22 enero 2006

SHADE, EL HOMBRE CAMBIANTE, de Milligan y Bachalo.
Planeta, la editorial, está recuperando ya no unos determinados tebeos sino, casi, una época y una forma de entender el cómic mainstream (lean "comercial") USA que caracterizó los últimos ochenta y los primeros noventa. Con la recuperación del catálogo de la DC Comics, nos brinda la oportunidad de redescubrir obras ya publicadas pero descatalogadas como Animal Man, de Grant Morrison, o prácticamente inéditas como el Hellblazer de Delano o este Shade de Milligan.
Ya hemos contado por aquí de esa ola británica que inyectó dosis de madurez en los tebeos de superhéroes, con ideas desafiantes, reflexiones de todo pelaje, estilo narrativo sobrecargado de literatura y de citas cultas escondidas en pieles de corderos/superhéroes que, de fondo, plantean crítica social, o cuestionan el sentido de la vida, o nos hablan del ser humano, o... Fue, en fin, una época en que la voz personal, autoral, se impuso, al menos durante un tiempo quimérico, a la maquinaria comercial que siempre había sido/volvió a ser el tebeo de superhéroes al uso.
De los diversos títulos surgidos al rebufo de "La Cosa del Pantano", verdadero Big Bang de esta revolución adulta del mainstream, Shade, el hombre cambiante es un referente y una lectura obligada.
Ya se han editado tres números, tres volúmenes de 9 € cada uno, que con cadencia bimestral (el 4º, este mismo mes) reunen en cada libro cuatro números americanos en un coleccionable regular y que, esperemos, abarcará toda la colección (sobre 70 números americanos). Dos son los principales dibujantes del asunto: Chris Bachalo, y en un futuro Duncan Fegredo. Pero el autor real del tebeo es, como siempre en este tipo de cómics, el guionista, Peter Milligan.
Británico cínico y descreído, observador notable, buen dialoguista y mejor prosista, Milligan plantea esta recuperación de un añejo y olvidado superhéroe como una disección de los estados Unidos de América en este primer y largo arco argumental. Vayamos al argumento para centrarnos:
Imaginemos que en la tierra campa una amenaza extraterrestre incorpórea, una suerte de íncubo que desata las pesadillas, la locura de quien posea allá por donde pasa. Imaginemos que esa Locura se contagia. Y por último imaginemos que, del planeta Meta, nos envían a la Tierra a alguien para hacerle frente. En principio tendremos un pastiche de supercachas y ciencia ficción muy cutre. Pero en manos de Milligan los clichés de serie B son una excusa para tratar, desde la aparente intrascendencia del grueso argumental, de los temas más profundos. En Shade la Locura (su nombre, significativo juego de palabras intraducible, es The American Scream, perversión del Amercican Dream -grito/scream, sueño/Dream-) infecta la realidad de los delirios conspiratorios del americano medio, pudre (más) la industria de Hollywood, se fija en las bolsas de pobreza de la tierra de la libertad y pervierte el sueño hippy.
Shade por su parte no es menos espíritu íncubo, y vive en el cuerpo recién ejecutado (ya saben la pena de muerte americana...otro american scream) de un psicópata, teniendo por único ailado a la mujer a cuyos padres y novio acaba de asesinar. Ambos se embarcan en un road -cómic delirante por la mierda estadounidense, mostrando con ello el autor su repugna y al tiempo su fascinación (tan british) por el amigo americano.
La serie, que comienza un poco mareante, va tomando cuerpo, va centrándose poco a poco en el elemento humano, en sus protagonistas, una vez que los autores parecen conformes con su despacho al American Way of Life, con lo que la obra no pierde mordacidad crítica y gana en hondura. También, poco a poco,va remitiendo la fuerte empanada psicodélica (digna del Morrison más desatado), lo que indica que la obra crece, se mueve buscando caminos paralelos a lo ya trazado.
Si a todo ello sumamos los lápices de un primerizo Chris Bachalo (hoy es una estrella del mundillo... hechada a perder, por cierto) que es imaginativo, que experimenta con moderación, que controla los mecanismos de la narración en viñetas perfectamente, y que además mejora número a número (y seguirá mejorando en las posteriores entregas) pues parece que todo cuadra en un cómic que, si bien es una lectura que pide su tiempo, que no es fácil (aunque tampoco impenetrable, ojo), se perfila como un pequeño tesoro (algo punk, vale) en toda biblioteca.
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