30 agosto 2006

…ES UN PÁJARO, de Seagle y Kristiansen

Aunque la “gran” obra de estos autores, La Casa de los secretos, me parece un tebeo tramposo, donde la distancia entre lo pretencioso de sus formas y tono no corresponde con lo vacuo de su contenido, mucha alforja y poco viaje, he de reconocer que …Es un pájaro, como idea, me resultaba tentadora, osada y personal: en un tono semi-autobiográfico, el guionista (Steven T. Seagle) plantea la vida de un guionista a quien ofrecen la, en apariencia, ganga de realizar las aventuras de Superman. A partir de este punto se desarrolla una narración de varias historias, por un lado la búsqueda por parte del protagonista de su padre que se ha ido a comprar tabaco y no ha vuelto, por otro la presión de una enfermedad congénita, que atenaza el ánimo, las esperanzas y las relaciones personales de Steve (nombre de nuestro “héroe”), y todas estas vivencias, más recuerdos de infancia y cierto anecdotario sobre cómo se trabaja en la (gran) industria del cómic americana, se engarzan en un discurso sobre la creatividad, el miedo al papel en blanco y la reflexión honda sobre el personaje-icono de la S en el pecho.
Prometedor.

Pero, en opinión de quien ésto dice (y es aislada, me temo, pues estamos ante una de esas grandes "sorpresas" que se consensuan entre crítica y blogeros varios), una vez más el guionista adolece del necesario talento para llevar satisfactoriamente una propuesta tan osada.
Hay diálogos profundos, pero me suenan forzados, y hay sobre todo, y como ya ocurría en otros trabajos del guionista, un énfasis demasiado evidente por ser original, usando recursos con intenciones renovadoras que, en el fondo, han estado ahí siempre y han sido mejor utilizados que por el autor, como esas escenas donde el personaje habla con el lector, “mirando a cámara”, lo que refuerza virando el color de los bocadillos de texto. Escenas éstas que en éste tebeo me parecen ya no sólo pretenciosas, sino innecesarias, con lo que te alejan del relato por su forzado artificio(así el birlibirloque al final es pernicioso para la implicación emocional del lector con el personaje).
Por su parte, Teddy Kristiansen es un gran dibujante, aquí enfatizando su querencia pictórica con aguadas evocadoras y eficaces cambios de estilo, que se adaptan correctamente a cada momento, a cada tono. Lástima que lo envarado de la propuesta congele su diseño de página, dando un resultado frío, pesado. Se diría que el ilustrador se pierde en escoger, o intentar escoger, los planos adecuados para tanto monólogo circunspecto, abundando los primeros y primerísimos planos en demasiadas páginas aburridas, de escasa expresividad.
En fin, con todo, una propuesta que desafía las expectativas de quien piense que con un superhéroe como materia base no se puede hacer un tebeo adulto, una reflexión intimista. Y, eso sí, como cotillas que siempre somos, poder leer al menos una pequeña parte de cómo es el cotarro en la poderosa editorial DC Comics, es al menos interesante.
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25 agosto 2006

THE TWILIGHT SINGERS: Powder Burns

Son cosas que pasan: un grupo se disuelve, y aunque sea uno de tus bandas favoritas (o al menos de los que para uno han parido un par de discos magistrales), aunque sepas que Greg Dulli era el cerebro del invento, te desentiendes de sus otras aventuras musicales. Aquellos eran The Afghan Whigs. Ahora, turno de arrepentimientos, Dulli sigue siendo mucho Dulli para que sus Cantantes del Crepúsculo sean menos que notables.

Nunca es tarde para re-engancharse a su garganta tirante, a sus guitarras volcánicas y a su rock de alto voltaje teñido de soul negro. Pocos blancos se apropian del legado de la Motown con tal convencimiento, carisma y honradez. Ni con tanto acierto al impregnarlo de rock blanco, ese que practicaron Nirvana y aún redondea Bob Mould.

Powder Burns suena borracho de intensidad, elegante, ardoroso y abrasivo, delicado, sensual y salvaje. Como los mejores momentos de Afghan, pero nuevo, haciéndose contemporáneo en su producción, detallista y ampulosa (verdadero rock para estadio, pero del que no hay, del bueno), llena de arreglos sorpresivos.

Y Greg Dulli gana su batalla al mostrar una versatilidad vocal increíble (y para mí inaudita en él): cada tema tiene su tono interpretativo, su estilo propio, y el vocalista-guitarrista no tiene miedo a probar timbres nuevos.

