02 noviembre 2005

ANTONY AND THE JOHNSONS: I am a Bird Now.................
Joaquín Luqui diría que "tú lo sabías, yo lo sabía...será 3, 2 ó 1!!!!!!"
Vale, seamos serios y digamos que en una porra sobre quién se va a comer el mundo de aquí a unos meses, Antony and the Johnsons tiene las de ganar. Su impresionante voz ya se empieza a filtrar en el Nuevo Vehículo Cultural de los mass-media: la publi.
Sí, estos días se puede escuchar la música de Anthony en un anuncio de una película ("La Vida Secreta de las Palabras", de Isabel Coixet, con Tim Robbins..supongo que será su banda sonora), en cortinillas de radio, y auguro que en anuncios y, en un tiempo prudencial, en los 40 Principalísimos (sin prisas, que la radiofórmula va a su ritmo...quizá convenga reeditar su último disco, de este mismo 2005, con algún temita extra). Y no me extraña, dado el hipnótico efecto que puede tener su trémula voz de tenor (o castrati, según), y su androginia, tan del gusto de la escandalera "soft" (recordemos a Boy George, un antecedente políticamente correcto de Anthony), que este homosexual romántico y decadente termine llevandose el gato al agua.
Curtido en el submundo de la marginalidad neoyorkina, el inglés parece nacido para esta música afectada y ampulosa, tan deudora del cabaret europeo como del soul negro, tan exquisita en sus arreglos clasicistas como despendolada en la afectación de su interpretación.
Y por encima de todo, más allá de cualquier pero (en principio este estilo grandilocuente e impostado no tendría que convencerme), se impone su timbre excepcional que navega entre la ópera y Nina Simone, trémulo, fragil y doliente. Impresionante.
La primera vez que lo escuché fue como invitado en un tema de Rufus Wainright (ojo con él, recomendación sin reservas), y ya te noquea. Quieres más, quieres un disco entero, un disco de él. Y ese disco puede ser este "I am Bird Now", donde se deja arropar por invitados ilustres (Devendra Banhart, el mentado Rufus), famosos (Boy George) y legendarios (Lou Reed) para rematar un disco que responde a las espectativas: romántico, decadente, abarrotado y exquisito.
En fin, que se ve, se siente. Sólo necesita almibarar un poco su repertorio, bajar los octanos de dramatismo y reforzar su cancionero con melodías chispeantes... y que se hechen a temblar los cantantes melódicos del mundo entero, que se va a comer el mercado él solito. Y yo me alegraré.
UUUUU

1 comentario:

carlos dijo...

pues a mí ya me cansa. y esa foto me recuerda a la bjork de la hora chanante.