21 febrero 2007

HELLBLAZER: Vía Crucis

Hellblazer es una colección regular sobre las andanzas de John Constantine, el mago capaz de engañar a toda clase de criaturas sobrenaturales. Por la colección circularon diversos guionistas siempre cuidadosos de mantener el título en unos ciertos baremos de calidad, en consonancia y respeto al origen del personaje (en la clásica La Cosa del Pantano, reeditada por Planeta estos días y compra obligada). Todos, de Jaime Delano a Warren Ennis, de Jenkins a Risso, acentuando cierta pose autoral, buscando dar su toque (social, o macarra, o levemente intelectual, o alejando de sus constantes de terror moderno al personaje).
Mike Carey, por su parte, es un guionista competente, no brillante, pero sí eficaz (al menos es mi impresi

on de lo que he leído de él), y a tenor de este volumen su aportación es centrarse en el meollo, en hacer terror en viñetas con un personaje que nació para ello, y dejar la pose de autor para otros. Y ha sabido plasmar un horror más físico que psicológico, alejándose por tanto de las formas que hace veinte años instauraba Alan Moore en La Cosa del Pantano y buscando desazón en lo monstruoso, lo sobrenatural en su manifestación más carnal, incluso si me apuran algo gore: En las tramas de los dos arcos que el volumen completa asistimos a un desfile de asesinos en serie, incubos poseen la carne del hombre y la plagan de fauces por todo el cuerpo, demonios se manifiestan como niñas inocentes que hacen de unas tijeras algo aterrador, parlamentos infernales que se disputan el alma de un amnésico Constantine, pactos con el infierno… un recital de modos propios del terror gótico sobrenatural y del moderno urbano, que se abordan con eficacia y que ilustran tres dibujantes: Leonardo Manco, desasosegante y realista, Chris Brunner, tosco, y Marcelo Frusin que parece buscarse (ya le gustaría acercarse, siquiera) en el gran Mignola, con un dibujo básico y de contrastantes sombras. El primero se convertirá en el ilustrador regular de la colección, con lo que intuyo se sale ganando (su capacidad para reflejar cierta insanía verista y barroca es muy acertada para una serie que, curiosamente, siempre se desenvolvió gráficamente por la estilización). Daremos cuenta de ello, si llegamos a leerlo.

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