14 agosto 2007

UN PUENTE HACIA TERABITHIA, de Gabor Csupo

Tanto las publicidades que Hollywood orquesta en torno a sus lanzamientos como nuestras propias expectativas resultan, a la postre, malos compañeros para el cine. Distorsionan, crean expectativas falsas antes de entrar en la sala.
En el caso de Un Puente haciaTerabithia el equívoco es grande, al esperar una suerte de cuento infantil a la altura (bajura, si me permiten el palabro) de Crónicas de Narnia, el film. Pero la realidad es que la cinta de Gabor Csupo es un cuento de lectura adulta, un choque entre el poder de la imaginación, curativo, casi milagroso, y la realidad, de dura e imbatible pegada.
El encuentro y amistad de dos niños, fraguada en la imaginación de ambos, plantada y crecida en el reino imposible de Terabithia, es el hilo conductor de una cinta sensible, donde se miman los personajes, se esquiva lo obvio y se edifica un cuento delicado pero a la vez crudo, en absoluto blando, sobre cómo ese choque (la vida como es, versus la vida al otro lado del espejo) debe ser asumido en el inevitable proceso que es crecer.
Esto es contado sin demasiados alardes, con una escritura algo plana, si se quiere, pero con un buen ritmo y un moderado empleo de efectos especiales (muy efectivo), algo por cierto a contra corriente en el cine comercial, y con unas interpretaciones adecuadas. En definitiva, una cinta comercial que no pretende salvar el mundo, pero logra algo cada vez más escaso: una película hecha con honradez, mimando una historia y su mensaje, no abandonada a fuegos de artificio. Así debería ser siempre el cine comercial, el de palomitas y coca cola.

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