15 septiembre 2005

KANE, de Paul Grist (Ed. Dolmen) .........................................................

Justo hoy, y en vez de una siesta del carnero, he terminado de leerme el primer volumen (ya se han publicado cuatro, creo) del cómic Kane, de Paul Grist.
En él, el autor nos narra las aventuras de una comisaría de policía, centrado su reparto en el protagonista que da título a la serie, poli mal visto en su entorno por matar a un compañero. Dejémoslo ahí, y no destripemos más.
La verdad es que no me parece que la obra, pese a indudables atractivos, termine de funcionar. Y es una pena, porque aquí hay maneras y la obra es potencialmente (intencionadamente, también) un tebeo de género policíaco de consumo generalista. Vamos, que le puede gustar a cualquiera. Y digo además que me parece fabuloso, que en ese caso estará consumiendo un cómic inteligente, agradable, simpático, digno. Y si arrasa, y vende más que las novelas de Pérez Reverte, pues qué bien.
Pero si me pongo en plan devorador de tebeos, lector compulsivo y que un poquito de esto pues voy conociendo, no puedo apartar la vista de sus numerosas deficiencias. Porque en Kane cada posibilidad se torna un hándicap, una dificultad, un tropiezo. Por ejemplo, Kane es un catálogo de imaginativos recursos de cómic, y a veces –pocas-fenomenalmente empleados (así las escenas en pasado, que se insertan para explicar las circunstancias del protagonista, no se explican más que estrechando el espacio de las viñetas, que pasan a ocupar un 80% de la página en vez del 100%), pero en general el vaivén de recursos, de “trucos”, no se justifica narrativamente, si no que parece buscar el asombro en el lector, un ardid poco fino para mantener la atención, pero que no aporta más al relato que una salsita, un adorno, un birlibirloque. Qué diferente de los maestros, los Eisner, los Miller, los David B, donde cada recurso gráfico se sostiene como un elemento modulador en el relato, un algo imprescindible.
Además, los plagios/homenajes/parodias de Kane con el mentado Frank Miller son cuanto menos inútiles, sin gracia, y no aportan nada. Bueno, sí. Las parodias, los recursos gratuitos (muy bien empleados, sí, pero vanos de contenido) logran alejarme de lo leído, me aburro con unos personajes que apenas están caracterizados, con unas historias que no me dicen gran cosa y con un universo que en vez de afianzarse, va diluyéndose página a página. Cada vez que me despistan con, por ejemplo, un narrador en off, o una historia contada en cámara subjetiva desde el punto de vista de quien la vive, más me canso en separar la hojarasca de efectos para centrarme en la trama.
Pero, no quiero dejar de resaltarlo, Kane no es un desastre. En sorbos cortos, es agradable y los recursos, tan cambiantes, pueden hasta sorprender. De hecho, pienso que de publicarlo en su formato original, tebeo de 24 páginas mensual (bueno, juraría que en origen era así), funciona mejor. El autor hace preciosas composiciones de página, domina el tempo (desde las escenas en pausa hasta las de acción), no es mal dialoguista, y, en fin, sin pedirle peras al olmo, entretiene y hasta te echas unas risas (ese villano siempre disfrazado de conejo…).


Vamos, que sin ponernos exquisitos, y más por su precio (206 páginas por 9 €), pues está decente. Además, por fallida que sea, toda historieta que advierta al lector de los muchos recursos que el 9º arte posee para contar, pues tiene un punto positivo.

(((((

3 comentarios:

El Nota dijo...

Devuelvemelo inmediatamente...
Habrase visto.
:)

Señor Punch dijo...

jejeje...
Pronto te devolveré un buen saco de cosas tuyas, descuida
Aunque estoy pensando en releer, con más calma todavía, este Kane, por si antiposteo este post, o algo.
:)
Es broma.

El Nota dijo...

Claro, ¿así como quieres que se te contradiga? Secuestras mi ejemplar y soy yo el que no puede revisarlo para replicar. :)