjin, quien no dirigía clips de los Mode desde 1997. En las manos del fotógrafo, parece, es en las que Gahan, Gore y Fletcher se sienten lo suficientemente seguros y a gusto para el travestismo.



6. «Where’s the revolution» (2017).
Clip de la canción que antecedió a su último Lp vuelve a estar dirigido por Anton Corbijn, y otra vez aparecen disfraces. En algunas escenas, incluida la que abre el clip, el trío luce prendas y barbas que recuerdan inevitablemente a las de Karl Marx. Muy propio para un single de retorno que luce una letra política y pro-revolucionaria.
Vuelve a mostrar a unos “dinosaurios” con sentido del humor, uno muy británico, recargado de sorna. Choca ver cómo se alternan de plano a plano el Gahan rock-star, con sus gestos siempre exagerados, con el capaz de reírse luciendo una chiva que ni los ZZ Top.



7. «Cover me» (2017).
Última parada (de momento) en el baúl de los disfraces. El frontman de la banda capitaliza la acción vestido de astronauta, pilotando una nave y retornando a Tierra para contemplar paisajes abstraído. El rey del silencio se ha vuelto cosmonauta, es casi un guiño elegante y muy tangencial a su propio legado visual, o a mí me lo ha parecido, en un clip de nuevo de Corbjin con imágenes en blanco y negro de gran belleza.



Concluyo: resulta difícil señalar a otra banda de la categoría de clásico activo de Depeche Mode que atesoren una línea de clips paródicos y desengrasantes del calibre de estos. Vaqueros y payasos, maniquíes y cantantes de tercera, reyes medievales, y del pop. Queremos más disfraces de Moda Pasajera, pues claro que sí.

06 septiembre 2018

CATÁN

Ni Monopoli hoy le hace sombra.
Catán es El Juego de mesa contemporáneo, el título que inició una nueva era. Yo no lo tenía hasta hace poco (de hecho el que tengo es una edición que es "versión Juego de Tronos", lo cual no afecta al juego básico, que se puede practicar perfectamente sin implementar las nuevas reglas... así que hoy hablaré del Catán clásico sin colorantes) pero nunca es tarde si la dicha es buena.
Bueno, no es este lugar par hacer historia, o análisis profundos, pero diré que este juego que inauuró el modelo "eurogame" ha triunfado básicamente por su singularidad, y por su mecánica donde no se elimina a jugadores durante la partida sino que se juega para construir una pequeña red de ciudades y vías de tránsito mediante cartas de madera, piedra, etc. Y hay que negociar. Te doy tres cartas de lana (que no necesito para mis fines ahora) por dos de madera (que me interesa para construir algo y que no tengo).
Tenemos un tablero que es una isla (una isla creada con losetillas de diferentes valores y utilidades, de modo que cada partida puede ser ligeramente diferente a la anterior), partimos como colonos con los mínimos, y nos toca expandirnos, crecer como pueblos y ciudades, conquistar la isla, en definitiva, adquiriendo con ello puntos de victoria. Es tan sencillo que casi levanta suspicacias.
Una isla, sus recursos naturales, y unos colonos; sencillamente brillante.

Pero su sencillez no implica simplicidad, sino una mecánica depurada e ideal para adentrarte en los juegos de mesa, y para engancharte pese a que jugadores expertos puedan señalarlo como una rampa desde la que descubrir juegos más densos. Porque Catán funciona, como un Cuco Suizo. Es entretenido, interactivo, hay un factor de táctica y al tiempo de suerte con la figura de un ladrón que elimina la posibilidad de explotar los recursos naturales de una zona d ela isla... En fin, Catán es un juego ya clásico por su engrasado pluscuamperfecto, su sencillez no reñida con un fondo táctico, su tensión creciente y esa facultad de jugar rivalizando pero necesariamente colaborando con tus rivales.
Así que sí, nos unimos al tópico y si quieres introducirte en los juegos de mesa, hazte con un Catán. No te arrepentirás.

