29 septiembre 2005


el flash: cosas que no, y otras que sí.
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O cosas que finalmente no pude ver, y lecturas terminadas.
Pues me temo que de la fábrica de Chocolate no pudo ser. Prioridades.
Por otro lado, he terminado de leer el nuevo tomo de Los Invisibles...si hacéis clik, ya os llevo, de la manita, a la vieja entrada que dejé escrita sobre este tebeo. De nada. La nueva tanda va muy bien, con un magnífico dibujo y una trama igual de desquiciada, pero donde los personajes, sus relaciones y sentimientos, empiezan a tener peso. Os dejo una postal del grupo. Tipos molones.

28 septiembre 2005


el flash: la portada del nuevo Astérix
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A ver...yo diría que, entre estas dos imágenes, hay un algo... (Por cierto, la portada del nuevo, la "tomé prestada" de "La Carcel de Papel"...si queréis estar al tanto de esto de las viñetas, blog necesario)

27 septiembre 2005


el flash
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Pues comienza aquí, con alevosía y en cursivas, una sección que espero me saque de diversos atolladeros. El principal, dar una cierta regularidad al blog, la segunda, publicitar más mis pequeños vicios. No es más que un anuncio de lo que quizá, con el tiempo, caiga por acá en detalle. Una aproximación rápida, más diario que bitácora, un censo a vuelapluma.

Así, les diré que en los retales de tiempo libre que se tienen he conseguido acabar un fabuloso clásico del cine negro: Al Rojo Vivo.

Por no dejar lo catódico, os aviso que espero poder divagar con más calma sobre la que me ha parecido la mejor serie de televisión que conozco. No, no es la de la isla, ni la venezolana esa que está en todas las conversas. Por no ser, ni es ese nuevo culebrón que ayer estrenó la uno, el de la república y lo que venga (que veré, pues la hora es tonta y el drama breve, media hora).

¿Saben ya de qué serie hablo? Va, una pista (muy buena, muy facil, para tontitos, vamos... nada personal)

Facil, sí. Soy bueno, porque es la primera.
Pues también confieso que, tras acabar su primera temporada, Andamos en casa atacando otra potencial joya. Si con los capítulos venideros cumple, tendré que dar cuenta, sí señor.Supongo que es conocida de muchos. Para nosotros, con sólo dos capítulos vistos, es un mundo por descubrir.
Y sólo, para acabar, aventuro que si se puede, y para desatascar de una semana loca, monjil, clausural, se intentará ver otra peli, esta en el cine, cine, de veras, aquí en la bella villa, les dejo la foto:
Oooops, que no era ésta...
era ésta:
Ya para despues... algo diremos, seguro.
Y por hoy lo dejo y me despido. Otro día, más. Lecturas, y cosas que dejo en el tintero. Hoy cierro, con un vino tinto, una cena colestérica (si tal palabro existe) patatas de sobre incluidas (lástima que no sean las Sorianas, Gran Producto) y sonando de fondo Rufus Wainright. Con estilo, con carisma.
Para lo que quieran, escriban en los comentarios (como siempre, ja ja...)

