25 abril 2007

PASCIN, de Sfar

Julius Pincas, alias Pascin, fue un pintor nacido en Bulgaria y asociado a la bohemia de principios de XX que sirve a Joann Sfar como pretexto para hablarnos de lo que a él le interesa. Pascin, el cómic, es un espejo frente a otro, la mirada de un artista del siglo XXI desfigurando en reflejo apócrifo a otro de hace un siglo, para convertirlo en su propia voz. El Pincas de Safr es bohemio, artista, pícaro, judío, lascivo, romántico, gandul, sinvergüenza, amigo… y no sabemos si en realidad el reflejo es del autor de cómics o del pintor y dibujante. Al final poco importa: trasciende el discurso, antes que el objeto del mismo y/o su origen/veracidad..
Por tanto, Pascin es un tratado sin orden, una sucesión de capítulos y anécdotas que Sfar ha ido dibujando en varios años, en los que al lector se le habla del arte, la amistad, la creatividad, el sexo, la fe, el amor, el deseo, la vida, el judaísmo, y en definitiva los temas que obsesionan a Sfar. Como compilación que es, el estilo de unos capítulos resulta más redondo que el de otros, a veces sentimos a Sfar perdido, pero alegre de transitar ese camino desconocido. Otras leemos al autor dominando el terreno. Siempre sentimos ese pulso febril y dichoso, esa explosión de creatividad pura, libre y gozosa que es todo trabajo del galo, que se atreve a entregar páginas apenas abocetadas y combinarlas con preciosistas instantáneas si que el conjunto chirríe. Cada momento recibe el tono plástico que realmente necesita, y lo hace con esa sensación de genial intuición que desprenden sus viñetas. Sfar es un genio, en el sentido de donimar su arte sin esfuerzo, con naturalidad pasmosa y pasmante. Tiene algo de Mozart, esa ligereza que esconde trabajo o talento, quien sabe. Y el lector, este al menos, no puede sino sucumbir ante esta sensación, incluso en trabajos tan dispersos como Pascin.



Las andanzas de Julius Pincas continúan, a todo color, en La Java Bleue, del que esperamos dar pronta cuenta aquí.

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