Luego está el repaso a las canciones, todas exceletes: de un eufórico I am Ready a la épica There´s been an accident, la pantanosa 40 dollars, o ese pelotazo bailable que es la sensual My time (has come). Si, estamos ante un LP sin desperdicio. Cireto que no existe ya el factor sorpresa de oirlo por primera vez con un disco como Gentlemen (93), tercero de Afghan Whigs, pero que nadie diga que este señor ya no es lo que era.

UUUUU


21 agosto 2006

Revisitando PERDIDOS

Ya he dicho hace mucho que Perdidos me tenía enganchado. Por entonces la serie, en su primera temporada, apenas había alcanzado su ecuador (en su emisión por TVE), y ahora acabo de repasarla entera, seguida, a razón de un par de capítulos por día (o más…ante tanto incendio y humo, encerrarse en casa fue la mejor opción la semana pasada).
Del visionado me gustaría reafirmarme en mi admiración por las desventuras de los supervivientes del Vuelo Oceanic, y recalcar que, más allá del qué se cuenta, me ha sorprendido, gratamente, el cómo se nos cuenta. Porque sí, es verdad que el argumento es tramposo, tanto como adictivo, y que el final huele a cachondeo (algo que es muy relativo…se plantean cinco temporadas, resolviéndose todos los misterios de la isla con la tercera… ésto está planificado, sin duda), o que gran parte del coral reparto parece sacado de un desfile de modelos. Peros que son pequeñeces, de hecho hasta esto último, si quieren los guionistas, podría tener su explicación, dado el trasfondo de paranoia y misterio que rodea a Perdidos.
Realmente, lo que pesa es ese complicado engarzado que es, en su conjunto, la serie. Cada capítulo maneja con eficacia presente y pasado, y al tiempo diverge en varias líneas argumentales, sin que los cuarenta minutos que dura se conviertan en un caos o un galimatías. Y mirada en conjunto, como un todo, se siente que hay planning, estructura. Lo que se revela y lo que se oculta, lo que aparentemente “se olvida” y lo que perdura, todo parece dispuesto con eficaz premeditación.
Hay más cosas a destacar: la impresionante fotografía vence la tentación de ser una colección de estampas paradisíacas para convertir la isla en un entorno con vida propia, por momentos paraíso (la playa), Edén (esas cuevas), peligro intangible (la abrupta geografía) o presencia vigilante (la selva). Pocas teleseries cuidan de tal modo el “decorado”, normalmente mero atrezzo para el lucimiento de sus actores. Y eso, los actores en Perdidos, tampoco está descuidado: serán guapos, pero sobre todo no son malos. Te los crees, cada actor no sólo recita con complacencia (como nuestros actores españoles, todos, del Perea al Resines) sino que incorpora para su personaje una gestualidad propia, de las sonrisas enigmáticas, inquietantes, del misterioso Locke, a los silencios elocuentes de la fugitiva Kate y los gestos nerviosos del doctor Jack . Sí, aquí se dibujan con mimo los caracteres, todos turbios, con pasado (los flashbacks), presente (sobrevivir en la isla) y futuro (del filtreo al embarazo pasando por tensiones conyugales y adicciones, todos los protagonistas proyectan posibilidades para dramas venideros).
Otro toque de atención merece la banda sonora, magnífica. Atender a su empleo en cualquier capítulo, al azar, es un placer. Destaca, por supuesto, ese juego de Banda Sonora que es la música de un walkman, hasta que, en una pirueta genial (metalenguaje puro) las pilas mueren, para disgusto de su dueño.
También, en aspectos técnicos, hay que reconocer la eficaz dirección. Por ejemplo, en una época en que parece que la “cámara en mano” se impone por moda, signo de modernidad (lo que me parece absurdo), en Perdidos la cámara obedece a la escena. Hay mucho frenesí, por supuesto, pues estamos hablando de una serie de aventuras, misterio y terror, pero también plácidas panorámicas, significativos ralentís, desenfoques estratégicos (el juego de la profundidad de campo, otro acierto) y numerosos recursos a descubrir (otro, los encadenados entre escenas, muchas veces fabulosos).
Y un asunto menor, pero curioso: alejándose otra vez del común de las series televisivas, los créditos son tremendamente sobrios: frente a los cuidados planos que abren House, A dos metros bajo tierra o Mujeres desesperadas, collages brillantes y muy modernos (o siendo maliciosos, condenados a envejecer) Perdidos ya tiene un icono tan eficaz como sencillo, el ojo en primer plano abriéndose y ese cartel, “Perdidos”, en cuya oscuridad se hunde la cámara para adentrarnos en el abismo de la isla.
Concluyo repitiéndome: si atendemos al cómo se cuenta la historia, no podemos esconder lo obvio: Perdidos es, hoy, la mejor serie televisiva en emisión (Fox… los mortales sin satélite, ya saben por donde encontrarla).
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Post Data:Perdidos segunda temporada.

