09 septiembre 2006

SONIC YOUTH:Rather Ripped

Entre 1984 y 1988, y tras un par de discos de tanteo, Sonic Youth reventaron las leyes de un rock que, como siempre y en ciclos que siguen repitiéndose, parecía muerto, adocenado, cómodo en unos clichés que lo convertían en mera burla de lo que siempre se supone que debe ser. El rock nació como una bomba de relojería en la sociedad americana de los cincuenta, era una música peligrosa, obscena, mestiza, ruidosa, un escupitajo a los melismas aborregantes que defendían las emisoras más convencionales y defensoras del estatus quo.

Sonic Youth sonaban así para unas orejas de los primeros ochenta: un desafío ruidoso, incontrolado, salvaje y a la vez demasiado artie para ser “otro bufido adolescente”.

Anestesiado desde los Sex Pistols el poder del rock como revulsivo social, reducida su lucha a lo estrictamente musical, Sonic Youth sabían que lo suyo no cambiaría el mundo (ya lo habían intentado, sin éxito, la no-wave y el hardcore), pero dejaría marcada la musicología a fuego. Discos como Evol son ejemplo perfecto de cómo una comunión entre el punk, la psicodelia, el ruido, la violencia y las pretensiones artísticas podía darse en una múscia que no renegaba de su condición: por entonces había pocas bandas tan excitantes, tan adrenalínicas como el cuarteto neoyorkino. Rock.

Desde Daydream Nation (88), Thurson Moore y compañía se han dedicado a moverse en traslación sobre su propio sonido, siempre identificable pero mutante de disco a disco, de modo que, si hoy ya no van a reventar los márgenes de la música actual, siguen viajando en su propia nave, a su bola, ajenos a coyunturas, seguros e su propio bagaje. Y a juzgar por Rather Ripped, pueden seguir así muchos años.

Jim O’rourke (figurón del post-rock y la vanguardia, productor de lujo de los noventa) se adhirió al grupo en una fenomenal trilogía, y ahora ha decidido abandonar la nave (dicen que para estudiar ¡japonés!), y eso se nota en el nuevo disco de SY. Suena fresco como nunca, melódico, inmediato y tarareable. Hay poca distorsión, casi ninguna caída en sus ya clásicas espirales de ruido y velocidad, escasos pasajes instrumentales.

Rather Ripped es rock (aparentemente) espontáneo. Hay tal calidad y frescura en estas doce canciones, que deberían sonrojar a tantas bandas-fotocopia sin alma que es mejor no empezar a dar nombres.

Sí, mucho mejor es disfrutar de pedazo-canciones redondas como Incinerate, What a waste o The Neutral, o de las atmósferas de Do you believe, la enigmática Or,o la embestida sónica escondida en Turquoise Boy(ejemplos que demuestran cómo ceñirse al formato rock convencional no está reñido, al menos en manos de la Juventud Sónica, con seguir explorando texturas, sonoridades…).

Aún grandes. De cuatro estrellas.

UUUUU


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