24 febrero 2017

Premios para juegos

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En esta vida hay premios para casi todo, y los juegos de mesa no son excepción. Normal, dado que hablamos de uN sector en alza y con crecimiento continuado en ventas y popularidad los últimos años.
Estos son galos, y prestigiosos. Enlazo explicaciones de los jueGos, porque no doy para más. Ya sabes que en esto de los boardgames solo soy un aficionado recién llegado, desconozco todos y cada uno de los premiados y si diré que Scythe me apetece mucho.

As d’Or 2017 Enfant (As de Oro 2017 infantil): El cuco Kiko estrena nido, de Josep María Allué & Víktor Bautista i Roca (Haba, también en España)
El cuco Kiko estrena nido      

Fueron nominados además, Animouv, de Martin Nedergaard Andersen (Djeco) y Stone Age Junior, de Marco Teubner (Devir en España)

As d’Or 2017 Experts (As de Oro 2017 para personas  expertas): Scythe de Jamey Stegmaier (Maldito Games en España)
Scythe      
Fueron nominados además, Conan, de Frédéric Henry (Monolith) y Star Realms, de (Devir en España)
As d’Or 2017 Tout public (As de Oro 2017 para todos los públicos): Unlock, de Alice Carroll & Thomas Cauët & Cyril Demaegd (Prtóximamente por Asmodée Ibérica)
     
Fueron nominados además Código secreto, de Vlaada Chvatil (Publicado por Devir en España), Imagine, de Shingo Fujita & Motoyuki Ohki & Hiromi Oikawa (Asmodée Ibérica en España) y Kingdomino, de Bruno Cathala (Morapiaf en España.

21 febrero 2017

Gamificación del aula

Me parece interesante el uso en el aula de juegos de mesa. El potencial didáctico de un juego de tablero no es despreciable y hay varias editoriales y webs que ya están explorándolo. Y por supuesto, centros y profesores que aplican la llamada "gamificación" del aula.
Su empleo se da ya tanto en primaria como en secundaria, no se piense que hablamos de la ecuación juego-niño pequeño. Matemáticas, lengua, historia, atención a las competencias clave que deben promoverse en el aula... el potencial es enorme.
Jugando en el aula a Pandemic, un juego no competitivo, colaborativo. Los jugadores coordinan estrategias todos juntos para evitar una pandemia a nivel planetario. Geografía, biología, historia, competencias clave...

Supongo que lo difícil es adaptar el tiempo que engulle el recurso, aunque por lo que leo y me cuentan, el empleo de juegos de mesa suele gestionase como actividad de refuerzo en horarios de recreo, en el "aula de juegos", y cosas así. También puntualmente dentro del aula.

Este vídeo de la editorial Devir (editorial que tiene una "extensión educativa" entre sus departamentos que presta atención a las posibilidades didácticas y en la enseñanza de sus juegos) es ilustrativo al respecto. Y aunque trabaja más el proyecto en primaria, es extrapolable, obviamente, a secundaria e incluso bachillerato. Dieciséis minutos cortos con mucha chicha especialmente recomendado para docentes y padres (¡el juego en casa también educa!).



Y un bonus track o dos: este artículo del que saco la imagen es interesante y orientado a secundaria. Este otro, en el 20Minutos ofrece una panorámica, algún vídeo corto y varios enlaces de interés respecto al tema.

05 febrero 2017

Patchwork, de Uwe Rosenberg

Patchwork de Uwe Rosenberg, menuda tontería. ¡Y qué buen juego! 😃

Esto de los juegos de mesa tiene muy poco que ver con el cómic, pero podría decir que del mismo modo que obras de aparente sencillez formal como las de Tom Gauld encierran un discurso elaboradisimo de su trabajo y a dónde quiere llegar con su depuración formal, este juego, que en negro sobre blanco es algo muy minimal, supone un elaborado laberinto de buena diversión para dos jugadores.
Rosenberg es el creador de euroames superventas como Agricola, Le Havre o Caverna, y Patchwork es su última propuesta para las tardes lluviosas de domingo como la presente.
Botones, retales, patchwoks.

