11 septiembre 2006

BALAS PERDIDAS, de David Lapham

Resulta increíble la capacidad de Lapham ya no de mantenerse sino de conseguir superarse número a número de Balas Perdidas.
Nacida en 1995, autopublicada por el propio autor, Balas Perdidas se demuestra el vehículo personal de un joven a quien dibujar historietas de Superhéroes no le llenaba en absoluto y que decidió, llegado un momento, autopublicarse breves historias autoconclusivas (que ahora vuelva a hacer héroes empijamados me refrenda… en "Balas" Lapham ya ha expresado mucho y muy personal, así que vuelve a divertirse donde le pagan bien).
Aviso a novatos: Balas Perdidas, aunque se edite ahora (por La Cúpula Editorial) en tomos, obedece al esquema clásico de tebeo mensual de 24 páginas grapadas, y cada número completa una historia, para saltar en el siguiente a otro personaje, otra época, otra vida… en apariencia, ya que pronto el universo Lapham se desvela coherente, formando la serie un universo coral donde las historias y las vidas se entrecruzan continuamente. Hasta las historias más escapistas y fuera de tono tienen su lugar en el puzzle que lentamente se forma ante el lector, número a número.
Su técnica es curiosa, básica, y aparentemente constreñida: dibujo tosco y en blanco y negro, páginas de férrea construcción (2x4) que se rompe en espectaculares viñetas panorámicas o página-viñeta para los estallidos, los nudos de la historia.
Un ejemplo de la férrea narrativa de Lapham

Luego está la historia,lo que se cuenta. Duro, muy duro: Lapham nos retrata personajes que viven al límite, perdedores sin suerte, inocentes sin futuro, delincuentes fríos… una visión del mundo amarga y desesperanzada que conforme avanza la intrincada historia se ve perfectamente construida, pivotando sobre todo en torno a la niña Amy, un universo de inocencia y abismos que apenas intuíamos. Hasta ahora.
En su quinto tomo, llamado Días negros, la obra, lejos de mostrarse cansada, acomodaticia o repetitiva, da un salto cualitativo al centrarse en cada uno de sus capítulos (repito, realmente números de una serie regular) en Amy, centro de todos los puntos de vista que Laphan retrata, saltando de personajes y rompiendo la linealidad, escondiendo o revelando detalles a su antojo, con maestría, buscando en un turbulento asunto de desapariciones, secuestros y vejaciones la causa real de los trastornos y necesidades que muestran no sólo la chiquilla, sino todos los que de un modo u otro tienen contacto con ella.
Impresionante tour de force de un autor con su propia obra, Lapham ha llevado sus Balas Perdidas tan alto que ya da vértigo mirar, no hacia abajo, sino hacia el futuro. Así uno se pregunta si esto es un techo o si una vez más se trata de un trampolín para seguir subiendo.
En definitiva, casi una obra maestra y uno de los cómics del 2006.
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