21 julio 2005

PERSÉPOLIS, de Marjane Satrapi.
Al hilo de la salida hoy y mañana de los dos primeros volúmenes de Persépolis, y como esos son, precisamente, los dos que yo me leí en su día, rompo una regla autoimpuesta con la obra de Marjane Satrapi; me había decidido a no hablar aquí de la excelente selección de tebeos que el País brinda a sus lectores, a riesgo de volverme loco o simplemente de acabar hasta los mismos, pues hablamos de un coleccionable de más de 30 tebeos, ninguno desdeñable.
Pero Persépolis es especial, en tanto que será una revelación para todo el no iniciado en esto de los tebeos.
Hace tiempo me comentaba una buena amiga (quizás me lea, desde Daroca) que no le gustaban los cómics, por infantiles, o sexistas, o violentos.
Pues le recomiendo Persépolis.
Aquí Satrapi narra una autobiografía de esas que son realmente necesarias, interesantes y didácticas, y lo hace con un estilo donde sencillo es lo opuesto a simple. Su dibujo es sencillo, infantil, limpio, acaso torpe. Nunca simple. Expresivo, poético, delicado, espontáneo. Jamás "malo".
Su vida es la de una familia progresista en el convulso Irán de los setenta.
El relato autobiográfico se cuenta desde la perspectiva de la niña que entonces era.
Satrapi no es una maestra del cómic. Su estilo titubea y se ve demasiado influido por el genial David B. y la nueva BD francesa (BD,de Banda Diseñada, nombre franchute a los tebeos).
Pero su obra destila verdad y emoción como pocas.
Corred, la edición de El País es mucho más barata que la original (que, por cierto, se completa con cuatro volúmenes, de los que El País sólo editará los dos primeros).
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