La idea es una cosa muy básica: dos jugadores compiten en hacer la colcha de retales más grande y completa, adquiriendo precisamente eso, retales (hazte una idea pensando en un Tetris, sus piezas, que debes encajar en el espacio de una plantilla de Hundir la flota). Entre ambos jugadores un tablero en espiral (tipo Oca, digamos) hace avanzar en el "tiempo" tu ficha. Al llegar al final del recorrido termina la partida y toca puntuar y ver quién gana.
El despliegue del juego

Así quedó la colcha ganadora (incompleta)
No quiero usar este blog para explicar reglas, menudo coñazo... pero diré de Patchwork que ofrece una disyuntiva (¿compro tiempo o compro retales?) que lo convierten en un pasatiempo divertidísimo, frugal (una partida dura menos de media hora), tenso y adictivo (jugarás dos timbas seguidas, lo apuesto).
Personalmente tengo ganas de ir hacia adelante en esto de los tableros, complicándome poco a poco la vida hasta recuperar el "nivel Civilización Avalon Hill" de mis viejos tiempos. Pero dada la riqueza del espectro "jugón" actual, reconocer que en ocasiones en vez de menús sesudos con dos platos y postre apetece un pincho, y reconocer que ese pincho es una delicatessen, tampoco me parece mala práctica.

Edita Maldito Games y ronda los quince euros. Tirado para los buenos ratos en pareja que os va a ofrecer, en serio.

27 enero 2017

Stage four, de TOUCHÉ AMORÉ

¿La mejor banda hardcore del s. XXI? Pues ni idea porque no estoy, ya, demasiado metido en la escena. Tras una década gloriosa, los noventa, parece que todo lo que escucho del género (que ya no es demasiado) peca de lo que aborrezco en la música: crean ejercicios de estilo, no vomitan desde el estómago. Mucho screamo, mucho pogo, mucho ruido de guitarras, mucha velocidad pero al fondo veo gente acomodada. Veo "jevis" del hardcore. No sé si me explico.
Al cantante de Touché Amoré le murió la madre por un cáncer y desató todo su estilo musical (cuarto disco de la banda) en este devastador disco de postcore angustiado. No está tan lejos del último Sufjan Stevens, aunque desde la perspectiva opuesta.
El resultado supone un disco muy salvaje y con todo lo que he comentado al inicio: alaridos, guitarras al rojo, y ritmos apisonadora que ni pinados para el stage diving. Pero todo supura verdad. Ira, angustia y preguntas existenciales maceradas en el dolor personal. Cuado Jeremy Bolm grita en  "Rapture",
Like a wave, like the rapture
Something you love is gone, something you love is gone
Someone you love is gone, someone you love is gone
It leaves you fractured.
...creo que cualquiera puede apreciar esa verdad, ese dolor que brota para mantenerse en pie el resto del día (o de la vida) tras las ausencia. El hardcore es circunstancial, un entorno para trasladar la intensidad interior,  pero además si lo miramos sin atender a todo lo que rodea al disco, sus circunstancias que son claves para apreciar esa verdad interna, este también es un pepinazo postcore como no escucho desde hace muchos años. Tensión, ritmos frenéticos con giros bruscos e inesperados, incursiones en paisajes melódicos cada dos por cuatro en medio del hardcore, incluso aparecen aires folk en "Skycrapper", con la aportación fundamental de la delicada Julien Baker.
Brutalidad post-hardcore, sí

Intensos. Muy intensos.

