10 enero 2006

VINIERON DEL ESPACIO, de J. Arnold (1953)

El bajón adrenalínico y digestivo de estas fechas post navideñas ha propiciado el encuentro, siempre bienvenido, con esa querencia friki por la ciencia ficción de serie B que, de vez en cuando, me absorbe y sólo puede ser saciada, claro, viéndome una de esas pelis añejas y encantadoras. En esta ocasión le ha tocado a “Vinieron del Espacio” ( It Came from Outer Space suena aún mejor), del reputado director Jack Arnold. Todos hemos visto alguna vez su célebre “Increíble Hombre Menguante”, entre otras, pero pocos conocen este auténtico paradigma del cine de ciencia ficción de la guerra fría, sección “encuentros en la 3ª fase”.
La cinta responde a todos los tópicos paranoides y trascendentaloides de la época, y nos ofrece una historia basada en un relato de Ray Bradbury, maravilloso escritor que, seguro, puede dar más de sí. Aquí tenemos un atractivo ovni que se estrella. Un testigo (a la sazón reputado científico) y un derrumbamiento de rocas que ocultan al extra-terrestre bajel (no sin que de su interior, inadvertidos por los testigos, hayan escapado unos cuantos marcianos) y una sociedad que, of course, no se creen ni una palabra de lo que el protagonista les advierte. Los alienígenas, por supuesto, adoptan forma humana y están entre nosotros. No obstante, aquí la fábula es menos paranoide y más pacifista. Los visitantes tan solo quieren irse en paz.
Pues ya está. Una peli suficientemente breve, ingenua, entretenida, bien contada, con Moogs ululando a diestro y siniestro, y con unos efectos especiales de categoría (es un decir). Hay cintas de mayor empaque (hasta a color), y otras de un disparatado mucho más subido (inenarrables, vamos, como This Island Earth). Las hay con mensaje reaccionario (The Thing), y con un acabado más impactante (los tonos noir de Ultimátum a la Tierra). It Came from Outer Space no es más que un producto dignamente realizado, propio de una época, un estilo y una mentalidad concretas, y que puede ser vista con simpatía (y hasta celebrar algunos logros en la dirección, hecho para el cual he carecido de la concentración necesaria, lo admito).
Eso sí, hay que fijarse en el cartel para ver lo mejor: esta peli es…¡¡¡en 3 D!!!. ¡Quién tuviera trece años en el 53 y unas gafas bicolor y un buen cine de barrio a mano!
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