En casa ya estamos viéndola. Diría que el tono varía, se potencia la continuidad, frente al aire semi cerrado de cada capítulo de la primera temporada, y se vuelve más claustrofóbica, subterránea. Veremos (y lo contaremos, claro).

17 agosto 2006

Sandman 3

Este Agosto, Sandman no hace vacaciones. Tampoco Sobre Sandman, mi bitácora sobre el tebeo.
Pueden acceder pinchando la foto, como siempre.

16 agosto 2006

...din que chove...

Ésto se acabó.

Hoy la cosa está así


que llueve, vamos...y a base de bien.

Y va a seguir lloviendo.
Yo, hombre prevenido, y para su tranquilidad, por si la cosa va a más, ya he conseguido los planos, así que no problemo, amigos...
Ahora, y en serio, sí que hay problemas: el agua arrastrará las cenizas a los ríos, a los mares, y causará daños, ecológicos y económicos (simplenente piensen en las bateas, los mejillones...). Al menos éso nos cuentan los grupos ecologistas, y temo que con razón. No es por ser catastrofista, "siempre negativa", es por hacerles ver, a quienes desde otros lugares me leen (gracias), la magnitud de lo ocurrido, y que es mucho mayor de lo que se puede pensar en principio. Un ejemplo personal: ayer, por la tarde, una paloma se nos coló por la ventana en el salón. Cayó, casi... estaba medio quemada, moribunda... la sacamos, apenas podía volar, y se quedó ahí fuera, en una cornisa, cansada, seguramente perdiendo la vida...¿cuántos animales se habrán perdido en esta catástrofe?

14 agosto 2006

probando cosas

He encontrado una página, rapidshare, donde alojar archivos mp3. De modo gratuíto y por tanto con restricciones, pero vamos a probarla. El enlace os lleva a la página para descargaros el archivo a vuestro ordenata. Sé que hay límites al número de descargas y al tiempo de disponibiidad delos archivos, pero como yo os sirvo y vosotros sois los "descargadores", pues digamos que no me he preocupado en leerlo demasiado.
Veremos cómo uso este juguete nuevo...por ahora podéis probar a bajaros ésto.Las descargas, en esa página que os enlazo, abajo del todo, en el botón FREE y despues siguiendo las instrucciones (todo en inglés). Espero que funcione :P
Por hacer el asunto más simpático, no acredito el tema que os ofrezco. Al primero que lo adivine completamente, le regalo mi enhorabuena y, veremos...quizá un mp3 en plan sesión de pinchadiscos patoso (por seguir usando mis juguetitos), que le puedo enviar a un e-mail o así.

ni idea, pero lo tengo todo

Gracias a las nuevas tecnologías y al rápido acceso a la cultura que ellas nos permiten, se ha generalizado una nueva conversación, o al menos se ha pervertido su significando.
Mírenlo como un chiste:

Va un tío y le dice a otro
-Oye, ¿te gustan XXXXX (escríbase el nombre de un músico o grupo cualquiera)?.
-Oh, sí, son la leche- responde el otro.
-¿Ya has oído el último?
-Ni idea, no sé cual es el último, pero lo tengo todo.

Ja ja ja ja. Aplausos. Se cierra el telón.

