16 octubre 2005

Código 46, de Michael Winterbottom.......................
Código 46 avanza con suavidad. Lentamente, Winterbottom nos despliega un futuro tecnológicamente cercano, una sociedad que avanza las posibilidades que plantea nuestro presente, afirmando para el futuro lo que hoy son dudas. Es un futuro frío, gris, donde el placer de la experiencia (el viaje, la huída,el sexo...) está rígidamente controlado, de un modo se diría totalitario. Por eso sus personajes, hundidos en lo que podríamos llamar una nueva Moral Neogenética, viven encerrados en sí mismos, desapasionados.
Es un futuro que no nos es presentado, más bien se va desvelando poco a poco, en las actuaciones de sus protagonistas, en sus movimientos y las causas de éstos. Un mundo retratado con una fotografía donde prima la profundidad de campo y las líneas de perspectiva claramente definidas, como simbolizando ese deseo de huír, de escapar, que generalmente es negado.
Con su dirección fría, su banda sonora ambiental, su magnífica fotografía y sus interpretaciones desapasionadas, Código 46 refleja un futuro a medio camino de Blade Runner, Gattaca, y una pesadilla burocrática, inorgánica, de metacrilato. Y al final recibimos una única moraleja: Sólo desde el amor y la pasión, sólo desde la sinrazón de los sentimientos, volveremos a ser plenos y realmente felices (servido, que conste, no necesariamente desde un Happy End hollywoodiense...a lo mejor -jeje, vamos... que no os quiero destripar nada-). La sociedad del bienestar llevada a sus últimas consecuencias terminará convirtiéndonos en estériles cascarones viviendo fachadas burguesas, como la familia y buena posición de William (Tim Robbins).
No estamos, no obstante, ante cine redondo (de ese que hay poco). El aire premeditadamente trascendente no siempre ayuda (de hecho puede distanciar), y el director parece recrearse en las imágenes, como si supiera que está marcando estilo fílmico. Mejor, como si se lo creyera (entre estar convencido y que así sea, media un trecho). Así hay, junto a imágenes realmente hermosas, escenas planificadas desde la autocomplacencia (como los encuentros sexuales o el baile, en principio sensual, finalmente aburrido, de María en la discoteca). Tampoco se muestra demasiado valiente el director al abordar una idea en principio sujerente: la globalización se manifiesta en este futuro en el empleo de todas las lenguas en muletillas desperdigadas aquí y allá de inglés (imagino que, en el original, castellano), italiano, árabe...¡hasta Agur, se dicen!. Pero el hallazgo queda en adorno floral, pues lo lógico, lo valiente al menos, sería construir una película enteramente políglota y avocada a ser editada con subtítulos. Eso daría un acabado radical y fascinante a ese futuro cercano, derivado directamente de nuestro presente.
Son algunos peros, que por supuesto no empañan las excelencias de Código 46, película que va a quedar como un puntal más que interesante dentro de la historia del género de la Ci-Fi.´
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(buenooo lo que he descubierto...¡iconos!...voy a cambiar todas las estrellitas de todas las entradas PERO YA)

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