María Antonieta se me antoja una cinta más atrevida de lo que a simple vista nos puede parecer, y de un modo más sutil de lo que se diría en una primera impresión. Si en principio podemos pensar que Sofía Coppola ha practicado un descarado ombliguismo anteponiendo a una idea de guión su estilo posmoderno con una brocha gorda torpona, si es evidente desde la primera escena que la banda sonora epata por su falta de contexto, la verdad es que María Antonieta atesora un don escaso en el cine comercial contemporáneo. Coppola no renuncia a sus formas, y muchos pasajes evidencian una férrea conexión con su anterior Lost In Traslation (desconozco Las Vírgenes Suicidas, su ópera prima). Allá teníamos una panorámica de un símbolo de la modernidad y la extrañeza, aplicada con un estilo que potenciaba lo posmoderno y reflejaba esa ausencia de empatía en un terreno extraño. Y ciertamente aquí lo aplica igualmente, pese a que el objeto no es un paisaje futurista como el nipón, sino el Versalles del siglo XVIII. Si reincide en ello, es porque nuevamente se aborda la extrañeza de una jovencita, una Maria Antonieta afectuosa e impulsiva enterrada en un ambiente que le es extraño y, a sus ojos, nuevo, vanguardista (es el Versalles de las artes, las fiestas y la opulencia). También hostil.Por tanto estamos de nuevo ante un cine de sensaciones, de desconexas pinceladas argumentales que no trazan un camino nítido sino un paisaje diverso. Da lo mismo, pues lo que importa es el exacto retrato final de la joven reina como persona. En un contexto, pero a Sofía Coppola le interesa la mirada al interior de su protagonista, cómo sus circunstancias la moldean, del encorsetamiento de la Corte a un retiro liberador, sensual, abandonado a los sentidos y sus placeres. También a su Real capricho.

Pero al mismo tiempo, Maria Antonieta es un retrato histórico visto parcialmente, desde los salones que están a punto de sucumbir frente al pueblo revolucionario. Es una mirada comprensiva hacia una reina sobre la que finalmente cabe hacernos una pregunta: cuando en una escena bellísima, Antonieta saluda a la turba que está derrocando a la cúpula de la realeza que ella ostenta… ¿comparte íntimamente la reina los anhelos de su pueblo? Tras contemplar durante dos horas a esa muchacha fuera de sitio, rodeada de decadencia, dimes y diretes de palacio, normas absurdas pero férreas… decadencia, en fin… nos preguntamos qué piensa la reina de La Revolución. Sofía Coppola, como en el ya famoso murmullo final en Lost In Traslation, no nos proporciona respuestas claras, casi ni argumentos para saber qué pasa por la cabeza de María, justo antes de perderla condenada por sus súbditos.
Estas inteligentes aproximaciones, diversas, libres de los férreos tópicos del cine histórico, se visten de una dirección fabulosa, con magníficos momentos, interpretaciones perfectas, y recursos nunca gratuitos como el empleo de canciones de rock actual como banda sonora. Éstas tienen su valor descriptivo y mediatizan el sentido final del film, al igual que otros apuntes descontextualizadores buscan acercar lo histórico a la mirada autoral de la direcora: queda así remarcado que nos hablan de una reina desde la óptica de una creadora del siglo XXI.
Si además la hija de Francis posée un envidiable sentido fílmico, que nos regala escenas tan exquisitamente planificadas como la de la muerte del hijo de los reyes, no nos queda otra que recomendar vivamente esta cinta. No se dejen engañar por el ruido de fondo, ese que nos dice constantemente que Sofía Coppola es un ejemplo de vacío posmodernismo. Aquí, de nuevo, demuestra precoz sabiduría y nos regala una de las mejores cintas de género histórico de los últimos años.
1 comentarios:
Fantástico :D
Te invito a que me cuentes en unas palabras qué es para ti Sofia Coppola, o cual es tu película favorita.
un cordial saludo
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