Conste que es verídico, me ha pasado. Más de una vez.
La realidad es que hace diez años o quince, "tenerlo todo" era signo de inquietud, de tenacidad y de cultura. Bien a través del copiado en casette o apoquinando de tu blosillo (ahí cada economía haría lo que pudiera), "tenerlo todo" equivalía primero a descubrir un autor, luego, y porque con ese disco revelación te atrapaba, buscabas los previos, de tratarse de un artista no novel, y cómo no, comprabas puntualmente sus nuevos trabajos, asistiendo en tiempo presente al crecimiento de ese grupo, asombrándote con ese nuevo giro en su música cuando ya te parecía imposible que te volvieran a sorprender, o defraudándote con el nuevo disco...
Hoy no, hoy "tenerlo todo" equivale a darle a un botón.
Dios bendiga a los animales de carga, sí, porque han democratizado el acceso a la cultura aunque les pese a la SGAE y a quien no sabe ver en ello a un aliado para la industria del ocio (llegará a serlo, no lo dudo) en vez del enemigo a batir. Pero lamentablemente se ha llegado a usar como aval económico (ya menos, cada vez la banda ancha es más patrimonio de todos), demostración de algo, de "Yo puedo tenerlo todo porque puedo pagarme este juguete con el que puedo tenerlo todo", y éso es lo contrario a la experiencia cultural que supone el coleccionismo auténtico de música (que entiendo como he dicho antes). Ellos lo tienen todo, pero no lo entienden en absoluto. Porque quien "baja" diez discos a la semana no los procesa, no puede, y mucho menos los va a experimentar del modo correcto.
Yo, por edad, he crecido con Pixies, disco a disco. Y con Depeche Mode y con Sonic Youth, y PJ Harvey, y The Smiths (descubiertos con The Queen is Death), y con... Su trabajo me ha ido impactando, año por año. Lo tengo todo porque de un modo natural, y vital, y coetáneo a cada lanzamiento, lo he mamado. Lo tengo todo y lo sé (casi) todo. Porque lo viví, porque no le dí a un botón, porque entiendo la música como un placer propio de la cultura, como acción culturizante, y no como deseo posesivo.
Quizá por eso no bajo discografías completas. No me gusta. Si descubro un nuevo grupo (¡por ejemplo, Centro-matic, el mes pasado!) no arraso la red para "tenerlo todo". Puede que poco a poco, si me lo piden la cabeza y sobre todo el estómago o el corazón, adquiera discos de su consistente pasado... pero jamás le daré a un botón sobre "discografía completa"
Porque la música no quiero tenerla. Éso no me llena. Yo prefiero vivirla.

10 agosto 2006

BERLIN, de Jason Lutes

Berlín Ciudad de Piedras es de esos tebeos que, en su lujoso formato y sus más de trescientas páginas (y va a comprender tres volúmenes de los que éste es el primero) vienen de perlas para defender el medio, porque de entrada desmorona todos los tópicos que, parece mentira, aún se asocian a los cómics.
Lutes ha perfilado una historia coral, de ritmo lento, de marcado corte histórico y exhaustivamente documentada que compone un retrato caleidoscópico, multiangular, de la Alemania de entreguerras. A través de un periodista berlninés, una estudiante de arte que se instala en la misma capital, personajes lumpen y otros de la alta burguesía que se cruzan pero no se mezclan, asistimos a un interesantísimo análisis de una época y lugar apasionantes, germen de lo que sería la europa del siglo XX y XXI, y sin cuyas abruptas semillas no se entiende la actual realidad europea. Ni tampoco, claro, la esencia humana, en lo bueno y en lo no tan bueno.
Lutes es de New Jersey, Estados Unidos, y lo retrata todo desde la distancia, de un modo analítico y desapasionado a través, eso sí, de las diferentes miradas (lógicamente distorsionadas) de sus personajes, que son muchos y, como decía, muy distintos en su comprensión global de su momento, su situación social, económica o racial.
Este tapiz en el que pasan pocas cosas pero se cuecen muchas (demasiadas, diríamos, sabiendo que aquí asistimos al auge del nazismo) está dibujado con estilo muy europeo, con mimo en la documentación (vestidos, calles, arquitecturas...) , con un blanco y negro cuidado, esforzado en la fisionomía de sus "actores" (Lutes no tiene en este terreno una baza a su favor, su trazo puede parecer poco virtuoso, y en algunos aspectos es cierto que no lo es) y con buen gusto a la hora de diseñar sus páginas, muy armónicas (ved en este pequeño ejemplo el equilibrio del diseño).


Por último, recalcar que no debemos entender Berlín como un trabajo redondo. Desmotiva en su lectura esa frialdad analítica, mientras que los pasajes más emotivos cobran bríos y suman los mejores momentos del tebeo. Es entonces cuando olvidas el propósito documentalista de esta historia y te crees sus personajes, los vives, quieres hacerte con ellos de un modo más íntimo que la observación del mero esparcido de marionetas por un decorado.

