05 septiembre 2005

LOS TEJEDORES DE CABELLOS, de Andreas Eschbach (Ed Bibliópolis).

Decía cuando comencé esta bitácora que la literatura no iba a aparecer por este blog. O no muy a menudo. No tanto por no leer (que leo menos de lo debido, todo sea confesado) como por el hecho de que a menudo me decanto por lo fácil (clásicos) o por el libro de ensayo. Y ya me diréis qué hago yo hablando en este pequeño rincón de la red de redes de Voltaire o de una Historia del Cine, por ejemplo.
Pero, en fin, la puerta siempre está abierta por si la ocasión pinta adecuada…y al acabar “Los tejedores de cabellos”, de Andreas Eschbach, me apetece comentaros.
Dejo claro que no soy lector asiduo de la ciencia ficción: cierto que algo he leído (Bradbury, Stapledon, Phillip K. Dick, Asimov…). Pero salvo excepciones suele dejarme frío. Encuentro que los autores descuidan la forma, el estilo (generalmente directo y sencillo) para centrarse en el contenido, casi siempre “cinético” (pasan cosas, físicamente, pero no encuentro introspección, alma, concentrado el autor en explicarnos su universo a través de una historia). Hay claras excepciones, la más notable, “Crónicas Marcianas”, maravillosa. Y seguro que hay mucha literatura de ciencia ficción que contradice mis impresiones, nacidas, sin duda, del relativo desconocimiento del género.
Pues “Los tejedores de cabellos” va a ser una de ellas. Porque esta novela, con participar de todos y cada uno de los tics citados, se termina con una sensación de plenitud, con la cabeza desbordada de sensaciones, propia de la buena literatura, esa que va más allá de la lectura ligera para trascender y quedarse dentro.
Y repito que Eschbach utiliza todos los tópicos de lo que se entiende por space ópera: mundos ignotos, civilizaciones espaciales, sagas que se remontan miles de años y se desperdigan por el infinito espacio… todo contado con una prosa ágil, directa, pero al tiempo lírica, melancólica y agria. Sobre todo agria. Porque “Los tejedores de cabellos” nos describe una civilización decadente, un mundo basado en la labor, sagrada, de tejer alfombras con cabellos humanos. Un hombre, una vida, una alfombra que una vez finalizada se mandará a través de los cielos al palacio del Emperador, divino, inmortal. Dedicación ciega, fútil, irracional, de una civilización sumida en la mansedumbre y adoración a un líder distante, invisible, y en realidad, extinto, muerto y derrocado.
Esta crónica del amargo sin sentido de un fervor ciego, convertido en religión de planetas enteros, se nos cuenta, se nos desgrana en relatos breves, independientes pero al tiempo ligados entre sí formando un todo orgánico y a la postre circular.
Una novela, en fin, que se lee de un tirón (no fue el caso, por circunstancias que no vienen al caso), que asombra en su colosalismo desde relatos de gentes pequeñas, avocadas al dolor, crónica de una civilización que refleja una crítica implacable de Andreas Eschbach hacia su propio pueblo (Alemania, claro) capaz, como los tejedores de alfombras, de seguir con fervor a un líder por imposible que este sea, por terrible que lo vea el resto del mundo. Una alegoría, al fin, de la vida. Un reflejo terrible y descorazonador de lo peor de nosotros mismos, escrito, cierto, con ese estilo afín al género, algo plano y poco "literario", pero esta vez rebosando emoción y lirismo.
Y al acabar, esa sensación: la cabeza, el corazón, en run run. Como debe ser.
Por cierto, portada bien fea.
***** (diría tres estrellas y media, pero no se me ocurre cómo dibujarlas. Se aceptan ideas)

1 comentario:

El Nota dijo...

Interesante. Abrá que echarle un vistazo.
¿Aparte de la portada, qué tal está la edición?

Sobre las estrellas, como no te pases a un sistema numérico o con imágenes, difícil solución le veo. Yo haría como en el colegio: insuficiente, aprobado, bien...