26 noviembre 2005

LA BELLA Y LA BESTIA, Jean Cocteau, 1946.
Hace unas semanas Garci nos regalaba esta cinta, y como siempre que media el vídeo, he tardado lo mío en recuperarla...pero más vale tarde que nunca, y la experiencia ha valido la pena. Mucho. Sólo espero que, si no la visteis, os tiente a buscarla... lo que no sé si es fácil, si se puede encontrar editada en DVD, o algo. Desde luego, vale la pena.
Comienza La Bella y la Bestia desde el artificio: Es el propio Cocteau quien, tiza en ristre y sobre un encerado de pizarra, va garabateando los títulos de crédito, con la complicidad de sus actores. Despues, claqueta y acción, y nuevamente la voz del director detiene el "rodaje" para insertar un texto, lírica invitación a abandonar la realidad, a dejar salir al niño interior, a embelesarnos por el cuento y su magia.
Esta premisa es fundamental para entender las intenciones poéticas y estilizadas de esta película, una de las más bellas puertas a lo maravilloso que he tenido oportunidad de ver en pantalla (o para el caso la tele). Todo en la Bella y la Bestia ronda esta suspensión de realidad, este estado de ensueño y duermevela tan afín a la querencia surrealista de Cocteau, autor total, renacentista, tan director como poeta, pintor, músico o escenógrafo, pero que en este film encuentra el vehículo que aúne en una todas las artes.
La fotografía, la maravillosa y onírica escenografía, la dirección de actores, la música...todo invita a cruzar el espejo, y en verdad que La Bella y la Bestia te obliga a hacerlo, a asombrarte y a empaparte de la sencilla moraleja del film, el tópico de la belleza interior (inciso: no he podido evitar acordarme, no pocas veces, de El Hombre Elefante de Lynch al ver la cinta de Cocteau, de larga sombra, ciertamente).

Para apreciar la maestría de la dirección sólo hay que contrastar la forma de entrar en el castillo de la Bestia de dos personajes diferentes, un mismo motivo argumental (el de la entrada en el mundo mágico) resueltas desde dos opuestos:
El padre de Bella ve en ese castillo un mundo de oscuras amenazas, los travellings, silenciosos y amenazantes, pasan del actor aterrado a los ominosos pasillos de mágicos candelabros, separa ambos en un elegante movimiento de cámara y con empleo de sonido diegético (la campana de un reloj suena amenazante).
La irrución de Bella, muy al contrario, es rodada en planos generales que la integran en ese mismo castillo, y todo, gobernado por una música de ensueño, se rueda al ralentí, a cámara lenta, lo que refuerza esa sensación de integrarse en un espacio de maravillas más que de horrores.
No es el único ejemplo de aciertos, del exquisito buen estilo de Cocteau, pero los demás los dejo a vuestro personal disfrute de este clásico del Fantastique europeo, porque merece la pena: Hay que ver esas interpretaciones levemente envaradas, estilizadas. Hay que asombrarse con su fotografía de contrastes lumínicos tan caros al expresionismo, con sus imágenes turbadoras, propias del subconsciente, con su sencilla forma de transportarnos a otra realidad tan ajena al vacío de los efectos digitales del cine de hoy.
Hay que ver La Bella y la Bestia.

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2 comentarios:

fnaranjo dijo...

Pues, si no me equivoco, hay una edición en esa colección que edita la FNAC. Una colección en la que están Bresson y Kitano y Jarmush y Fassbinder, entre otros...

Yo aún no la he podido ver. (Bueno, la recuerdo de hace muchos años... y me dejó hechizado, entonces. A ver si recupero la cinta, que también yo, con las grabaciones, soy de los lentos...)

Señor Punch dijo...

pues no, no te equivocas, la tienen. Es más, busco por otros proveedores de cine en DVD en la red, incluido El Sablazo Británico (digo, El Corte Inglés) y nadie la parece tener, salvo ese templo de perdición que es la Fnac, un reino del que no se puede salir sin algo más en la mano y algo menos en la cartera ;)