19 diciembre 2005

EL FOTÓGRAFO 1, de Guibert, Lemercier y Lefèvre (Ed. Glenat)
En 1986 el fotógrafo francés Didier Lefèvre parte de París y se une a a un grupo de Médicos Sin Fronteras que presta sus servicios en el conflicto afgano / soviético. Fué así, y el fotógrafo se convirtió en testigo y documentalista de unos hechos que a nosotros, en nuestros palacios de cristal, nos mueven al respeto y a la reverencia: Médicos Sin Fronteras, el nombre, suscita por sí sólo sentimientos de admiración e interés, por lo que significa su labor, por la luz que aporta para entender un mundo en el que unos cuantos somos los privilegiados. Los señoritos.
Guibert es un historietista a quien diría le es afín trabajar sobre experiencias ajenas (ya lo hizo en La Guerra de Alan, obra que, todo sea dicho, no he leído), y en El Fotógrafo (2003), en estrecha colaboración con Lefèvre, lleva a las viñetas las vivencias afganas del fotógrafo francés, convirtiéndose en cronista de unos hechos verídicos y fascinantes.
Vale, eso ya es un motivo para comprar este tebeo, su tema es actual, y atractivo.
El otro, es la impactante combinación que propone al incluir las instantáneas entremezcladas con las viñetas. El efecto inmediato resulta impactante merced no solamente al hipnótico contraste (haced la prueba, acercaros a la librería y hojeadlo sin más), también por el fabuloso diseño de cada página, el cuidado en el montaje del material fotográfico y cómo combina con las viñetas y los bloques de texto.
Pero definitivamente lo que me mueve a recomendar este tebeo sin reservas es su calidad como historieta, su resolución a la hora de aportar nuevas vías (no abunda el Tebeo Documental) y soluciones atrevidas. Porque resulta fascinante el contraste entre la imagen captada (la fotografía) y la imagen narrativa (la narración de los hechos -hechos que contemplamos en las fotos- en sucesión de viñetas...en historieta, pues) y ese juego de espejos dialoga con la sustancia del noveno arte, y con la esencia del octavo, con una hondura encomiable.
Resulta fascinante comprobar cómo la fotografia es efectivamente testimonio, pero en su quieta presencia reclama de la ayuda de esas viñetas de trazos sencillos, donde el dibujo, realista en su base, se lleva a extremos de sencillez, de esencia, realmente sorprendentes. Y son las viñetas las que definitivamente nos transportan a la realidad de lo narrado. Porque ese es el gobierno de la historieta, la narrativa, la evocación de una historia a través de imágenes. Los colores, las numeosas escenas desprovistas de fondos (y siempre en contraste con la misma escena en fotografía...insisto en la fascinación del juego de espejos), los textos de apoyo que se convierten en un tercer vértice (foto, cómic, y literatura)... al final te das cuanta de que El Fotógrafo, además de contar una historia verídica e impactante, es un diálogo con el lector donde se pone en liza la esencia de las artes, lo que de diferentes tienen y cómo pueden resultar complementarias si se comprenden sus diversas particularidades y esencias.
Ya hay dos tomos en la calle de un total, creo, de tres. El segundo me espera impaciente para ser devorado. seguro que no me defrauda.
(((((

1 comentario:

珊珊李 dijo...
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