14 junio 2006

THE AUTHIRITY, de Ellis y Hitch


¿Podemos imaginarnos un mundo con superhéroes, titanes poseedores de milagrosas habilidades? Alan Moore ya nos lo hizo plausible con su Miracleman en los ochenta, por la vía del apriorismo de la ciencia ficción, del contacto con civilizaciones extraterrestres superiores desde la perspectiva de que, si bien no ha ocurrido, nadie puede demostrarme que no podría suceder. Moore, explicada una posibilidad, se dedicó a (lo más interesante) abordar cuestiones morales y filosóficas. Los Dioses entre nosotros. Nosotros los Dioses.


Casi veinte años más tarde, Warren Ellis tomó estas premisas para dar un paso adelante y unos cuantos saltos hacia atrás. Su The Authority (toma nombre: La Autoridad) es un Supergrupo que vive, física y metafóricamente, sobre nuestras cabezas, por encima, y baja a deshacer entuertos desde la legalidad de su propia voluntad. Divina, por supuesto, pues los miembros de Authority son verdaderos dioses del siglo XX, son el Sol, la Noche y la Electricidad, el Futuro (uno de ellos es de acero líquido) y el Pasado (la magia, lo arcano y telúrico), son el Espíritu de las Ciudades y cómo no, de los Cielos (hay en el grupo un superhéroe cuyo don único es que vuela, faltaría).
De cómo el hombre llega a ser Dios y sus implicaciones, el guionista pasa ampliamente, pues eso, en el fondo, es un tema innato en toda ficción hercúlea (y eso son los supers, nuevos Hércules) que se entiende que el lector adulto ya interpreta por sí mismo, libre de lázaros. Aquí Ellis va más allá que Moore (el paso adelante, que os decía), quien sí planteaba, muy serio (y acertado) sus tesis. En cambio Ellis te deja el paquete, ala, todo tuyo, y se dedica a otra cosa (su paso atrás): quitar hierro a base de humor cafre, dotando a esos dioses de atributos-polvorín (mujeres líder machorras, bátmanes homosexuales, magos yonquis...) y sobre todo recrear el verdadero espíritu de las ficciones de héroes en pijama. Ir a la esencia.
Efectivamente nadie debe esperar encontrar certeros retratos de personalidades (todo a brochazos, más bien), grandes secundarios, temática social o política (algunos la ven, yo, en la etapa de Ellis y Hitch, muy muy poquito) ni vainas coloradas. Los superhéroes son acción, acción más grande que todo. Acción y espectáculo. Así la serie empieza con la destrucción de una ciudad entera, más adelante se atacará a los malos lanzándoles un país y por último Dios Creador de la Tierra se medirá con los Nuevos Dioses en Licra Sexy. Y el guionista nos deja otra vez libertad para darle al coco, pensar qué es ésto que trepida y salta en tus manos con mínimos argumentos. ¿Una tontería para niños (como si hacer algo para niños le otorga automáticamente el don de lo tonto, por cierto, que no, que no) o un discurso sobre un género? . Ellis se contenta con desarrollar una bola de nieve de pura acción, humor macarra, diálogos afiladísimos (Tarantino debe envidiar a este hombre) y tres sagas a cual más grandiosa y desproporcionada. él, claro, tiene sus propias respuestas, pero no le interesa ofrecerlas al lector.



Por su parte, Brian Hitch lo dibuja todo con un típico y clásico estilo de Superhéroes, al que aporta toneladas de grandiosidad, tremendas escenas de acción, espectaculares dobles páginas y un dominio de la narrativa y del dibujo que no pocas veces olvidan estas fantasías americanas.

Norma acaba de editar la serie en un único tomo (pena que no optara por un tamaño de álbum europeo en vez del formato cómic-book… la grandiosidad se agradece en panorámico) y no puedo menos que insistir: si te gustan las mayas, no lo dudes, te gustará The Authority. Y esperemos que en breve editen la segunda época, a cargo de Millar en su mejor trabajo con diferencia, y un Quitely que a los lápices se sale. Es un gran tebeo, distinto, po supuesto, pero igual de recomendable.
Ea, estrellitas para Ellis/Hitch:
(((((

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Como dices, la segunda etapa es más divertida, pero el guionista es millar, no ellis

saludos

Señor Punch dijo...

Cierto, y en él pensaba, y mantengo que es su mejor trabajo. De Millar.
De todas formas, y por ´las razones que he dado (lo simbólico como fin verdadero de la etapa Ellis) me quedo con esta primera época.
Millar está muy, muy bien. pero sólo es otra de pijameros, muy cafre y política. Pero otra cosa. Ellis (y Hitch) se interroga sobre una tradición de seis décadas, y lo hace con acierto, y no parece un tebeo de tesis, sino una patochada cafre y megadivertida.