31 julio 2005

RUBIA DE VERANO, de Adrian Tomine.


De los diversos caminos que el cómic ha tomado en los últimos quince años, posiblemente las historietas surgidas del cómic alternativo sean las más afortunadas, o cuanto menos, las que a mí más me interesan.
No es oro todo lo que reluce, naturalmente, pero las premisas de esa forma de entender el arte que en los noventa se englobó bajo la etiqueta de independiente son, a priori, las más interesantes: Hablamos de obras surgidas al margen de intereses industriales, que se mueven por necesidades artísticas, autorales, antes que por el factor ventas; de cómics donde se transparenta una forma de ver el mundo, un mundo interior.
Entre la autobiografía, el costumbrismo, la observación descreída de lo que nos rodea o la terapia confesional, autores como Seth, Ware, Burns o Clowes han parido obras fundamentales, personales y claramente adultas, donde por tal no se entiende acumlación de violencia, sexo gratuito y provocación gratuita, sino profundidad, reflexión y emoción.
Adrian Tomine puede muy bien ser el paradigma definitivo de esta corriente:
Jovencísimo, con los veinte recién cumplidos, sus cómics mostraron una madurez asombrosa, un retrato de jóvenes desorientados, grises, vacíos. Son protagonistas anodinos captados en un flash, en relatos, nunca historias, donde nada empieza ni termina, en una deconstrucción de la norma tópica de desarrollo-nudo-desenlace, dicen que a la manera de la moderna narrativa americana (Carver a la cabeza, si alguien lo ha leído, que compare y ya me dirá).
"Rubia de Verano" reúne cuatro cuentos de tacto gélido, de personajes grises y patéticos, de vidas anodinas y fondo miserable, retratadas con una mirada distanciada (Tomine no juzga), y de retrogusto agrio y perdurable (cada cuento se deposita en tu cabeza, hurga ahí dentro y no se diluye), para certificar que en esta sociedad del bienestar algo tiene que ir (muy) mal.
Todo con un exquisito gusto por la elipsis, por contar sugiriendo (fijaos en la maravillosa portada, leedla atentamente), por capturar diálogos naturalistas, por ser literario sin entorpecer con ello la fluidez y expresividad de la narrativa gráfica (a la postre, verdadero, intrasferible lenguaje del cómic).
Por ser uno de los mejores autores de los últimos años.
Y este, de los mejores tebeos (y a buen precio) que te podrás leer este año.
Quiero más Tomine.
(((((

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