03 octubre 2007

El Fotógrafo, de Guibert, Lefévre y Lemercier

Releer este cómic.
Caer, otra vez, y más, rendido a sus pies.
Maravillarse, dejarse llevar por sus subyugantes imágenes.
Asombrarse por el arte de su autor.
Tener ese escalofrío ante sus páginas, aunque el tono sea frío, deliberadamente aséptico.
Aprender sobre este mundo, de lo bueno y lo malo que en él hacemos.
Sentir pena al saber que los prejuicios hacia el medio impiden que esta obra sea un best seller.



Con la lectura de su último volumen sólo puedo reafirmarme en lo ya dicho (aquí, pasen y lean), así como puntualizar que cada nuvo álbum tiene su razón de ser, alimentando una obra en tres partes hasta configurarla completamente. Dicho de otro modo, cada nueva entrega es mucho más que un "más de lo mismo". Por no decir de cómo el dominio del recurso que lo hace famoso (la mezcla de fotografías en las páginas del cómic) se hace cada vez más y más notable, así como las superlativas facultades narrativas de Guibert (las escenas nocturnas del tercer tomo son de lo mejor que he leído este año... de hecho, El Fotógrafo 3 es de lo mejr que he leído en 2007).


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