20 agosto 2018

COURTNEY BARNETT. Tell Me How You Really Feel


La australiana Courtney Barnett necesitó superar la crisis del primer álbum, ese éxito repentino y desmedido que paraliza a unos, enloquece a otros (al olor del teen spirit) y a algunos les encanta porque les vuelve estrellitas del firmamento pentatónico. Barnett NO estaba encantada, precisó el apoyo de artistas ajenos a su universo pero con quienes comparte admiración (Kurt Vile y su álbum a pachas) y de la reflexión y hasta el yoga. Y que los astros bendigan al yoga, porque la continuación de aquel magnífico Sometimes I Sit and Think, And Sometimes I Just Sit (Milk/15) es una confirmación absoluta, apoyada en una capacidad brutal para parir pepinazos indie-rock con personalidad (esa voz equidistando varias emociones contrapuestas) acolchada en letras introspectivas y personales.
“Hopefulness” arranca con una densidad que va a extrañar a los amantes de aquel debut. Su pegada es indirecta, no chispea melodías vivaces sino que arrastra un magma entre lo que, por estos pagos, llamaríamos un quejío soto voce. Me parece perfecto arrancar con esta apuesta, un tema que demuestra ya en la apertura que el universo sonoro de Barnett podrá tener cuerda y desarrollos sorpresivos, si se lo propone. Aunque a día de hoy lo que le pedimos a gritos son sus trallazos melódicos.
No pasa nada, estos llegan al segundo corte, una “City Looks Pretty” que es ya cremme del indie del siglo XXI, con su primera mitad trotante y un cambio rítmico a media carrera que te arquea la ceja una vez y en las siguientes reproducciones se queda como momentazo de Tell me how you really feel.
El disco despliega estribillos de categoría entre guitarras nerviosas y ritmos rotundos en una piñata sónica de la que caen dianas y más dianas alt-rock: “Charity”, “Nameless, Faceless”, inspirada por una cita atribuida a Margaret Atwood, “Crippling Self Doubt and a General Lack of Self Confidence” (con la colaboración a los coros de las hermanas Deal de The Breeders, algo así como dos generaciones indies en un mismo tema), la tristeza aguerrida de “Need A Little Time” o la pedrada salvaje de "I´m Not Mother, I´m Not Your Bitch” son algunas de las cotas altas de este Himalaya del rock.
Un disco que en su aparente sencillez va a calar y , hagan sus apuestas, quedar como uno de los destacables de la década (ya de la añada no digo nada). Sin inventar absolutamente nada Barnett demuestra que la excelencia tiene una sola pata sobre la que apoyarse: la de la personalidad y el talento. El resto son añadidos cuando de lo otro se viene de casa sobrado y ella atesora toneladas de ambos.

Vídeo con subtítulos sen castellano :)

11 agosto 2018

Nostromo 001: Girls


En mi primer viaje sonoro a bordo de la nave Nostromo (the podcast!) hablamos de rock femenino, de inde-femme-rock, o algo así. Suenan:
  1. Main (intro)
  2. Throwing Muses
  3. Kristin Hersh
  4. Sharon Van Etten
  5. Torres
  6. Courtney Barnett
  7. Julien Bater
  8. Phoebe Bridgers
  9. Soccer Mommy
  10. Lucy Dacus
  11. Camp Cope
  12. Waxahatchee
  13. Our Girl
  14. Goat Gir
  15. Mourn
  16. Main (cierre)


PINCHA AQUÍ Y ACCEDE AL PODCAST

07 agosto 2018

La Visita, de M.N. Shyamalan

Tras estrellarse un par de veces, el padre de El sexto sentido decidió volver al terror raso, sin grandes presupuestos, reforzado en una puesta en escena turbadora hasta en los tiempos muertos (terreno en el que Shyamalan no tiene nada que demostrar). Acierta a medias en La visita. El argumento es mínimo: los hijos de una mujer que hace años que ha perdido contacto con sus propios padres van por fin a conocer a sus abuelos (la visita). Van ellos solos en tren, mientras su madre se da un homenaje, un crucero. Los abuelos son encantadores, pero algo raro pasa. Pasa en un determinado momento sobre todo: de noche. Y esa extrañeza va extendiéndose poco a poco a todas las horas del día en un vía crucis angustiante.
Shyamalan hace un mejunje de "terrores" que a veces resulta aparatoso, pero que al tiempo podemos leer como una disertación sobre el género: del american gothic al terror oriental, pasando por el slasher (que nunca llega, pero uno puede ver escenas de largos cuchillos en mano y temerse lo peor), tocando el cuento infantil (obviamente, Hansel y Grettel) y el guiño al mockumentary que puso patas arriba al género tanto con Holocausto caníbal como, sobre todo y por el tono de La visita, The Blair witch project.
Así que tanta pieza no siempre encaja con naturalidad. Sí lo hace la consabida "sorpresa" marca de la casa (no, no están todos muertos, tranquilos), que impacta porque, como buena sorpresa que es, no te la esperabas. Y derrapa estrepitosamente en su recta final, más propia de una película de terror teen hormonada y vodevilesca que de un cuento de espanto psicológico (terreno en el que se mueve mayormente la cinta, y con bastante gracia, valga la expresión).
Y bueno, que lo pasas mal un rato, así que como cine de terror, análisis estupendos al margen, carai que si funciona.

