02 diciembre 2005

LA TORRE BLANCA, Auladell

Pablo Auladell es uno de nuestros autores presentes que está consiguiendo, con Durán o Valenzuela, hacer de la escena tebeística patria un panorama sólido y esperanzador. Sin llegar a la rotunda confirmación de los otros dos citados (autores, cada uno en su estilo, que recomiendo, si bien apenas los he picoteado, si comparo lo leído con su ingente producción), sus trabajos van abriéndose entre claras influencias hacia un espacio de lirismo personal.
La Torre Blanca es un canto a lo sensual, una aproximación, mediante colores, trazos, y narrativa reposada, a un mundo de vivencias, aromas, calores juveniles y recuerdos difusos, un tapiz sobre el que se desgrana una historia sencilla, breve y muy común, un retorno a un momento y un lugar por parte de un adulto que busca reencontrar esa felicidad, ese unicornio, símbolo de lo que se busca, de lo que se desea y nunca se puede aprehender...pues a la postre es una quimera, un imposible que se fue, se perdió entre los pliegues de la vida.
Hay que detenerse en las viñetas y en los detalles de este tebeo para sentirlo como propio, y no es dificil impregnar los sentidos de lo que sus tintas y acuarelas (supongo que son acuarleas, diría, vamos) nos ofrecen, como un frutero repleto y cercano, que inunda suavemente de color y aromas.
Así, mágicas, son las páginas de La torre blanca, y sólo por eso se perdona al autor el tono, acaso pedante, quizá simplemente intelectual, así como las clarísimas referencias a la plástica de Castells o Dave McKean o a los tonos de la narrativa de Neil Gaiman. No obstante, y vista su anterior El camino del titiritero, esas influencias son cada vez mejor asumidas... Auladell crece, es autor en formación, y por ello puede darnos obras aún mayores. Por personalidad (aún en pulido) y hondura (evitando el peligro del amaneramiento, que a veces asoma).
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