25 marzo 2006

SEÑOR JEAN


Dupuy y Berberian conforman una sugerente pareja creativa. Autores a cuatro manos, guionizan y dibujan ambos sus tebeos, sin que se aprecien dos manos al pincel ni dos cerebros a la hora de plasmar historias. Compenetración, lo llaman. En sus páginas podemos encontrar uno de los trabajos más o menos inaugurales de la nueva BD francesa, lo que significa, en primer término, frescura e inteligencia. Desde sus inicios la serie Señor Jean se ha conformado como un fresco sobre la vida de un treintañero normal y corriente. Jean puede ser tu colega, tu vecino, tu hermano, y en su historia no suceden más aventuras que las que podrías identificar como propias. Jean es escritor. Presenta su libro en los foros indicados. Viaja. Se enamora. Tiene insomnio. Echa un polvo. Le dan calabazas. Tiene que recoger al hijastro de un amigo al colegio por echarle un cabo, la portera le esconde la correspondencia…
Dupuy y Berberian enfocan esta cotidianeidad desde una lente amale, de comedia dulce. Señor Jean es todo lo que no pudo ser Friends: un retrato de la Juventud Real, con protagonistas cercanos, que identificamos en sus situaciones, que reconocemos como amables caricaturas de algún conocido.
Durante tres álbumes (los tres primeros: El amor, la portera; Noches en vela, y Las mujeres y los niños primero) asistimos a una progresión fenomenal. Número a número se afianza un estilo gráfico, elegante, a medio camino de la línea clara de Hergé y la caricatura dysneyana pasada por el tamiz de Uderzo. Sus relatos comienzan anecdóticos y autoconclusivos, para poco a poco ganar peso, ligándose en una continuidad que llega a conformar álbumes unitarios. En éste sentido “Las mujeres y los niños primero”, pese a persistir en el formato de capítulos, es ya una historia completa.


A lo dicho se suman unos diálogos brillantes, un perfecto dominio del tempo narrativo (pausado pero nunca moroso), y la idea, genial, de usar el recurso de mezclar la realidad y la imaginación en solucciones siempre ingeniosas y desternillantes. En este sentido es habitual que, como metáforas de las situaciones que suceden al señor Jean, convivan en el mismo plano lla realidad con metáforas disparatadas (un señor Jean rey feudal que es asediado por un ejército de... ¡pizzas!, o un Señor Jean Negativo que martiriza desde el subconsciente al pobre escritor).
Y cuando parecía haber llegado a su cenit, sucede la revolución.
Los autores se embarcaron, al tiempo que realizaban su tercer álbum de Jean, en hacer un diario (Diario de un álbum, editado por planeta y absolutamente recomendable) donde se sinceran y ofrecen un tebeo de trazo libre, suelto, casi se diría que imporvisado. Un aquí te pillo aquí te dibujo. No es cosa de ponernos aquí a diseccionar el diario (da para un post entero) pero hay que recalcar cómo esta obra supone un punto de inflexión. A partir de aquí su dibujo se suelta, pierde el acabado y gana nervio, frescura, espontaneidad. E increiblemente, Señor Jean sale ganando. Esto es, mejorando.
La teoría de los solteros es su siguiente paso, un álbum que desafía los cánones que la industria gala impone. Formato libre, libertad en el número de páginas, blanco y negro. Son, como en los viejos tiempos, relatos breves, anécdotas sencillas contadas con ese nuevo aire casual, fresco.
Pero, pese al cambio impactante y los resultados, en comparación con lo que viene parece un mero calentamiento. Y lo que viene es el cuarto número oficial de la serie, otra vez en color, formato álbum de 48 páginas. Con Vivamos felices sin parecerlo Señor Jean toca su techo. Y es un techo que está muy muy alto.
Con su cuarto album Dupuy y Berberian, que ya han aceptado una revolución en su estilo gráfico, giran del costumbrismo amable a una reflexión profunda y descarnada sobre las constantes propias de esta generación de treintañeros de cambio de siglo, basculando entre la inestabilidad, la duda y la conciencia clara de que no se puede ser un adolescente toda la vida. Jean sabe, forzado por sus circunstancias, que ha de tomar decisiones, que ha de decidir un camino y que no hay vuelta atrás. Que la felicidad, en definitiva, se consigue a base de pequeñas y grandes renuncias. Y que al renunciar, también nos alejamos de otro ideal de felicidad (ese que se decide rechazar en la asunción de que ya no se tienen 20 tacos, y que no se puede vivir como si el reloj no avanzase). En definitiva, vivimos felices sin parecerlo.
Realmente, y tras leer el quinto (y último número publicado por estos lares) de la sensación de que casi todo queda dicho en el anterior. No obstante, si aquél fue magistral, perfecto, Como quien oye llover es magnífico, y en él también seguimos escalando el monte de la madurez de este escritor desastre, descreido, majo, cercano. El estilo de su dibujo sigue la senda de lo que ya conocemos: libertad y espontaneidad, frente al acabado más trabajado de sus primeros álbumes. Aire casual que viene a hablarnos de una pareja de dibujantes que dominan absolutamente sus armas como ilustradores y narradores.
Jean es un tebeo más fresco en su madurez que en su adolescencia, y eso dice de lo enorme del trabajo de Dupuy y berberian. Que además este quinto tomo se centre en las vicisitudes de la paternidad puede hacer al combinado lo suficientemente atractivo para toda una generación de posibles lectores. Señor Jean tiene un potencial público, toda una generación que si no descubre esta obra, es solamente por la triste endogamia que atenaza a la historieta en España.
lástima por ellos. Menos mal que tú ya sabes de Jean.

El amor, la portera (((((
Noches en vela (((((
Lar mujeres y los niños primero (((((
La teoría de los solteros (((((
V ivamos felices sin parecerlo (((((
Como quien oye llover (((((
Todos los álbumes de Sr. Jean están editados por Norma, excepción de "La Teoría de los Solteros", por Bang Ediciones.

3 comentarios:

fnaranjo dijo...

Amén.

:)

Señor Punch dijo...

Caray, gracias :)
Y hagan caso, amiguetes que me leen pero no comentan: Si el señor Naranjo opina como menda, es un garante de la calidad del tebeo. (venga, rascaos el bolso, que de verdad no muerden las viñetas)

Anónimo dijo...

Compré uno para "ver que tal"...ahora soy adicta, gracias primo