09 diciembre 2006

CAPITÁN AMÉRICA: OTRO TIEMPO, por Brubaker, Epting y Lark

Mientras sigo enfrascado en tebeos de mayor enjundia y densidad, ya les contaré en su momento, me he tomado un kit kat de los chupis, una lectura evasiva, de puro y gozable entretenimiento.
¿Les gustan las de espías? ¿El James Bond clásico, aquellas de Michael Caine de los sesenta y setenta?. O palabras mayores, Hitchcock en algunos casos notables. Es ya un género, o subjénero quizá, pero con sus propias características, sus dinámicas y su público fiel.
Capitán América ha coqueteado con él no pocas veces, y Brubaker vuelve a hacerlo con el acierto del buen artesano a que nos tiene acostumbrados. Sea una “teleserie” de policías o una novela negra en viñetas, parece que el escritor se ha especialzado en hacer transitar sus historias por códigos literarios y genéricos muy identificables (incluso sus inicios –no leidos- se adscriben al autobiográfico con, parece, igual fortuna). No busquen renovación, ni fondo y chicha, ni siquiera esa marca de “autor” que piden a gritos los diálogos de Millar o las tramas tecno-ci-Fi de Ellis. Tampoco se busca un guionista demiurgo a lo Alan Moore: Brubakes es hoy como aquellos artesanos del cine B, donde primero va el oficio, y quizá en la detallada conteplación de su obra global se encuentren sus señas.


Capitán América juega con la historia del personaje, da saltos en el tiempo, trae al presente viejos caracteres, y nos brinda “una de espías” sólida, bien atada, bien dibujada por Steve Epting

y, en los flash back a la Guerra Mundial, por un siempre magnífico Michael Lark (arriba, en blanco y negro). Hay un asesino misterioso, hay viejos enemigos, nazis, rusos, agencias secretas (SHIELD, claro) y guapas agentes sexis. Espías, vamos, o recursos del género aplicados a una de superhéroes. Este primer arco (“Otro tiempo”) es un relato astutamente urdido, merece su relectura para captar sus detalles, y luego podemos olvidarlo tan tranquilamente, contentos con el buen rato. Hombre, uno preferiría menos recuperaciones de legados pretéritos y más puntos y aparte que miren al futuro (algo que no abunda en el género de los superhéroes), pero aceptada la mayor, y entendido el tebeo como sencillo ejercicio de estilo, no hay mucho que objetar a esta serie, que posiblemente siga leyendo. Esto, en “Pijamas”, y tratándose de mí, ya es un logro.

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