26 septiembre 2006

LA MALA GENTE, de Etienne Davodeau

Cada vez es más frecuente encontrar en el mercado tebeos que desafian los clichés y abordan sin miedo temas que, al menos a quien no sabe del noveno arte, parecen impropios de un cómic. Esa valoración apriorística y prejuiciosa es una majadería, dado que en el fondo, y como la literatura, el cine o el teatro, los cómics son una forma de narrar. Narrar cualquier cosa, con cualquier acento o intención, y se puede hacer peor o mejor, y si es buen o mal tebeo no lo es por su tema, lo será por cómo lo cuenta…aunque lógicamente a los que tenemos unos añitos nos van a interesar más unos asuntos que otros (nostalgias de niñez aparte).
Hace poco le comentaba a un sindicalista de toda la vida sobre La Mala Gente, su contenido. Pero nada más verlo, me comentó: “Ah, no…son dibujos…no me gustan”. Peor para él, porque La Mala Gente es un interesantísimo documental gráfico (como lo describió con acierto Tirafrutas) donde Davodeau plasma sobre el papel un trabajo periodístico (partiendo de declaraciones de sus propios padres y otros trabajadores de la industria francesa) sobre el proceso que lleva de los abusos patronales en los años cincuenta hasta la sindicación obrera, llegando hasta el ascenso de la izquierda al poder en 1981.
Centrado en la región de Los Mauges, se relata, y nosotros aprendemos con su lectura, el poderoso influjo de la iglesia católica progresista y obrera en la concienciación social de la clase trabajadora, y a través de un dibujo precioso y de gran vistuosismo asistimos a un relato coral y social, pero contado en primera persona.
Es ahí donde Davodeau gana la partida. Si del planteamiento podría resultar un cómic monótono y demasiado frío, la aproximación sincera desde la figura materna (y parterna) arroja un cariño por lo contado, una implicación emocional más adivinada y sentida que explicitada o redundante. Lo mejor de La Mala Gente, en este sentido, no es lo interesantísimo del tema, o el dominio del dibujo de su autor, sino esa humanidad tremenda que pesa por encima de lo narrado, bendiciendo esta obra con un calor hogareño, palpable y real, que se sobrepone a una narrativa fría y convencional, muy francesa, que hace incapié en ser descriptiva, sencilla y “util” al tono de lo narrado. Eso sí, grande es el mérito del dibujante, que con su capacidad para captar gestos y expresiones, logra ese calor del que hablamos.
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5 comentarios:

tirafrutas dijo...

¡Muchas gracias por el enlace! Es muy enriquecedor seguir leyendo opiniones sobre esta gran obra.

Anónimo dijo...

Uf, a mí no me llegó nada este tebeo, y eso que a priori el tema y el dibujo son de mi agrado, pero me falló en el apartado "narrativo" como cómic. Más me pareció un texto ilustrado, aunque algún detalle que otro sí que tiene, y no descarto (al revés, ansío) leer el Caída de Bici para reconciliarme con el autor.

Octavio B. (señor punch) dijo...

tío berni, no eres el único que opina así, de hecho esa "planicie" narrativa es la que me lleva a restarle puntos...mira que tres/seis sobre cinco/diez tampoco es lanzar palenques en su honor :)
De todos modos no creo que sea así durante todo el viaje...hay momentos que destilan una emoción que me encanta, y desde luego el tono documental me parece interesantísimo. Hombre, a un nivel muy inferior a El Fotógrafo (tardaré en leer otro tebeo tan bueno, me temo), pero bien, bien... bueno, son opiniones.

Anónimo dijo...

Es que El Fotógrafo son palabras mayores. Y ya que estamos con el cómic "documental", ¿qué tal el está el Palestina de Sacco? Es que lo tengo criando polvo, el Gorazde me aburrió bastante...

Octavio B. (señor punch) dijo...

me temo que con Sacco nos ha pasado lo mismo...yo el Palestina ni lo pillé.. pero tal como está el patio judío...joder, apetece cada vez que asomas la nariz por un telediario...