05 septiembre 2006

Cualquier tiempo pasado es…pasado (UN HOMBRE EN CASA)

Uno es de los que piensa que en eso de las artes las cosas o son, o no son, per se. Buenas, o no.
El tiempo, ese aliado de la pedantería adocenada, no hace con un cuadro lo que sí consigue con un vino. Un libro, una película... no mejoran con los siglos. En todo caso, eso sí, cobran importancia, son testimonio de una época, de una forma de entender las cosas.
Estas ideas me han venido divagando sobre esa “escuela de pensamiento” que siempre pone en el altar ciertos productos del pasado, los asume como magistrales, insuperados etc., y se diría que el principal criterio es cierta enjundia que, se supone, le da el tiempo a esa obra. Pues no.
Seamos provocadores: Yo Claudio, la serie de la BBC, es enorme pero ambién tiene garrafales fallos (ramplona la dirección, personajes –esa Lidia mala mala, que ni Ángela Channing- excesivamente planos...), King Krimson son muy, pero muy inferiores a Jesus and Mary Chain, y Sin Perdón supera con creces a muchos westerns supuestamente clásicos (que son superfficiales y, peor, aburridos) de la edad dorada del género.

Todo lo dichol es para apuntar que a veces lo antiguo...SÍ que es genial, brillante, inmarchitable.
El sábado, a unas horas disparatadas, emiten en cuatro Un Hombre en Casa, telecomedia de las grandes, de las clásicas, con treinta años a sus espaldas pero fresca casi como el primer día. llevan emitiéndola tiempo, ya, pero yo, desastre, lo recordé aún este finde.Más vale tarde...
¿Y cómo se ve hoy esta telecomedia?. Los inevitables cambios en la mentalidad de estos años podían hacer temer que su propuesta (la comicidad de un tío viviendo con dos tías) había quedado obsoleta. Pero no, o cuanto menos, no importa. Porque es un prodigio de guión, un modelo de buena comedia de situación, con personajes creíbles, divertidos, esperpénticos, cercanos o imposibles, y todo casa en unas historias francamente, y aún hoy, divertidísimas.
En comparaciójn, casi cualquier serie de humor acctual es mediocre, sobrecargada de clichés y menos sutiles que un martillo.
Y luego, claro, están Los Ropper, secundarios de lujo que superarán en fama con su propia serie a ésta en que nacieron... pero eso es otra historia.
en definitiva ni lo duden: programen sus vídeos, rastréen la mula... lo que sea, pero recuperen Un Hombre en Casa. Yo me he sorprendido (y ya ni hablo de los recuerdos de infancia que me provoca, que es otro tema).

Nota: No me atrevo a puntuar con dos capítulos...pero imagínense una puntuación muy muy alta.

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