03 abril 2006

BOB DYLAN:NO DIRECTION HOME, de Martin Scorsese


Más de tres horas de documental, de voces, entrevistas e imágenes en torno a una sola persona son, a priori, muchas horas. Pocos como Bob Dylan podrían llenar ese tiempo de un modo tan absorbente, apasionante. Y pocos como un Martin Scorsese en estado de gracia pueden imponer un ritmo tan vigoroso, rellenar todos los huecos de declaraciones necesarias vestidas con imágenes arrebatadoras.
No Direction Home es un viva la virgen de fotos inéditas, declaraciones en primera persona, documentos reveladores, grabaciones nunca vistas y, por encima de todo, un feroz primer plano sobre el rostro, sabio, rugoso y áspero, de un Dylan lúcido, fantástico.
Dos son las conclusiones a que se llega tras ver esta película:
La primera, por si alguien no lo sabía, es que Bob Dylan es el punto de fuga en la música del siglo XX, el más grande de los músicos del pasado siglo, capaz de, primero, elevar hasta lo inalcanzable un género (el folk) y después, a base de "bastardizarlo" y de hacer, contra corriente, lo que le vino en gana, dar las claves del rock para toda la eternidad. Y del arte moderno, de paso. Porque cuando Dylan presenta en 1965 su cancionero con ropas de estruendoso rock y gargantas desgañitadas le está dando lecciones al punk, al glam, al indie, al sonido Madchester y así hasta agotar todos los estilos y todas las éticas musicales que anteponen creación a chequera y conformismo.
Y la segunda, respecto al director, nos recuerda que Scorsese es uno de los muy grandes, que cuando quiere y tiene la voluntad, sabe dominar su oficio como nadie, y lleva a su terreno lo que en otras manos sería un discurso propagandístico (¿recuerda alguien aquellos documentales sobre The Beatles? Qué distinto es esto). Porque esta historia del músico, de un hombre contra el mundo en la defensa de su verdad, contra viento y marea, contra su propio público, y sólo a favor de su propia intuición y genio, puede situarse sin problemas junto a las crónicas del Toro Salvaje,LA Edad de la Inocencia o cualquier otro de los mejores films de su autor.
¿Peros? Bueno, es cosa de gustos, más que nada, pero servidor metería tijeras con esos testimonios típicos, esos inevitables “Yo lo conocí (a Dylan) cuando no era nadie, y gracias a mí, que soy muy listo y me dí cuenta, ahora él esto y aquello”. Aunque pueden quedar como maliciosa metáfora: a los gigantes siempre le rondan moscas que se creen más que insectos, sólo por rondar al coloso.
Así, finalmente, No Direction Home queda como un documental fascinante, de pulso vigoroso y tan electrificado como la música del bardo judío que quiso reinventar el rock.
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2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿de la pasada década? Querrás decir del pasado siglo

Señor Punch dijo...

Digo :)
Y corrijo