30 agosto 2006

…ES UN PÁJARO, de Seagle y Kristiansen

Aunque la “gran” obra de estos autores, La Casa de los secretos, me parece un tebeo tramposo, donde la distancia entre lo pretencioso de sus formas y tono no corresponde con lo vacuo de su contenido, mucha alforja y poco viaje, he de reconocer que …Es un pájaro, como idea, me resultaba tentadora, osada y personal: en un tono semi-autobiográfico, el guionista (Steven T. Seagle) plantea la vida de un guionista a quien ofrecen la, en apariencia, ganga de realizar las aventuras de Superman. A partir de este punto se desarrolla una narración de varias historias, por un lado la búsqueda por parte del protagonista de su padre que se ha ido a comprar tabaco y no ha vuelto, por otro la presión de una enfermedad congénita, que atenaza el ánimo, las esperanzas y las relaciones personales de Steve (nombre de nuestro “héroe”), y todas estas vivencias, más recuerdos de infancia y cierto anecdotario sobre cómo se trabaja en la (gran) industria del cómic americana, se engarzan en un discurso sobre la creatividad, el miedo al papel en blanco y la reflexión honda sobre el personaje-icono de la S en el pecho.
Prometedor.

Pero, en opinión de quien ésto dice (y es aislada, me temo, pues estamos ante una de esas grandes "sorpresas" que se consensuan entre crítica y blogeros varios), una vez más el guionista adolece del necesario talento para llevar satisfactoriamente una propuesta tan osada.
Hay diálogos profundos, pero me suenan forzados, y hay sobre todo, y como ya ocurría en otros trabajos del guionista, un énfasis demasiado evidente por ser original, usando recursos con intenciones renovadoras que, en el fondo, han estado ahí siempre y han sido mejor utilizados que por el autor, como esas escenas donde el personaje habla con el lector, “mirando a cámara”, lo que refuerza virando el color de los bocadillos de texto. Escenas éstas que en éste tebeo me parecen ya no sólo pretenciosas, sino innecesarias, con lo que te alejan del relato por su forzado artificio(así el birlibirloque al final es pernicioso para la implicación emocional del lector con el personaje).
Por su parte, Teddy Kristiansen es un gran dibujante, aquí enfatizando su querencia pictórica con aguadas evocadoras y eficaces cambios de estilo, que se adaptan correctamente a cada momento, a cada tono. Lástima que lo envarado de la propuesta congele su diseño de página, dando un resultado frío, pesado. Se diría que el ilustrador se pierde en escoger, o intentar escoger, los planos adecuados para tanto monólogo circunspecto, abundando los primeros y primerísimos planos en demasiadas páginas aburridas, de escasa expresividad.
En fin, con todo, una propuesta que desafía las expectativas de quien piense que con un superhéroe como materia base no se puede hacer un tebeo adulto, una reflexión intimista. Y, eso sí, como cotillas que siempre somos, poder leer al menos una pequeña parte de cómo es el cotarro en la poderosa editorial DC Comics, es al menos interesante.
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