También falla con un deliberado efectismo en no pocas secuencias que entorpece el natural fluir de un relato que no necesita de birlibirloques (esos globos de pensamiento, incómodos, esforzadamente ingeniosos...), que se sostiene mejor en sus diálogos, precisos y exactos. Otras veces los textos de apoyo no funcionan, nuevamente por el esfuerzo de Lutes de hacerse notar. Afortunadamente, en ocasiones todos los recursos fuyen con naturalidad, y entonces gana la partida y crea expectativas para una obra que, en tres volúmenes, puede llegar a ser un trabajo exquisito. Veremos cómo continúa, pues por ahora la cosa va bien, bastante bien.

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09 agosto 2006

el new Yorker y el fuego

Ayer, en una feria del libro de ocasión, me lo crucé de narices y no pude evitar (ni quise) la tentación. ·30 €, nada más, por cuatro kilos, 650 páginas, de lujosa encuadernación y dos CDes con TODA la producción gráfica de la historia del New Yorker.


Un regalo para quien le interese el humor gráfico de prensa.Y una fuente de descubrimientos,autores, talentos del chiste de prensa, sin duda.

Por lo demás, sigue lloviendo ceniza, falta oxígeno (se nota en el cansancio, en el sopor), escuecen los ojos. No suelo ser excesivamente personal en esta bitácora, pero creo en el valor de esta mirada propia sobre un tema general: Les cuelgo una foto en primera persona. La ha tomado uno mismo, desde casa (les evito otra, el espectáculo de cenizas que es mi terraza).

05 agosto 2006

sábado de ceniza

eso es. Y Domingo. Arde Galicia, muere El Verde, que diría La Cosa del Pantano
No es broma, vale, ya hay dos vidas víctima del anormal, los cabrones que provocan estos horrores. La foto, real, de la prensa de hoy (La Voz de Galicia)
En casa, cenizas por todas las esquinas (qué quieren... hace mucho calor y a eso añadir el que suman las llamas, que no se ven pero se sienten, todo alrededor... y hay que abrir ventanas, buscar corrientes... respirar aunque sea este aire turbio y negro). El aire, oscuro, espeso y viciado.
Espero (lo dudo) que con todo ésto los culpables no duerman. Los asesinos, digo, de dos mujeres, madre e hija. Los pirómanos hijos de puta.

04 agosto 2006

agua y sal en la cara

Seguimos embarcados, que nadie se relaje. He vivido aventuras a bordo de la nave del capitán Horatio Hornblower, de la mano de Raoul Walsh, sólo para comprobar vía google que las aventuras de tan noble marino se bifurcan en una serie de novelas (en que se inspiró la película) e incluso en una moderna serie televisiva.
De verdad, este google es más eficaz que el mejor de los catalejos...
Respecto a la cinta, es una obra dinámica, un pelín sobria, quizás (falta un toque de pasión, se siente acaso ligeramente frío, este océano), pero de magnífica confección. Walsh es un sastre de los que sabe coser admirablenmente en natural sucesión, momentos cómicos, aventureros, románticos, tensos... dando un Hidalgo de los Mares de gran unidad pese a su variada paleta tonal.
Y claro, tenemos a una dama muy en su papel, una eficaz Virgina Mayo, y a un Gregory Peck que vuelve a destacar como uno de los grandísimos actores del Hollywood dorado. Su interpretación del envarado, recto, tímido y noble marino lo atestigua (y se lo pone dificil a quien lo sustituya en la serie esa que descubrí en la red).
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(más piratas, galeones y océanos aquí y aquí)

