13 mayo 2007

más listo que el tebeo 8: lo dibujado en la viñeta.

El tema de hoy es de perogrullo para cualquier buen degustador de historieta, y sin embargo constituye el principal muro que separa al noveno arte del "mundo real". La viñeta, ese marco dentro del cual se despliega una porción de acción dibujada y escrita, contiene en su interior el elemento visible del cómic: el dibujo. Y muchas veces encuentra ya un primer rechazo: generalmente un no entendido desprecia los tebeos por el dibujo que le ofrece la mayor parte de las veces, con su estilo básico e "infantiloide" (las comillas, y cien más, son intencionadas, espero que al final del artículo entiendan a A. Figueras como uno de los grandes del medio, un genio)...



..por no hablar de las prestaciones literarias que asociamos al medio muchas veces, como en ese Tarzán de Ambrós (un cartel nos cuenta lo que vemos dibujado...¡bravo, aplausos!).





Bien, pues la verdad es que... es verdad. Es verdad que ni el primer ejemplo es Boticelli ni el rey de los monos se engalana con la prosa de Cervantes.


Y ni falta que les hace.


Porque el cómic es un arte capaz de diversas hibridaciones, que puede por sus particularidades libar de las cualidades del diseño, de la pintura, de la ilustración o de la literatura, pero que su mecanismo diferencial no pasa por estas artes, sino por la narración en secuencia. Y eso es algo único y que le pertenece a la historieta.

En este sentido no debe interesar el virtuosismo, sino la expresividad narrativa del grafismo (ya vimos cómo la letra es en cómic tan consustancial como el propio dibujo, en este sentido). Pienso que cualquier estilo gráfico cabe dentro de una viñeta, pero no nos engañemos: si un tebeo se pierde en virtuosismos sin sentido, si con el dibujo no "narra" y sólo se expone una destreza, el autor no habá entendido su arte. No es este el lugar ni está en mi ánimo polemizar aquí sobre un autor concreto, pero sirva de ejemplo de mi criterio al respecto la indudable pericia de Segrelles, traducida en un tebeo, El Mercenario, que creo de nula eficacia.







Por el contrario, los grandes genios del cómic adoptan su estilo (o estilos) con una finalidad clara, ser complemento de lo contado. El dibujo, así, narra tanto como el argumento que ilustra. Veamos ejemplos de la infinita diversidad gráfica que puede albergar una viñeta:
















expresionismo, minimalismo, feísmo,realismo, preciosismmo... incluso, fíjense en el ejemplo final del Donald de Carl Barks, varios estilos (realismo y el definido estilo cartoon de la casa Disney) pueden convivir en una imagen de cómic.

En resumen, dentro de la viñeta el dibujo debe entenderse como un instrumento que, con su forma, en la consciente elección de un determinado estilo y acabado formal, esté contándonos (contándonos un ambiente opresivo, moviéndonos a la predisposición a la carcajada, asfixiándonos en ambientaciones irreales de colores imposibles o abofeteándonos con un acabado predeterminadamente sucio, agresivo). Más que un pretexto para ser virtuoso, el dibujante de cómics sabe que cualquier elección de estilo es válida en el fino arte de narrar con imágenes, y que su pincel no sólo plasma, pues, y sobre todo, expresa.
(Acreditemos imágenes: A. Breccia, Herriman, Muñoz, Blain, Taniguchi, Mattotti, Schultz, Foster, Crumb y Barks).


Y ahora, ¿les gusta más el perfecto dibujo de Alfons Figueras que abría este post?

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