15 diciembre 2006

STUCK RUBBER BABY: MUNDOS DIFERENTES, de Howard Cruse

Hay tebeos que de un modo natural, casi invisible, te tocan profundamente. No diré que te cambian, pero sí que te mejoran tras su lectura. Es el poder terapéutico de la narrativa, su capacidad para mostrarte otros mundos (diferentes) y hacértelos comprender, de modo que, tras la lectura, estás más completo. No es baladí esta característica de la narrativa, y está en cada clásico que te puede venir a la cabeza, de Cervantes a Chaplin. Por supuesto que Cruse no entra en esa categoría, pero sin duda participa de esa capacidad enriquecedora.
Stuck Rubber Baby es la historia (no estrictamente biográfica) de un joven que en los sesenta y en el Sur de EEUU debe lidiar con sus remordimientos por ser homosexual y con una progresiva concienciación social a favor de los negros. El relato, extenso, humanizado, parece en principio resentirse de cierta descompensación: la exacta complejidad del protagonista y sus afines (la novia, los amigos homo y de color…) contrasta con perfiles de brocha gorda (los personajes más reaccionarios aparentan caricaturas y estereotipos). Sin embargo la historia se engarza lenta y sabiamente, de modo que al avanzar en su lectura comprobamos que en cada personaje, incluso los más esquemáticos, hay una doblez, un matiz, recovecos inesperados. Humanidad plena, en fin.
Howard Cruse crea un universo real, retrata un lugar y época que se nos antoja interesantísimo, enriquecedor de nuestro bagaje, tanto cultural como emocional, y lo hace con unos diálogos brillantes (los mejores que he leído en muchísimo tiempo), un grafismo muy underground, donde el virtuosismo se ensucia deliberadamente, y una puesta de página nada casual y muy orgánica (el hilvanado de viñetas siempre cuidado, conjuntado, como un todo).
Una lectura más que recomendable, necesaria. Un camino sin retorno a la tolerancia, al amor y al compromiso como factores de crecimiento personal. Uno de esos lujos que la narrativa gráfica nos regala de vez en cuando: terminas el libro y las viñetas aún danzan ante tus ojos, y tienes nuevas amistades, aunque sean de papel y tinta.
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