22 agosto 2005

SIN CITY: EL CÓMIC Y LA PELÍCULA.

Sin City es, sin duda, la obra más personal de Frank Miller, autor de cómics que deslumbró a principios de los ochenta con su etapa en la serie Daredevil. No era un gran dibujante, pero sí un narrador soberbio, escuela Will Eisner (época de Spirit), con cosas que contar.
Tras esto, su carrera ha sido una fuga adelante en la búsqueda de nuevas soluciones narrativas, y en la depuración de lo que sería su mundo personal, autoral, llegando a una cima insuperable (Batman, el Regreso del Señor de la Noche), un salto al vacío experimental (la delirante Electra Asesina, en colaboración del pictórico Sienkiewikz), una despiadada reconstrucción del (super)héroe (Daredevil Born Again, con Mazzuchelli) y un ejercicio de estilo magistral (Batman Año Uno, con lápices, nuevamente, de Mazzuchelli).
Y entonces abandonó (o casi) el subgénero de los superhéroes para tocar otros palos, como la ciencia ficción o, caso que nos ocupa, la serie negra vertiente dura.
Sin City constituye así un ejercicio de estilo, la recreación según Miller de todos los tópicos del noir, tanto literario como cinematográfico. Su nueva criatura desprecia el verismo de obras precedentes y escupe diálogos y monólogos que son puro cliché, en boca de personajes planos, esenciales, envueltos en tramas de crímenes y corrupción.
En el fondo Miller hace parábolas, y Sin City es la más arriesgada de todas. Todo es esquemático, simple, para retratar no a un héroe, sino al Héroe, esencial, abstracto.
Miller, nos damos ahora más cuenta que nunca, usa los géneros para destilar su idea de lo heroico. Sus personajes, tarados, viejos, imperfectos, guardan un ideal moral en un mundo, una ciudad del pecado, amoral e inmoral. El Héroe tiene la verdad, y cuando le sacude la historia (que no es si no una prueba a su ética) sabe que debe ser consecuente con su idea de la virtud incluso hasta el sacrificio personal. Porque en él yace la verdad, la pureza, la salvación real, final.
No es de extrañar que en este camino a la depuración, a la abstracción, de la trama y el argumento a la idea y el concepto, Miller llegue a lo que se supone será un próximo trabajo en viñetas: “Jesús!” –de Nazaret, se entiende.

Esta idea, no obstante, no ha sido ejecutada siempre con iguales resultados, y en según que entregas se ve cansancio, repetición. Destacan la primera("Sin City: El duro adios") y “Ese cobarde bastardo”. Son las más logradas y las más puras.

En los aspectos formales, Miller es un consumado genio; domina los recursos del cómic de un modo que se diría innato, y sabe jugar con ellos, reinventándolos a su antojo. En este sentido su dominio del blanco y negro, bestial, asombra en su calculado efectismo. Y su diseño de página es tremendo, optando (algo inaudito en su obra precedente) por pocas viñetas por página, conduciendo la velocidad de lectura (leedlo y preguntaros cómo a veces voláis sobre varias escenas y otras os detenéis en una única viñeta) como pocos autores consiguen. Realmente es en este dominio del arte de narrar en imágenes donde Miller siempre gana la partida, hasta en sus trabajos más flojos, lo que hace que acercarse a su obra nunca es tiempo perdido. No del todo. Por flojo que sea el argumento, por cansino que se vea al autor, siempre, en algún momento, brilla el mago.

…y llegamos a la película, hecha por Rodríguez y el propio Miller.
El cine de Robert Rodríguez me parece un cero a la izquierda, así que tengo que pensar que en este proyecto los logros se deben al genio del autor de cómics, y que el chicano aporta conocimientos técnicos.
Porque Sin City funcionas pese a fallos como el constante fondo musical y el agotador empleo de la voz en off (lo que en viñetas es ejercicio de estilo literario aquí resulta plomizo y accesorio). No es una versión de un tebeo, sino la exacta plasmación, imagen por imagen, texto por texto, de cuatro historias de sin City, intercaladas al modo tarantiniano, respetando, mejor aún, logrando, las imposibles texturas del tebeo original.
Los actores están en su sitio, muchas veces bajo el maquillaje y el látex, y la técnica permite reflejar ese mundo de contrastes absolutos en blanco y negro con circunstanciales toques de color) lluvia blanca y tejados sin fin que Miller dibuja, se diría que a hachazos.
Un ejercicio de metalenguaje, donde el cine quiere ser un eco de otro medio, subyugándose a aquel, con una estética irreal, con un uso (tan raro en el cine de hoy) de planos fijos y prolongados, y donde los movimientos de cámara son enfáticos o separan escenas (a la manera de las grandes viñetas en el cómic, que llenan páginas enteras separando escenas).
Y, por supuesto, Sin City, la peli, es la misma parábola sobre el Héroe, contada a lo bestia (Pulp Fiction se diría Bambi en comparación), en un envoltorio casual, de violencia extrema y sexismo.
Pero nosotros, chic@s list@s, sabemos leer entre líneas, por molestas que éstas sean a priori ¿verdad?.
Peli: ·····

1 comentario:

El Nota dijo...

Una vez vista coincido bastante contigo. Yo añadiría el detalle de que se me hizo algo larga debido, sobre todo, al hecho de contarse las tres historias secuencialmente en lugar de entrelazarlas. Aparecen tres clímax diferentes después de los cuales el espectador tiene que realizar el esfuerzo de empezar otra historia cuando ya esperaba el final. Salí del cine pensando que si hubieran hecho una serie de TV en lugar de una película el resultado habría sido más satisfactorio.

También se le va la mano a Rodriguez en la elección de planos. Hay unos cuantos, bastantes, que funcionan muy bien en el tebeo, pero quedan horribles en la pantalla (cf. cada vez que aparece una de las prostitutas del barrio viejo sosteniendo un arma; dan grima). Querer mantenerlos exactamente igual que en el tebeo no creo que fuese una buena elección.

Y bastantes actuaciones (Rosario Dawson, Nicky Katt -Stuka-, Brittany Murphy -Shelley-...) dan pena. En cambio sorprende la de Powers Boothe como el Senador Roark en el Cobarde Bastardo. Muy contenida, cuando la escena es muy apropiada para más histrionismo o imitación de De Niro. Y no sé por qué, pero también me gustó mucho la de Benicio del Toro.

Y el doblaje es bastante deleznable, pero no es culpa de ellos. Coincido con tu puntuación del 3 sobre 5.