10 marzo 2006

MADRE, VUELVE A CASA, de Paul Hornschemeier

Lectura de hace meses, por fin encuentro un sitito para comentaros sobre este cómic (pienso que con el serial de Valiente ya teníamos tebeos para rato y quería dejaros descansar de viñetas).
Éste es otro de esos tebeos, cada vez afortunadamente más habituales, que tiene la clara intención de buscar su público natural más allá del consumidor habitual de viñetas. Su argumento, asunto introspectivo de pérdidas y asunciones, quizá irrite al fan freak de (por ejemplo) Marvel, que acusará rápidamente al producto (y peor, a su defensor) de “Gafapasta”. Sí, amigos, bienvenidos al mundo del mamoneo (digamos, a la contra, que un Gafapasta que se ría desplicente de un “Pijamero” –creedme, no invento nada…estos nombres se usan en el mundillo, con alegría y sin vergüenza- comprador de superhéroes participa del mismo defecto).
La verdad es que cualquier ficción debe ser criticada en función de su calidad. No por su argumento. Y eso voy a hacer con la obra de Hornschemeier, independientemente de que su argumento sea un divertimento pop o el descenso a los abismos personales, una historia cómica, vodevilesca, o un fresco político histórico.
Y Madre, vuelve a casa me parece un tebeo con resultados dispares, a ratos fenomenal, otras veces (en otros aspectos) titubeante.
Hornschemeier nos relata la historia (no autobiografía, ojo, aunque algo hay, según sus propias palabras) de Thomas, que con siete años debe afrontar una doble pérdida: La muerte de su madre, y la paulatina inmersión en la locura de su padre, quien no puede sobrellevar la desaparición de su esposa. Ambas las encara bajo el disfraz que usa, cual superhéroe, para enfrentarse a sus particulares peligros. Con una capa roja y la careta de un león, el niño transita y vigila los lugares comunes que frecuentaba su madre, y poco a poco asimila así una tercera pérdida, tan inevitable como la materna: Bajo la protección de la careta el niño poco a poco debe morir, para como adulto (como el adulto que, invariablemente, no puede ser aún con siete años), recuperar a su propio padre.
Es una historia atractiva, que se enriquece de significados y matices gracias a acertados recursos narrativos y a un dibujo voluntariamente esquemático, que enfría el peligro del melodrama barato y distancia al lector de lo contado, para evitar el lagrimón fácil. Ésto, a Dios gracias, no es Amenabar, y Hornschemeier no gusta de recrearse en facilonadas sensibleras. Empero la dureza sin tapujos convierte a “Madre” en un cómic doloroso, durísimo y de una profundidad que provoca el escalofrío no pocas veces: es curioso que una obra tan fría logre tal empatía con su lector. Cierras este precioso libro y en la cabeza persisten sus imágenes, su ritmo moroso, su dolor contenido pero incontenible.
Pesan, lástima, algún amaneramiento literario (abundan textos que personalmente me sobran…podríamos hablar ahora sobre el poder que tiene una imagen sóla, a la que tú, lector, debes buscar significados, frente al sobresubrayado que a veces puede ser un texto de apoyo), una influencia demasiado obvia de Cris Ware que distrae, y la premeditada afectación no siempre ayuda a entender esta historia de vocación desafectada (y así más agria).
Son peros que no empañan sus virtudes: Madre vuelve a casa es un tebeo que merece mucho la pena, una lectura que no se olvida, y, por cierto, un objeto-libro precioso.
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