23 julio 2005

LA CASA DE LAS DAGAS VOLADORAS, de Zhang Yimou

















Hero fue, visualmente, una maravilla. Su sentido plástico, su fotografía, valían por el resto de la película. De hecho, no había mucho más que valorar. Yimou ahogó toda pretensión discursiva para ofrecernos una delicatessen para los sentidos.

Y evidentemente vió que la cosa cojeaba. porque esta nueva incursión en el cine de aventuras se salda superando la anterior.

Continúa el sentido de la estética, la fascinación por la imagen. pero no por ello se descuida (se sacrifica, como en Hero) la historia. Historia trágica y shackespeariana (toma palabro), de amor imposible, de engaños, de guerra... historia, esta vez sí, maravillosa.

Un apunte que destaca la sabiduría de Yimou tras la cámara: contrástese el tono, mágico, sutil, leve y coreográfico de todas las peleas, con el duelo final entre los dos guerreros, violento, planificado a hachazos, sangriento y visceral, donde los cuerpos lejos de volar pesan, y donde los colores se desintegran en una nieve premonitoria, simbólica..

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1 comentario:

yahel dijo...

yooooo, es que no acabo de entrar en la estética oriental, y la película en sí me gustó, pero me resultó demasiado lenta...en fin, todavía me aburrió mas que la de Tigre y Dragón, así q reconozco mi mas profunda incomprensión de este estilo de cine. A lo mejor en otro momento, en otro año...