I see you, de The XX

La verdad es que The XX se han pasado el amenazante san Benito de difícil tercer disco por el Arco de Tito. Basta pinchar su obertura, "Dangerous", para contemplar cómo mantienen sus signos de identidad y a la vez caminan hacia adelante. Ritmos vívidos electro, trompetas tropicales, y dos voces que se plantan con poderío (qué bien canta Romy Madley y qué bien empasta su voz con la de Jaime XX).
No hay canciones sobrantes, todo entra con suavidad, y los sonidos son tersos pero granulosos. No lo digo plan cursi, quiero ser descriptivo con la capacidad de I see you de sonar casi corpóreo, como lo son una caricia y un apretón de manos. Los bajos percuten, dirigen el ritmo y son el pulmón de cada tema. Los parones, los silencios, esa marca de la casa XX, siguen ahí, más sutiles quizá, pero presentes y creando otra vez esa sensación de música misteriosa que su debut tan bien planteaba y su segundo largo transitaba con continuismo. Y a la fórmula incorporan más aires tecno, pop, soul... crean una playlist exquisita sin necesidad de linkear distintos artistas: The XX te llenan el Spotify con una exuberancia rara de encontrar en el pop comercial actual.
Esa es otra. Este disco debería copar listas de ventas y radios fofas, porque todo es sencillo al oído, tarareable a la 2ª escucha, perfectamente radiable y asimilable por audiencias masivas. No sucederá en España, siempre atenta a cantantes de talent shows (qué eufemismo, no hay talento en esos lugares) y a lo nuevo de los cuatro nombres sobados del podio mediático nacional.
Pero deshagámonos de la retranca para recomendar perlas de este disco, en el que insisto, todo son joyas, no hay sobrantes. Mas por destacar, “A violent noise” crece desde el silencio al afterhours más seductor, “Performance” es un baladón trágico de poso clásico,  y “On hold”, desde el arranque angélico hasta sus filigranas de bases, y programaciones pespunteando estribillos gloriosos, se postula como uno de los temas del 2017. Así da gusto empezar un año.


18 enero 2017

ABRACADA...¿QUÉ?

Supongo que puede ser bastante habitual tunear de juego de mesa lo que , salvo por un par de toques, puede ser un juego ortodoxo de cartas. No soy experto en boardgames, pero desde luego esa es la impresión que provoca Abracada...¿qué?, un juego para niños a partir de siete años.
La base es un mazo, una mano que tú no ves pero tus rivales sí, y algunas cartas descubiertas en la mesa. Pero en vez de cartas, son "piedras mágicas", hechizos que lanzas, y el que se descubre se aporta a un pequeño tablero en vez de dejarlo sobre un tapete neutro.
El juego consiste en proponer un palo que quieres subir al tablero, adivinando o sospechando que tú puedas tener ese palo a través de la contemplación de las manos de tus rivales y las "piedras" que se han revelado al ser subidas al tablero. Si la "carta" que propones usar resulta estar efectivamente en tu mano, un compañero te la recoge y la añade al tablero. Se considera una "piedra de hechizo lanzado".

Hay ocho tipos de piedras diferentes, y según la que adivines y arrojes al tablero, infringes un daño, quitando vidas a algún rival (o recuperas vidas tú). Ganar es eliminar vidas del rival y sumar tú mismo puntos positivos.
Groso modo esto es todo. Un simplísimo juego de cartas, y las cartas me aburren soberanamente, lo confieso.

¿Quiere decir esto que Abracada...¿Qué? no me ha gustado? No: si piensas en jugar con niños (no adolescentes, niños-niños) es una buena opción, un juego sencillo que al tiempo provoca el cálculo mental en los infantes. También en los mayores, así que todos juegan, participan y se divierten en un juego de azar y concentración. También de picarse, porque es competitivo, aviso.
Un buen regalo para hijos y sobrinos que sin repeler al adulto a la hora de subirlo a mesa, no llena al adulto como sí sucede con otros juegos de mayor enjundia, ver Aventureros al tren, por ej.
Pero que tampoco nos aburre a los padres.

05 enero 2017

Ya vienen los tres

Pues mucha suerte esta noche, los que tengáis hijos a sabéis que en esa circunstancia se disfruta especialmente, pero también que es muuuy cansado ;)
Yo espero tener buenos regalos, y es el primer año que le pido, a los tres dadivosos, juegos de mesa (por supuesto más cosas, claro). A ver qué cae... bueno he sido un rato bueno. Más que bueno, bondadoso, merezco oro y mirra. El incienso déjaselo a los hippies.
Imagen tomada de http://mortadelo-filemon.es/

31 diciembre 2016

Algo de música de 2016

Nada de listas, que tampoco me he vuelto loco a escuchar discos yo, este 2016. Pero por resumir qué me ha gustado o defraudado, venga post.

