26 enero 2005

MAR ADENTRO, DE ALEJANDRO AMENABAR .........................................................


Pues siguiendo mi tónica de no estar a la última y ver las cosas (o leerlas) cuando tercia, por fin he visto esta película que, seguro, va a arrasar en los Goya en unos días.
Y hombre, sin llegar a ponerla a la altura (abisal) de otros bluffs de nuestra prestigiosa filmografía reciente, me temo que otra vez tengo que decir que no me ha llenado en absoluto.
No sé si la culpa la tienen los medios de masas, empeñados en que cada año tiene que haber una obra maestra en nuestro cine, que además es trascendente como las tragedias de Shakespeare todas juntas y sumadas, que versa sobre esos temas de indudable altura (tan indudable como facilota, cuando se expone a bocajarro y sin mediar el matiz, esa ciencia tan necesaria) como es el derecho a la muerte digna (y a la vida digna). No se si seré más terco y ciego que una mula, pero me mosquea de antemano escuchar a señores en la radio, en la tele, o en la prensa, que disertan engolados sobre Mar Adentro, sentando cátedra, y esos mismos la semana pasada me intentan vender la moto de, por ejemplo, Estopa. Pienso que hay intereses que nada tienen que ver con el espíritu crítico, si no con la maquinaria publicitaria.
Pero bueno, ante la pantalla pongo la mente en blanco y quiero disfrutar. Y de verdad disfruté. Mucho con Bardén, que está enorme, y con todo el reparto, muy muy bien. Y eso hace bastante, como que me tragué la peli cómodamente, sin resoplar ni mirar la hora.
Así que por la parte positiva, una historia que no aburre, soberbiamente interpretada.

Y por la negativa Amenabar. No porque sea mal director. Desde luego sabe construir una historia, pulsando las teclas que quiere y usando los recursos y sobre todo los trucos que considera necesarios para llevarnos, en un suspiro, por un viaje de más de hora y media. Pero si te fijas un poco ves que esos trucos están dispuestos con demasiada evidencia: No se molesta en esconder el truco, le interesa potenciarlo, para forzar una reacción rápida pero superficial en el espectador. Eso vale en una de terror, donde un grito a tiempo y una banda sonora pueden ciertamente asustarte (y en él es un mérito, Los Otros no necesitaba más para dar yuyu). Pero en un drama, no es suficiente. Es tan obvio el objetivo que persigue cada entrada musical, cada resignada sonrisa, cada frase de guión, cada panorámica del paisaje, que me distrae. Recalca demasiado, pero no profundiza en los personajes. Y eso que el papel de Belén Rueda tiene potencial, pero todo queda en esbozo rápido, no cuaja el sentimiento, sólo se escribe en letras brillantes.
Por eso destacan los apuntes humorísticos, más fáciles que el drama interior de los muchos personajes que pueblan la cinta. El hermano, el sobrino, la cuñada, el marido de la abogado, se desaprovechan y se definen en dos trazos.

Con todo, Amenabar es un excelente relojero, monta su mecano con talento, nos atrapa, te interesa la historia lo suficiente, te ríes o te acongoja (aunque sigo pensando que el mérito aquí es de los actores) y sabe llevarnos cómodos hasta ese último plano del mar; curiosamente, una panorámica de la superficie, nunca de su profundidad, que describe mejor la película que su título.
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Posted by Hello

1 comentario:

Ignacio dijo...

¿Que has tardado en verla? Al paso que voy yo acabaré en el anuncio del hombre desactualizado de jazztel, pues sigo sin verla, sin tener intención de y, ni siquiera de ganas de verla . Y es que los pros y contras que mencionas de esta película los tienes en cada una de sus películas (bueno, los pros en las dos primeras no).

Y es que Amenabar (director, no confundir con Amenabar, persona) parece dispuesto siempre a abrirnos los ojos, a revelarnos la verdad definitiva sobre algo: el cine snuf, la percepción de la realidad, los fantasmas. Pero nunca llega a aportar nada nuevo. Se limita a buscar algo impactante para enseñar como hay que hacerlo, cuando ya ha habido alguien que lo ha hecho; antes y mucho mejor que él.

En Mar Adentro parece seguir una evolución particular como "autor": primero buscando temas supuestamente desconocidos para el gran público, luego enmendando la plana a Shyamalan diciéndole como debe hacerse una película para, finalmente, buscar un tema escandaloso de por sí.