02 agosto 2006

PET SHOP BOYS en vivo

Tengo que reconocer mi admiración por la música de Neil Tennant y Chris Love, si bien apenas tengo tres de sus ya muchos discos (del último, Fundamental, se habla en términos de recuperación, por cierto). Su música ha sido pasto de la ignorancia de los "auténticos" más retrógrados, cuando realmente su cancionero se revela como el pop pluscuamperfecto, amalgamando toda la tradición de la música popular y festiva (del music hall y la sinfónica a los iconos del pop del siglo XX) adaptada a los frívolos ochenta, los descreídos noventa y este airado nuevo siglo. Y, por supuesto aceptado el hecho de que la electrónica es el presente y el futuro, han reconvertido el "wall of sound" de Phil Spector en un tsunami de ritmo imbatible, inigualado aún (temas arrolladores como "Left to my own devices", "So hard" o su versión petarda de "Where the streets have no name" y "You are allways on my mind" atestiguan esta condición).
Se ha acusado al duo de artificial en una ceguera afortunadamente superada hace décadas, pero ése será siempre su sanbenito. Y otro es que son enlatados, que lo suyo es darle a un botón. Esta premisa es, simplemente, no entender la música tal como ha sido en los últimos treinta años (pongamos desde Kraftwerk), y no nos merece el esfuerzo intentarle explicar tres décadas de historia de la música popular a nadie: dejémos que sean felices en su desconocimiento y ceguera, mejor.
Bien, pues lo que está claro es que un dúo que practican un pop electrónico, si pretende ser La Banda De Pop Más Grande se tiene que plantear su Live como algo más que un karaoke. Sabíamos que Pet Shop Boys eran un espectáculo en vivo, pero descubrirlo en carnes suma puntos en el respeto que les tenía. Muchos puntos.
Pet Shop Boys en directo son una experiencia que sobrepasa los márgenes más comunes de lo que entendemos por show en vivo: lo suyo es un espectáculo total donde se nivelan en importancia un repertorio imbatible, un escenario minimal pero impactante, disfraces varios, proyecciones irónicas, coreografías, hombres-maniquí, coros, bailarines, un diván de psiquiatra y un acertado juego de luces. Lo dicho, el espectáculo total. Tennant es el oficiante pero nunca el divo, comunicativo pero sobrio es la voz, el guía, pero siempre alejado de los clichés nunca desentona ni acapara, lo que en el vanidoso mundo del rock es muy de agradecer. Lowe, el obrero a la sombra, en una esquina, coordinando el vendaval sonoro, casi corpóreo, palpable.
Todo pues dispuesto para articular un espectáculo multiforme (sobre el escenario, unea especie de cubo de Rubick de unos cinco metros de alto y siempre cambiante hacía las veces de pantallas de vídeo o tarima para los bailarines), sorpresivo, elegante, irónico (esa flema british), diría que el Espectáculo más brillante (por gusto e imaginación, humor y clase) al que haya asistido hasta ahora. Y créanme, he asistido a unos cuantos.

PD: intentaremos actualizar el post si encontramos fotos más decentes... culpen del soserío visual al Faro de Vigo Digital (por otra parte, el único que ya cubrió el evento a estas horas)


01 agosto 2006

CENTRO-MATIC-Fort Recovery

Will Johnson es un personaje del que gusta lo que uno lee de él, de los que se presta a la literatura musical, al ser de esos casos de hiperactivismo (comanda varias bandas, ninguna más importante que otra). Conociendo a su grupo más rock (creo, pues otras de sus aventuras escoran hacia el folk) desde hace años, y no habiendo adquirido nunca ninguno de sus trabajos, es más casualidad que otra cosa que esta vez sí haya caído en sus redes. Y de qué modo.
Fort Recovery es un discazo que entra poco a poco, que sabe a clasicismo por los cuatro costados desde su inicio, un “Covered Up In Mines” que no desentonaría en un recopilatorio de los setenta (ni de los noventa, ni de 2010), que hereda un sonido arenoso y recio que remite a Neil Young, pero vestido con melodías maceradas en el indie rock de las últimas décadas. Lo primero que llama la atención es eso, el ver este disco como la respuesta más viva y anti-revival a los típicos pedorros (lo siento, no se me ocurre ahora otra palabra que refleje mi opinión al respecto de un modo más… correcto) que van de clasicistas, blandiendo su disco avinagrado y setentón cuando les hablas de una banda joven y brillante (de brillar, despuntar).
El rock morirá por esa vía pedante y “madurita”, por eso yo que tengo unos cuantos clásicos de esos (y edad suficiente para ser maduro), me los callo y prefiero hablar, recomendar, las buenas bandas de ahora, aunque mole menos como pose (¡como viste hablar de los Led, Zappa, AC/DC, y qué pocos de esos pedorros –de nuevo disculpas- saben de los también clásicos, pero menos vox populi, Walker Brothers, Neu!, o, incluso, sí, la Velvet Underground!).
Pues Centro-matic es el grupo de hoy que debería gustar a todos los retro del mundo, los que adoran el rock robusto y atemporal, con sabor a desierto y ron. Que además la voz de Johnson sea deliciosa, rasgada, profunda y sentida sólo ayuda. Y que al final todo lo anterior se olvide en beneficio de unas canciones que embriagan, maravillosas, ya decide por uno que, sí, que este disco será otro de los hitos de 2006 (año que se presenta duro para elegir su mejor disco, sin duda).
UUUUU