23 septiembre 2005

BOB MOULD, "Body Of Sound".............................................................................
Raro sería que la vuelta de Bob Mould no fuera algo a celebrar, después de todo Mould no es un cualquiera y su carrera lo avala como valor seguro: En los últimos setenta funda con Grant Hart Hüsker Dü, banda imprescindible para entender el hardcore y el indie rock de los ochenta y noventa. A finales de los ochenta el barco se hunde, y edita un par de discos en solitario que no defraudan (de ellos, conozco Worckboock, totalmente recomendable), para de nuevo refugiar su inquietud en el formato de Power-trío. Con Sugar por primera vez huele el éxito (indie) y reactiva la estética de los últimos Dü: melodías relampagueantes y saturación eléctrica. Sin esta impronta, que él mismo crea, no podríamos hablar hoy de Pixies, Nirvana, Yo la Tengo, Los Planetas o Sexy Sadie ni de esa forma de entender el rock, melodía + ruido, que ha proliferado en los ochenta y noventa.
Pero Sugar duran poco, otra vez Mould, eterno insatisfecho, disuelve su banda y se refugia en el formato Solista. Y hasta hoy. Hasta este Body of Song. Bonito título, “cuerpo de canción”, que nos habla de esa habilidad que tiene el de Washington para hacer canciones redondas, perfectas, rebosantes de ímpetu (casi me tienta escribir “juvenil”… y sí, Bob Mould, pese a ser ya un señor cuarentón, mantiene en su cancionero esa fuerza que da la urgencia adolescente). Y su nuevo trabajo, tras un Modulate orientado al tecno-disco-rock, vuelve a insistir en sus señas de identidad: esto es; rock bien tensado, clásico, redondo y apasionado.
Abre "Cyrcles", un medio tiempo que termina en un cañonazo de guitarras recias y estrofas perfectas, preludio de un ramo de temas marca de la casa, resurrección del espíritu de Sugar. Y hay más: "Always Tomorrow" es extraña y espesa, "Light Love Hope" mira a su pasado inmediato, vuelve a la discoteca rock con ritmos bailables y sonidos sintetizados, "Days of rain" es una balada perfecta, emocionante, y "Underneath" days retoma su vena más correosa.
En fin, Mould ofrece un trabajo que no va a sorprender (mucho menos a sus seguidores) pero que jamás defrauda, un discazo de rock donde, frente a tantos ejemplos que tenemos de Dinosaurios cansados, demuestra que tras más de veinte años en ésto se pueden facturar discos emocionantes y vibrantes que te permitan mantener a tus viejos ídolos entre tus favoritos.
VVVVV

15 septiembre 2005

KANE, de Paul Grist (Ed. Dolmen) .........................................................

Justo hoy, y en vez de una siesta del carnero, he terminado de leerme el primer volumen (ya se han publicado cuatro, creo) del cómic Kane, de Paul Grist.
En él, el autor nos narra las aventuras de una comisaría de policía, centrado su reparto en el protagonista que da título a la serie, poli mal visto en su entorno por matar a un compañero. Dejémoslo ahí, y no destripemos más.
La verdad es que no me parece que la obra, pese a indudables atractivos, termine de funcionar. Y es una pena, porque aquí hay maneras y la obra es potencialmente (intencionadamente, también) un tebeo de género policíaco de consumo generalista. Vamos, que le puede gustar a cualquiera. Y digo además que me parece fabuloso, que en ese caso estará consumiendo un cómic inteligente, agradable, simpático, digno. Y si arrasa, y vende más que las novelas de Pérez Reverte, pues qué bien.
Pero si me pongo en plan devorador de tebeos, lector compulsivo y que un poquito de esto pues voy conociendo, no puedo apartar la vista de sus numerosas deficiencias. Porque en Kane cada posibilidad se torna un hándicap, una dificultad, un tropiezo. Por ejemplo, Kane es un catálogo de imaginativos recursos de cómic, y a veces –pocas-fenomenalmente empleados (así las escenas en pasado, que se insertan para explicar las circunstancias del protagonista, no se explican más que estrechando el espacio de las viñetas, que pasan a ocupar un 80% de la página en vez del 100%), pero en general el vaivén de recursos, de “trucos”, no se justifica narrativamente, si no que parece buscar el asombro en el lector, un ardid poco fino para mantener la atención, pero que no aporta más al relato que una salsita, un adorno, un birlibirloque. Qué diferente de los maestros, los Eisner, los Miller, los David B, donde cada recurso gráfico se sostiene como un elemento modulador en el relato, un algo imprescindible.
Además, los plagios/homenajes/parodias de Kane con el mentado Frank Miller son cuanto menos inútiles, sin gracia, y no aportan nada. Bueno, sí. Las parodias, los recursos gratuitos (muy bien empleados, sí, pero vanos de contenido) logran alejarme de lo leído, me aburro con unos personajes que apenas están caracterizados, con unas historias que no me dicen gran cosa y con un universo que en vez de afianzarse, va diluyéndose página a página. Cada vez que me despistan con, por ejemplo, un narrador en off, o una historia contada en cámara subjetiva desde el punto de vista de quien la vive, más me canso en separar la hojarasca de efectos para centrarme en la trama.
Pero, no quiero dejar de resaltarlo, Kane no es un desastre. En sorbos cortos, es agradable y los recursos, tan cambiantes, pueden hasta sorprender. De hecho, pienso que de publicarlo en su formato original, tebeo de 24 páginas mensual (bueno, juraría que en origen era así), funciona mejor. El autor hace preciosas composiciones de página, domina el tempo (desde las escenas en pausa hasta las de acción), no es mal dialoguista, y, en fin, sin pedirle peras al olmo, entretiene y hasta te echas unas risas (ese villano siempre disfrazado de conejo…).


