11 septiembre 2007

DOCTOR EN ALASKA

Northern Exposure constituye uno de los puntos de referencia de la historia de la ficción televisiva. Han pasado más de diez años desde sus primeras temporadas (de las que acabo de recuperar la segunda), y es evidente que el tiempo se deja notar más allá de las modas y peinados. Hoy las teleseries carecen de esa estructura fragmentaria (salvo las telecomedias, quizá), esa entidad concreta del capítulo aislado. Sin embargo, creo que la moderna televisión no se entendería sin estos dioramas de vidas tranquilas y extrañas, ese realismo mágico y helado, ese retrato coral de un pueblecito imposible, idílico e insufrible al tiempo.
Doctor en Alaska tiene algo de impresionismo, de pinceladas puras conformando un todo que se aprecia en su conjunto y desde la lejanía. No es, por tanto, el minucioso análisis de cada capítulo lo que debe interesarnos, sino el rico tapiz que se va formando, poco a poco, con cada nueva entrega de la serie. Más allá del encanto de cada personaje, del lirismo, del humor sutil, de la leve trama general que se advierte poco a poco, lo que destaca de Doctor en Alaska es su habilidad para crear un relato casi abstracto, un paisaje libre de discurso, intención o moraleja. Más cercano a la música que al cuento novelesco, Northern Exposure (es su título real, mucho más acertado sin duda) trasciende lo que cuenta, y permanecen sus cadencias tranquilas, sus ritmos desacompasados, su fluir orgánico, su sentido armónico de la panorámica en el tiempo y el espacio de una comunidad aislada, particular, descabellada y, sí, encantadora.
Quizá para ser una obra maestra absoluta le falte a la serie, al menos en sus dos primeras temporadas, ser consciente de este don, dejar más de lado lo que cada capítulo tiene de relato concreto, abandonarse a una estructura totalmente libre, sin argumentos sólidos o definidos que despisten el eje vertebral de Sicely, pero posiblemente la televisión de hace quince años no estaba preparada para encarar con mayor riesgo una propuesta ya de por sí bizarra , como lo es este retrato de la vida que se expone al norte.

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