24 julio 2007

MAUS, de Art Spiegelman

publicado en Mazinger


Decir Maus es pronunciar palabras mayores, no sólo en el pequeño mundo de la historieta, hermana menor, en cuanto a su repercusión, de las demás artes. Es hablar de un documento vital, un testimonio superviviente de uno de las más terribles capítulos de la historia, relatado aquí por el padre de Art Spiegelman, Vladek, histórico superviviente del campo de exterminio de Auschwitz. La idea genial del autor, convirtiendo a sus personajes en visuales iconos básicos, ratones los judíos, gatos los nazis, es el primero de sus aciertos, el más llamativo, aunque quizá ni siquiera el mayor de sus muchos logros.
Palabras mayores, insisto, porque Maus trasciende el género o subgénero narrativo de los avatares y horrores de los campos de concentración nazis, ya que las entrevistas en presente que mantienen Art con Vladek Spiegelman nos sitúan en un contexto de relato cotidiano y ante la difícil convivencia entre un padre y un hijo, una historia de un costumbrismo en absoluto ñoño ni tampoco autocomplaciente, y que añade incontables matices al relato de la memoria de Spiegelman padre, su época prebélica, el recuerdo de los trenes atestados de judíos, el horror de los campos, las muertes sin sentido y todo el horror que es capaz de desplegar la humanidad. También los fogonazos de nobleza del perdedor, del superviviente.
Maus es palabras mayores porque su dibujo esquemático y de tosca apariencia picotea con acierto en la historia del medio, de Krazy Kat al comix contracultural de los sesenta, para abrir nuevos campos expresivos que aún tienen consecuencias estéticas en las nuevas generaciones de autores independientes.
Pero sobre todo, es palabras mayores porque cuando cierras su última página, la emoción, como un feroz huracán, te inunda, te abre y transforma. Es la consecuencia de sentir una verdadera experiencia (vital, artística, emocional…). Maus, sin duda, lo es. Una obra maestra.
Esto es, claramente, una recomendación sin reservas, que me gustaría apoyar con un texto que dejé en un blog como defensa de uno de los puntos más inclomprendidos de Maus: su excelencia gráfica, pese a la aparente tosquedad del trazo ("esto lo dibuja un niño", como se dice).
En aquel foro se colgaba un precedente a la obra que el propio Art Spiegelman había realizado en su tierna juventud, con un acabado, si bien sucio y underground, claramente académico, más plástico y detallista (si pinchan en la imagen, la verán a gran tamaño) .


Si el de Mazinger fue un texto para "no entendidos", como siempre divulgatico, en el siguiente el foro es el de la discusión entre gente especializada. Allí, sobre lo gráfico en Maus, servidor comentó:



Al final va en gustos que uno prefiera la plasticidad mórbida del veinteañero a los hachazos expresionistas del verdadero Maus, pero creo que no hay color en cuanto a resultados. Resultados en relación a las pretensiones. Porque Maus es un artefacto de símbolos e ideas puras enfrentadas a un relato rico en matices: es el Holocausto, así, en mayúsculas, olímpico, simbólico... inscrito en la cotidiana relación de un padre y un hijo, tan rica en matices, tan particular y mundana, tan con nombres y apellidos. Son dos universos unidos en una única obra y de un modo que no chirría. Creo que parte de ese logro, esa harmonía de dos conceptos antagónicos (la historia moral y universal, y el relato particular y único), una parte importante de que resulte, está en el despojamiento de todo lo circunstancial que supone un dibujo. Cada arruga, cada expresión de un rostro, cada rasgo significativo y descriptivo dibujado provocaría una forma de decantarse hacia el relato biográfico en detrimento de la parábola. Sin embargo el empleo de un estilo básico, cercano al icono, permite que transitemos de la relación con nombres propios entre los Spiegelman, a la barbarie del Holocausto como signo y símbolo de la zona más oscura de la humanidad.

En fin, a mí MAUS me parece una obra maestra de la cabeza a... al rabo, claro, que hablamos de ratones .

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