Vamos, que sin ponernos exquisitos, y más por su precio (206 páginas por 9 €), pues está decente. Además, por fallida que sea, toda historieta que advierta al lector de los muchos recursos que el 9º arte posee para contar, pues tiene un punto positivo.

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05 septiembre 2005

LOS TEJEDORES DE CABELLOS, de Andreas Eschbach (Ed Bibliópolis).

Decía cuando comencé esta bitácora que la literatura no iba a aparecer por este blog. O no muy a menudo. No tanto por no leer (que leo menos de lo debido, todo sea confesado) como por el hecho de que a menudo me decanto por lo fácil (clásicos) o por el libro de ensayo. Y ya me diréis qué hago yo hablando en este pequeño rincón de la red de redes de Voltaire o de una Historia del Cine, por ejemplo.
Pero, en fin, la puerta siempre está abierta por si la ocasión pinta adecuada…y al acabar “Los tejedores de cabellos”, de Andreas Eschbach, me apetece comentaros.
Dejo claro que no soy lector asiduo de la ciencia ficción: cierto que algo he leído (Bradbury, Stapledon, Phillip K. Dick, Asimov…). Pero salvo excepciones suele dejarme frío. Encuentro que los autores descuidan la forma, el estilo (generalmente directo y sencillo) para centrarse en el contenido, casi siempre “cinético” (pasan cosas, físicamente, pero no encuentro introspección, alma, concentrado el autor en explicarnos su universo a través de una historia). Hay claras excepciones, la más notable, “Crónicas Marcianas”, maravillosa. Y seguro que hay mucha literatura de ciencia ficción que contradice mis impresiones, nacidas, sin duda, del relativo desconocimiento del género.
Pues “Los tejedores de cabellos” va a ser una de ellas. Porque esta novela, con participar de todos y cada uno de los tics citados, se termina con una sensación de plenitud, con la cabeza desbordada de sensaciones, propia de la buena literatura, esa que va más allá de la lectura ligera para trascender y quedarse dentro.
Y repito que Eschbach utiliza todos los tópicos de lo que se entiende por space ópera: mundos ignotos, civilizaciones espaciales, sagas que se remontan miles de años y se desperdigan por el infinito espacio… todo contado con una prosa ágil, directa, pero al tiempo lírica, melancólica y agria. Sobre todo agria. Porque “Los tejedores de cabellos” nos describe una civilización decadente, un mundo basado en la labor, sagrada, de tejer alfombras con cabellos humanos. Un hombre, una vida, una alfombra que una vez finalizada se mandará a través de los cielos al palacio del Emperador, divino, inmortal. Dedicación ciega, fútil, irracional, de una civilización sumida en la mansedumbre y adoración a un líder distante, invisible, y en realidad, extinto, muerto y derrocado.
Esta crónica del amargo sin sentido de un fervor ciego, convertido en religión de planetas enteros, se nos cuenta, se nos desgrana en relatos breves, independientes pero al tiempo ligados entre sí formando un todo orgánico y a la postre circular.
Una novela, en fin, que se lee de un tirón (no fue el caso, por circunstancias que no vienen al caso), que asombra en su colosalismo desde relatos de gentes pequeñas, avocadas al dolor, crónica de una civilización que refleja una crítica implacable de Andreas Eschbach hacia su propio pueblo (Alemania, claro) capaz, como los tejedores de alfombras, de seguir con fervor a un líder por imposible que este sea, por terrible que lo vea el resto del mundo. Una alegoría, al fin, de la vida. Un reflejo terrible y descorazonador de lo peor de nosotros mismos, escrito, cierto, con ese estilo afín al género, algo plano y poco "literario", pero esta vez rebosando emoción y lirismo.
Y al acabar, esa sensación: la cabeza, el corazón, en run run. Como debe ser.
Por cierto, portada bien fea.
***** (diría tres estrellas y media, pero no se me ocurre cómo dibujarlas. Se aceptan ideas)