02 octubre 2006

EL VALLE DE LAS MARAVILLAS, de Sfar


Joann Sfar va a ser considerado (tiempo al tiempo) como uno de los autores de tebeos más importantes de la presente década. Su obra está dotada de una asombrosa capacidad para maravillar desde un trazo rápido, vivo y exacto, económico y expresivo. Sus historias son fascinantes choques entre una fantasía e inocencia virginales, infantiles, y los temas más profundos, dando ese contraste una sensación ligera, de divertimento maravilloso en el que se tratan con la desvergüenza, alegría y casualidad infantiles temas como el sexo, la religión, el arte, la fe, la amistad, el amor o la muerte, y todo ello cobra hondura desde esa falta absoluta de pretensiones que le lleva a ser uno de los autores más prolíficos que conozco. En un solo año Sfar es capaz de regalarnos con su imparable caudal creativo cinco o seis obras (o más) donde nunca baja de notable, debido principalmente a que todos sus trabajos participan de esa pasión por crear, por contar, que se convierte en maestría intuitiva. O no, quizá su obra está detalladamente planificada. No importa, al final persiste el aroma a la libre creación espontánea, cual líbido artística que le lleva a darnos, incansablemente, más y más tebeos.
El Valle de las Maravillas es sólo uno de sus muchos comics que puedes encontrar en el mercado. No puedo decir si el mejor de él (de verdad, no hay economía modesta que aguante el ritmo vertiginoso de producir que tiene el galo), pero sin duda es ya uno de los mejores de 2006.
Con su imaginación desbordada, como siempre, sólo a Sfar se le podía ocurrir algo así: Cazador-recolector es un primer álbum para una serie de corte autobiográfico donde él y su familia viven su vida… prehistórica. Y así, en poderoso y robusto Joann (a la sazón rebautizado Bote de Miel), su mujer y sus hijos, conocerán razas acuáticas, chamanes, culturas precolombinas, dinosaurios y lo que venga en gana a su autor. Con demasiada frecuencia los americanos hablan de “sense of wonder”… bueno, ésto es lo mismo pero elevado al cubo, un relato que mezcla lo que se le ocurra a su autor para crear una lógica aplastante dentro de su arbitraria improvisación.
¿Y el apartado gráfico? Pues aquí Sfar también triunfa. Su dibujo tiene un aire descuidado, que no obstante se pega a uno, le transmite sus historias y consigue que éstas sean creíbles sólo desde esa mirada naif, despreocupada. Y no puedo dejar de citar sus estampas de transición, bellísimos paisajes o escenas mudas (esa noche estrellada, esa selva con su fauna, ese baile entre delfines…), donde a poco que nos fijemos descubrimos al enorme ilustrador que se esconde detrás de ese descuidado estilo a lo boceto preparatorio.
Mención final para el maravilloso epílogo, donde el formato cómic se abandona en favor de una suerte de relato ilustrado-cómic-ilustración-yoquesé, donde Sfar se desnuda más aún que en las páginas precedentes.
Y, en definitiva, estamos ante una obra maestra, ante un autor colosal que ha hecho de su modo de trabajo espontáneo, de su narrativa libre e irregular, de sus "defectos", enormes virtudes, nuevas formas de contar y un camino único y personal (al tiempo que una vía a explorar dentro del nuevo tebeo contemporáneo).
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1 comentario:

el tio berni dijo...

Me ha encantado este tebeo, con esa aparente sencillez que te hace leerlo como si fueras un niño, y que sin embargo esconde un montón de reflexiones inteligentes. Me ha gustado mucho más que, por ejemplo, Pascin, que me pareció demasiadoa artificioso. Este libro tiene tanto de filosofía como Pascin, pero además es divertido. Y está dibujado muy, muy bonito.