Los caballos ganadores han sido este año dos clásicos impepinables: por un lado el estremecedor Skeleton Tree de Nick Cave, forjado  a la sombra de la tragedia personal, ahumado con sonidos serenos pero de tristeza y solemnidad abrasivas. Un clásico en un particular apogeo que va a quedar como referente insalvable dentro de su ya larguísima carrera.
Y por otro lado el epitafio de David Bowie, Blackstar, una obra que además de ser histórica por lo que es, resulta que ha supuesto uno de los discos mayores del artista, a la altura de sus joyas clásicas: una kermesse de jazz experimental y sonoridades angustiosas, más cercano a los últimos Portishead o a Scott Walker, que a las radiofórmulas que en las últimas décadas nublaron su gusto. Cerró el telón y nos puso a todos de rodillas.
En ese podio solo ha conseguido entrar un cachorro (en el puesto uno, dos o tres, al gusto) Bon Iver, que se enredó con 22, A Million en un laberinto de creatividad tan absorbente como, quizá, moderniqui. Pero no es una modernidad sonora impostada, sino prueba de su capacidad para absorber lo que le rodea, tras colaborar con gente como Kanye West o James Blake.
Otro clásico rondó las palabras mayores con otro broche histórico. Michael Gira "clausura" su nueva etapa de Swans con The glowing man, completando lo que quedará como la más asombrosa, brutal y chamánica tetralogía de la historia del rock. Puede que como cuarto disco de su nueva etapa no nos sorprenda ya, pero entendidos los Swans del s. XXI como un work in progress es un a obra ineludible. Aquí más solemne y formalmente relajado (bueno... entre comillas), pero cualquier zigurat sonoro de estos Swans sigue transportándonos a una celebracion telúrica de apocalipsis y vida. Terroríficos y sanadores. E insobornables: con un éxito como jamás ha tenido Gira, decide que las cosas son lo que son y no deben alargarse. Swans no muere, pero se transformará en otra cosa, si queremos creer las declaraciones de su líder.
Angel Olsen hace rock clásico con un pié en el folk espectral y otro en la primera PJ Harvey, según el humor de cada canción de su fabulosos My Woman. Revelación en esta casa.
Y hacía mucho que el hardcore, o el postcore, no me sorprendía tanto como con el cuarto disco de Touché Amoré. Conceptual (surge tras la muerte de la madre del cantante, víctima de un cáncer), supura angustia verdadera, no se siente como mero ejercicio de estilo (que es lo que me estaba sacando del género, tanto screamo de postín... la gran diferencia del core y el metal, en general para mi gusto, pasa por lo que distancia las tripas del diafragma, pero lo que picoteaba últimamente de hardcore esa más técnico que regurgitado, para entendernos). Feroces, intensos y con un pie siempre entre la violencia y la melodía más accesible, Stage Four merece ser señalado como importante para el género.
Ruido guitarrero, psicodelia y melodía. Otra cosa que me gusta bastante. Este año han cubierto el cupo tres obras, curiosamente, dos de eelas de España. Ya que Mogwai están delicados últimamente, uno se ha lanzado de cabeza a Minor Victories, la súper bandaza compuesta por  Rachel Goswell (Slowdive), Stuart Braithwaite (Mogwai) y Justin Lockey (Editors). Trío de experiencia contrastada, entrega un producto (homónimo) estilizado, sugerente, primorosamente producido y que intersecciona la épica de Editors, el ruido evanescente y sensual de Slowdive y el toque cinemático con descarga de alto voltaje de Mogwai. Sin inventar nada demuestran estilazo y entregan varias canciones gloriosas.
Tampoco inventan nada Linda Guilala, pero su "angst" convertido en reflujo sónico para Psiconáutica es perfecto para quitarte el mono de Los Planetas, My Bloody Valentine o los primeros Silvania. Y al final la tarta en esto del ruido cafre se la llevan otra vez Triángulo de Amor Bizarro, la apisonadora gallega que en Salve discordia derivan hacia sonidos matizados (de New Order a psycho rock) sin perder un átomo de intensidad. Abrumadora cuarta lección bizarra.
No puedo decir que el de TAB sea "el mejor disco nacional" porque esa chorrada se la dejaré a quien haya escuchado mucha música nacional este año. Yo apenas me acerqué, a mayores, a lo nuevo de Espanto, que cuanto menos han parido una canción como un pepino de grande: "Atravesado por el rayo".
Y así entramos en confesiones: no he escuchado ni el último Cohen, ni el debut de la banda Whitney, Anohni o el último Radiohead, de los que canciones sueltas me han llamado mucho la atención.
Y puestos a confesar pequeñas decepciones, bien, parece que mi momento Animal Collecive ha pasado. Su Painting with no ofrece argumentos para decir que sea "malo": melodías primorosas y muy marcianas, sonidos subacuátcos imposibles, experimentación y accesibilidad... lo que sea: si el año pasado el último de Panda Bear no dejaba de sonar en mi cabeza, el de la banda completa creo que no ha llegado a reproducirse entero y del tirón nunca.
Y no defraudan, muy al contrario, ni Bob Mould, ni el retorno de Pixies. Mould, padre del cordero (del hadcore, del grunge, del indie rock, hasta del indie folk si tal existe y miramos a Workbook), sigue en la brecha con rock de alto voltaje. Pixies tras Indie Cindy (una mierda de disco, en plata) recuperan tono y no entregan autoparodias o discos de Frank Black. Ninguno de ambos, sin embargo, logra un peso, o da un paso que marque un momento especial para quedar como parte de lo más disfrutado en 2016 para quien esto firma. Alegres reencuentros, eso sí.