03 julio 2018

VIRAL, juego de mesa

Viral es un juego de mesa editado en castellano, a finales de 2017 por MasQueOca, cuyo apartado gráfico puede llevar a equívocos.
Portada de Viral

Tablero y algunas cartas del juego (evidentemente, la relación de tamaños carta/tablero no es la real)
Dibujos simpáticos, algo naifs, de órganos internos y bichejos/virus. También personajes que un lego en historieta definiría por su aspecto, "de cómic".
La caja informa de que se puede jugar a partir de diez años, pero también dan la medida de duración de una partida, y ahí es donde ya tenemos la primera pista: de una hora a hora y media. Y cuando un juego desplegado en mesa va a durarte media tarde, podemos pensar que la cosa no será del todo ligera.
A ver, Viral no es De Barbarrosa a Berlín, evidentemente (juego al que a día de hoy no me atrevo a meter mano, ni tengo paciencia, ni compañero de viaje para tanto kilómetro), pero ojo, tampoco se trata de un juego festivo, familiar, de esos que en diez minutos ya estás jugando y echándote unas risas. Su "peso" lo convierte en un juego de estrategia moderada, en el que cada jugador ha de lograr hacerse con mayorías dominantes (mediante la conquista de zonas, por presencia predominante en los distintos órganos de un cuerpo humano). La gracia está en que, en vez de, no sé, reinos cristianos del siglo XII en la península ibérica, trabaja sobre un concepto más WTF: cada jugador es un virus determinado que lucha por contaminar todo un cuerpo humano (el tablero) dividido en órganos (las zonas del tablero).
A partir de esta premisa cada turno se subdivide en diferentes acciones, entre la infección, la propagación, los efectos catastróficos de las medidas curativas (vamos, que el juego tiene sus reglas de curación medicinal para el cuerpo/tablero, que vienen a trastocar todo lo que habías preparado para propagarte).
Virus action (imagen tomada de la web planetongames.com)

Programar bien y contar con los imprevistos son la parte desafiante del asunto. Y sobre todo, la interacción más puñetera, porque Viral es un juego de mesa de mucha interacción entre los jugadores, que se dedicarán a fastidiar a sus oponentes todo lo posible y más. Un jugador será capaz de infectar, eliminar los virus de los otro jugadores, convertir las fichas de los demás en propias, desplazarse por el cuerpo a través de arterias y venas para atacar a otros virus/jugadores que campan por órganos diferentes...
Un juego de los que no paras de darle al coco, vacilar a los rivales (o aguantar el chaparrón cuando te tan estopa a ti) e intentar conquistar las diferentes partes del tablero en una experiencia, me da a mí, muy rejugable (yo he echado unas pocas partidas nada más, y creo que aún no lo domino bien). Más original por el tema que otra cosa -pues aunque yo no tengo demasiada experiencia, sé que existen juegos de "domirnar áreas" a cascoporro-, pero con sus mecánicas perfectamente engrasadas.
Sumamos un apartado gráfico notable, con un aspecto cartoon engañoso (lo dicho, no es "para niños") pero útil ante cualquier opción más realista o más infantilizadora (vamos, que ni reproduce un cuerpo destripado al natural, ni se rebaja al estilo de la bobada de Operación, encontrando un punto medio vacilón  en su exageración barroca)

Un juego muy recomendable pero no, desde luego, para un novel en esto de poner tableros sobre la mesa. Este sería una buena opción de ir más allá de Catán, Aventureros a tren y esos familiares que ya han cuajado en amigos y cuñados que se han iniciado hace poco (y por tu culpa, supongo)

