15 agosto 2007

más listo que el tebeo 10: la frase dibujada

Tras ver la viñeta como unidad básica, comprender el sentido del estilo gráfico en el dibujo de la historieta o la importancia de la caligrafía, el rotulado, intentaremos abordar aquí, con algunos ejemplos, lo más importante del cómic: la narrativa generada con imágenes consecutivas, y lo refinado que es algo tan "simple" como contar algo en una secuencia de viñetas, lo difícil que resulta dominar ese arte.
Es, digo, lo más importante, porque es la esencia, el meollo de un tebeo. En el fondo de eso se trata un tebeo, de esa suma de imágenes con la que contar algo. Pero esto no es fácil, obedece a una serie de intenciones, equilibrios y mensajes, muchas veces subliminales, que diferencian lo rutinario y lo mediocre, de lo exquisito y lo talentoso. En el siguiente ejemplo, vemos cómo resuelve Fernando Fernández una de las escenas más famosas de la narrativa, así, en general:


Fernández es un exquisito ilustrador y demuestra sus dotes con los óleos, pero me temo que este ejemplo no hace honor a los miles de mordiscos que Drácula ha propinado en la historia. La escena entre las dos viñetas no fluye, se apelmaza con sus texturas pictóricas, es confusa (sí, la segunda viñeta esconde al rostro del vampiro en un Dónde está Wally innecesario), el plano/contraplano (o algo así) no está logrado, y en general no se transmite el horror del momento.


En sus Locas, sin embargo, Jaime Hernandez resuelve un asunto mucho más mundano y anticlimático con sobrada elegancia: dos mujeres hablando. Además de constatar que Jaime es un granddísimo dibujante, señalemos cómo cu dibujo es sintético, huye de toda distración virtuosista y potencia la exacta expresividad gestual.


Pero sobre todo nos interesa destacar el equilibrio de las sombras, la elecctión del plano/contraplano (ahora sí, excelente), cómo acorta o acerca el plano hacia las dos mujeres para crear tensión dramática... son algunas de las cosas que hacen a Hernandez un maestro del noveno arte.


Veamos ahora más ejemplos, más soluciones (vistosas, impactantes, ingeniosas) que algunos autores han encontrado para contar con sucesiones de viñertas:


Hergé, en Tintín en el Tíbet, logra con una panorámica sobre un horizonte de cumbres elevadas la sensación de vasto e inabarcable camino.



Si nos fijamos en los expedicionarios, sin embargo, la disposición de sus huellas en la nieve, en el grupo opta por encuadrarlos desde un ángulo distinto en cada viñeta. Así, variando el punto desde el que miramos a Tintín y compañía en cada dibujo, pero manteniendo la panorámica de las montañas entre viñetas, logra transmitirnos su mensaje: el camino es duro, un imposoble.


Penauts de Schultz logra composiciones minimalistas donde los ritmos son como una métrica. La repetición y las pequeñas varicaciones, son aquí un efecto que potencia la comicidad (siempre suave en Snoopy, nunca de abierta carcajada)



Albetto Breccia en su versión de El Corazón Delator de Poe, congela el tiempo con viñetas donde el movimiento apenas es una insinuación: algo tan simple como abrir una puerta parece, en manos del argentino, un intervalo infinito y asfixiante.



En La Broma Asesina Brian Bolland dibuja varios saltos temporales, flashbacks donde el Jocker recuerda su lejano pasado antes de enloquecer. El tránsito de ese pasado en el que era un pobre y bondadoso desgraciado, al presente villanesco del asesino loco se logra sin explicaciones, simplemente mediante ligeras variaciones sobre un mismo esquema en dos viñetas con obvios paralelismos, y con un logrado contraste cromático:

Además la composición no descuida nada, ni el reflejo en sendos espejos del protagonista.


Hay, por supuesto, incontables ejemplos más, y tantas solucciones como imaginativos autores, pero cerramos con un Druillet que hace composiciones orgánicas de viñetas, creando un todo mayor, la página, que ya excede el presente capítulo (continuará, pues)








...y ya sabéis, todas las entradas de esta serie "técnica" se pueden recuperar en su etiqueta (Serie: más listo que el tebeo)

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