30 diciembre 2016

Sushi Go!

De mi visita a GrafMadrid, un evento fundamental en el asunto del cómic de autor, le traje a mi hijo de regalo (comprado en otro lugar, no en el salón del cómic, claro) el muy famoso (en su tienda de juegos más cercana) Sushi Go!
Que no deja de ser un juego de cartas como cualquier otro, aunque alegremente mineralizado para lucir diferente. Se trata de "juntar palos", en definitiva, aunque en vez de sotas, copas o bastos tienes sashimi, tempura o wasabi, y cada tipo de carta otorga una puntuación distinta según tu habilidad para hacer determinados agrupamientos de "palos".
A partir de ocho años y para dos a cinco jugadores, lo recomendable es completar esos cinco en la mesa, porque lo más atractivo de este juego es que una vez todos eligen una carta para quedársela en mesa, los jugadores pasan a su compañero de la izquierda sus manos. Lo cual se intuye simpático (solo he jugado a tres) pues convierte el juego en una prueba memorística (¿recordarás o no las manos que están jugando?)
Las catas son graciosas en su diseño, y el juego viene en una caja de lata la mar de chupi. En la red la encuentras por menos de diez euros, además.
Muy familiar, muy muy sencillito y simpático, muy para llevar en estas fechas encima siempre e intentar romper las dinámicas "cuñadas" de la navidad en las reuniones. Por ejemplo, y echarte unas risas con tíos y sobrinos, all together now, que cantaban aquellos hippies.

28 diciembre 2016

Carrie Fisher

En la freakscene se cansan de llorar "la muerte de Leia" y de alabar al icono. Como todos, ojo, porque ese personaje es importantísimo en la cultura popular del siglo XX y moldeó sin duda el nuevo papel de la mujer contemporánea superando modelos desfasados de antiguas historias de ciencia icción al suponer una protagonista activa, carismática, compleja (fuerte y dulce, valiente, recta...), importante en la saga cinematográfica más exitosa de la historia.
Pero el personaje no ha fallecido, lo ha hecho una mujer real, actriz desafiante, mujer también importante en la historia, mujer de carácter, sí.
Me ha gustado este anecdotario del temperamento indómito y lúcido de la actriz.