26 junio 2018

Soegaze 15, el retorno de os clásicos

El shoegaze, pese a defensores del estilo sobresalientes (como los vigueses Linda Guilala, de proyección internacional y con Psiconautica como obra magna del "shoe" en castelllano), efervescentes intentonas como el nu-gaze y los casos más o menos aislados que aprovecharon las enseñanzas del género para buscar nuevas vías desde la electrónica, el metal y otros palos (caso de Beach House, uno de los grupos de la década, cercanos al dream pop), es un género acotado a los primeros noventa, como esta serie deja claro. Sin embargo en el presente revive con gloria, encabezando carteles en festivales y devolviendo fulgor al sonido de la distorsión flotante y las melodías frágiles. La gracia es que esta nueva vida se deba, precisamente, a varias resurrecciones.
En 2008 los mismísimos My Bloody Valentine volvieron a los escenarios. Lo más importante es que su propuesta, lejos de la artrosis de dinosaurios buscando dinerito fácil, supuso la vuelta al ruedo del infierno en la tierra y la constatación de que su fama no era injustificada. Quienes los vimos en aquella gira sabemos lo que es quedar impactado por un volumen en directo sencillamente insufrible, una revisión de la máxima bretoniana "la belleza será convulsa o no será" que solo igualan los últimos Swans y los Mogwai más agrestes.
Hubo que esperar un lustro para que este retorno lo fuese también en producción. Herméticos y a su bola, cuando todos desesperábamos que que Shields y compañía entregasen una continuación a su obra magna, en un concierto de 2013 estalló la bomba. Entre dos temas (únicos oasis sonoros en un Bloody Live) alguien del público preguntó a gritos cuándo habría nuevo disco. Shields, el tótem parco y distante del ruido blanco, se acercó al micrófono y contestó. "En dos o tres días". Las redes ardieron incrédulas, casi en una carcajada frente a la boutade. Y en tres días, las redes enmudecieron del asombro. En la página oficial del grupo se podía descargar, 22 años después de Loveless, el nuevo disco de My Bloody Valentine, M B V.
Yo en mi vida he visco cosa semejante, y creo que esto queda ya como hito en la historia del rock. Solo por su proceso, demora y manera de cristalizar, de espaldas a la industria discográfica, a su bola, sin sello discográfico (autoedición) y sin propaganda ni filtraciones previas. En un minuto pasamos de la nada habitual de la banda a todo un nuevo LP de My Bloody Valentine. Hardcore action digna de Ian McCaye. Lo fabuloso es que M B V es una continuación (posiblemente una de las más difíciles continuaciones de la historia del rock) totalmente defendible. Su sonido y su pulso experimental demostró que no hay seguidores a su altura.
Pero la tierra de gigantes se removió más aún. Ride retornaron, e incluso sacaron nuevo disco en 2017 (Weather Diaries). Y Slowdive hicieron lo propio. Del mismo modo: reunión para directos que muestran a una banda con mojo, y nuevo disco. En el caso de Slowdive, añado, entregando su mejor largo (homónimo). Sí, quizás mejor que Souvlaki.
Así en un lustro los tres nombres fundamentales del género pasaron de la hibernación a plena actualidad. Cuando se acaba de filtrar un nuevo tema de My Bloody Valentine (tocando en su retorno a los escenarios este mismo verano) y los últimos discos y conciertos de Ride y Slowdive han sido más que sólidos, todo parece indicar que los padres del género han vuelto para quedarse. Dios bendiga al ruido que todo lo cubre.
Así pongo fin a esta serie. Un fin que parece un posible principio.
Si quieres leer el mapa-guía, ábrelo en una pestaña nueva y amplía

24 junio 2018

BEACH HOUSE "7"

Reconozco que siendo Beach House una banda que me conquistó con Teen Dream y Bloom, su última producción, dos discos largos publicados a la vez en 2015, no me atrapó. Quizá por haber somatizado sobradamente su sonido, su impacto y personalidad, ya no tenía "hambre de Beach House".
Bien, pues con 7 he vuelto al redil cual hijo pródigo vuelve a casa del padre.

7 es un disco diferente pero reconocible, como la nueva carta de temporada de un tres estrellas. Se reconoce la mano del chef, pero los productos han cambiado. Para empezar, intuyo que la elección  de Sonic "Boom" para producir su nuevo artefacto ha sido importante, y a juzgar por los resultados, un acierto. El disco crece entre humaredas más amnióticas de lo que nos tenían acostumbrados. La voz, sobrenatural, feérica, de  Victoria Legrand, canta ahora con discreción, entre el arrullo y el canturreo de la persona recién levantada. Dream pop mutando a dreamed pop.
Y en general, sin perderse esa exquisitez que los hizo y hace tan especiales, 7 (sí, séptimo largo del combo) es una obra poliédrica y con recovecos sorprendentes, del arranque de batería brioso en "Dark Spring" (¿guiño al arranque de Loveless de My Bloody Valentine?) a las cenefas elecrtónicas de "Lemon Grow" (muy del palo del ex Spacement 3 que produce 7, por cierto), pasando por el shoegaze a baja temperatura con ecos a la Velvet de "Last Ride", uno tiene demasiadas pruebas a lo largo de este hermoso disco de que, sí, merece la pena pasar una temporada en la casa de la playa. Cada canción es un atardecer de verano.

