23 noviembre 2007

300 de Zack Snyder

Frank Miller es uno de los artistas de discurso más radical de los últimos años, también de los más incomprendidos: basta repasar los comentarios que se hacen generalmente sobre sus adaptaciones cinematográficas para ver cómo se toma literalmente lo que no deja de ser parábola. Esto es así, quizá, porque las obras del autor estadounidense no amparan su mensaje tras zorrillos, cuervos o panales de rica miel, sino tras ideas oscuras, personajes límite y ámbitos de cruda violencia. Pero de fondo, sea en su recreación de Batman o en 300 y sus espartanos, lo que se busca es ensalzar lo heroico, y toda obra milleriana circunda esa idea y sus muchos ángulos.
Particularmente me hace gracia que se critique la falta de rigor histórico de 300 a raíz del film, que viene a ser como criticar a Esopo por dotar de propiedades antropomórficas a toda clase de animales. Son imágenes, metáforas. Miller parte de un capítulo verídico, pero le interesa, una vez más, el trasfondo del mismo, un ideal de justicia subjetiva enfrentada a un contexto réprobo pero dominante. Le interesa cómo ese punto de partida forja al héroe y lo lleva al límite del sacrificio. Eso, no otra cosa, nos narra 300. También la película de Zack Snyder, con meticuloso empeño por respetar las apuestas estéticas de la novela gráfica. Son dos obras, la de papel y la proyectada, fallidas pero también con logros. En principio la cinta entraría en esta nueva tendencia de aprovechar los avances tecnológicos no sólo para crear fuegos de artificio, sino como modelador plástico (en 300, a imagen de la estilización gráfica del cómic, al que rememora en todos y cada uno de sus fotogramas).


La película mueve al asombro por su propuesta visual, como lo hacía Sin City (otra adaptación milleriana).

También destaca al saber trasladar la eficacia narrativa de las escenas de acción (pocos autores como Miller logran la captación del ambiente de una lucha o una pelea cuerpo a cuerpo). En las numerosas batallas los ralentís cobran un significado concreto, congelan el vértigo, nos obligan a pararnos en medio del fragor, lo justo para conmocionarnos al volver a éste. Aquí, pues, el cine sustituye a los ardides del cómic para conseguir el mismo éxtasis de la carne y metal, la furia, la muerte y la sangre de la batalla.
Por otro lado, hay que reconocer que la cinta pierde donde el cómic se hacía fuerte: el ritmo es fallido y moroso en demasiadas escenas, y el engalanar lo básico del relato con historias laterales (como la de la reina espartana) restan poder simbólico (un símbolo funciona mejor cuanto más sencillo y básico), y aciertos narrativos como la voz coral del narrador espartano se pierden inevitablemente en el cine, obligado a verbalizar ese logro literario (es tremendo el efecto de la primera persona del plural en las viñetas, pero trasladarlo a un orador en off elimina toda su fuerza… una vez más vemos que lo mítico se diluye en manos de Snyder)
En fin, una peli fallida y con momentos e ideas defendibles. Las hay mejores. Y peores.

1 comentario:

toni dijo...

He de decir que a veces Miller resulta algo cansino. Estoy pensando en Ronin por ejemplo. Sin embargo me gusta su valentía en explorar la figura del héroe, del compromiso, de la superación de las adversidades, de la ambigüedad moral y de la violencia como recurso, lo cual comenzó con su daredevil y es una constante en su obra (Dark Night, Sin City...). Esa exploración del héroe condujo a algunos a calificar su obra de fascista....

Yo diría que él va por otros derroteros.