02 junio 2018

TULIP FEVER, de Justin Chadwick

Resultado de imagen de tulip fever critica
La historia es ese argumento general de posibilidades infinitas para armar, a partir de él, pequeñas historias ficcionales. Del género histórico a Canción de hielo y fuego (sí, Juego de tronos,las novelas), son incontables las obras de narrativa que se apoyan más o menos libremente en la historia. El peligro de aquellas que se pretenden "fieles" está en caer en los asideros que los hechos proporcionan a los narradores. Y son peligrosas trampas, demasiado tentadoras.
Tulip Fever es posiblemente uno de las más prácticos ejemplos con el que puedo ilustrar esta idea. El relato es a priori atractivo, un drama histórico de tintes shakesperianos -pero de acento protestante, burgués, mundano-. Una ilustración en clave de drama y triángulo sexual (¿amoroso?) del crecimiento de la clase burguesa en los albores de la Edad Moderna. Y del marco de la crisis del tulipán de Flandes en s. XVII. Mimbres para atar algo interesante a varios niveles: como relato de unos hechos históricos poco conocidos por el común de los mortales (la inflación tulipanera), como ilustración de los burgos y la sociedad mercantil y comercial que supera un medievo rural y feudal (soy reduccionista aquí, o sé), y como guinda, una historia arrebatada como argumento principal. ¿Qué falla? ¿Además de estar ante un producto apoyado en el desnudo de su actriz principal como gancho comercial, lo cual dice mucho y no bueno de la cinta? Pues falla la tentación de los asideros. Falla que el mimo (espectacular) por la recreación ambiental juega en detrimento del drama. La historia y sus personajes se dibujan tan pobremente como rico es el retrato de calles, casas, vestimentas, estudios de pintores, canales, conventos, tabernas y del contexto especulativo del tulipán. Y la ficción necesita de historias y personajes que arrastren. Al menos la ficción más "ortodoxa", la del relato canónico como debería haber sido esta. Es muy común, basta pasearse por los puñados de cómic histórico francobelga que nutren las novedades mensuales para ver exquisitas ambientaciones y cuidado historiográfico como molde para tramas tópicas, diálogos torpes y personajes planos. Pero esos cómics no los emitieron en TVE el otro día, y Tulip Fever sí, ¡por eso cae comentario en mi blog! 😊 Por otro lado quien guste de perderse dentro de un cuadro de época escrupuloso y detallista, tiene eso en la cinta. Quizá por ello, por esa recreación de pátina lustrosa (e interior vacío) me dejé llevar hasta el final de la película.

23 mayo 2018

Shoegaze 14: el género mixturado (II). LOS PLANETAS

Los Planetas son sin duda la banda con querencias shoe más importante de habla castellana. Desde sus inicios en Medusa Ep han mostrado una cara próxima a los sonidos de Shields, Slowdive y los más rugosos The Jesus and Mary Chain y Spacemen 3. Pero para mí su obra más significativa (y también la más escorada a los océanos de distorsión con permiso de su largo de debut, Super 8) fue su séptimo Lp, La leyenda del espacio (2007).
Resultado de imagen de La leyenda del espacio
Lo es porque en él aplicaron toda su experiencia y talento sónico para aproximar el rock distorsionado al flamenco en una experiencia musical simplemente pionera. Nunca antes una banda había interseccionado universos tan distantes como la masa noise de Loveless con los palos mástradicionales del flamenco en un disco completo: bulerías saturadas de fuzz, alegrías con toque indie rock, tientos escapados de mares de guitarras que ni Mogwai... Casi una hora de música, trece canciones que no bajan el pistón y unen intensidad, ensayo, experimento, acierto y sonido solar en algo inaudito.
Sumamos algunas de las canciones más rotundas de una banda prolija en canciones rotundas, como la cósmica "Ya no me asomo a la reja" (fandango de más de seis minutos con crescendos emo difíciles de superar) o "Reunión en la cumbre", donde un Eric superlativo a la batería emula palmas con las baquetas (en una canción que no parte originalmente de un palo flamenco) y J desgrana una letra revanchista y enigmática marca de la casa (¿canción política? también)
Obra maestra del shoegaze mixturado, absolutamente.
Aquí interpretando dos temas con muy buen sonido para televisión(aunque algo saturado), con intro del insigne Miguel Ríos incluida)