29 octubre 2007

MUERTE ENTRE LAS FLORES, de los hermanos Coen (1990)

Revisar Muerte Entre las Flores, que no había vuelto a ver desde hace diez años (mínimo), supone reencontrarse con un cine que no ha envejecido ni le sienta mal el paso del tiempo. Y sobre todo constatar que el universo de los Coen, antes que un mundo propio, es el espejo posmoderno de sus obsesiones culturales y cinéfilas, reinterpretadas con talento de creador: reciclaje convertido en firma personal, vamos. Posmodernismo del duro, si se quiere. Y del bueno.
Más allá de una trama alambicada, de unas actuaciones fabulosas y una fotografía para quitarse el sombrero, llama la atención el aire a déjà vu que transpira toda la cinta, el aroma a conocido y el disfrute que ello supone. Y si se disfruta del refrito es por la magistral dirección, las numerosas set pieces magistrales (de la ejecución en el bosque a la escena de apertura), por sus diálogos exactos, su humor (que denota la vena surrealista que los Coen desarrollan en otros trabajos), su excelente banda sonora y por la historia que nos cuenta, la tela de araña en que el personaje central se mete y de la que, hasta el final (redondo, perfecto) no sabremos si conseguirá salir.
Que la densidad argumental permita ver dos y más veces Muerte Entrelas Flores y volvamos a encontrar detalles y subtramas que aclaran el conjunto sólo hace, si cabe, más recomendable la tercera de los Coen. Si no la has visto, hazlo. Repetirás.

28 octubre 2007

relojes blandos

Joder, que aún son las 16:35. O sólo... ya no sé.
Ni ganas de hacer nada, ni cuerpo para una siesta... me siento como un robot con los cables y circuitos transpuestos, un desastre.
Odio este día, este cuerpo que se queda...

En fin, pásenlo lo mejor que puedan, yo, por si interesa, me voy a dar un paseillo por la playa, a la brisa fresca del otoño.

27 octubre 2007

The Sandman 17

Nueva entrada sobre Sandman en su maravilloso blog, realizado por una preclara inteligencia sin par.
Enlazo en el retrato:

25 octubre 2007

PJ HARVEY, White Chalk

Abre White Chalk el tema Before Departure y ya desde las primeras notas adviertes que hay giros inesperados en el nuevo largo de Polly Jean Harvey. Pianos cadenciosos, ritmos lentos, voces crepusculares y serenas. Sí, la Harvey es culo inquieto, siempre lo ha sido, siempre ha sabido cambiar de marcha antes de ahogar el motor, pero el golpe de timón es, ahora, más evidente, radical y sorprendente que nunca. Y no menos sabio que en otras ocasiones, añado.

La otrora aguerrida blues singer, la muchacha silvestre, la que se miraba en Nick Cave o Tom Waits, la rockera poderosa, la inquieta música que coquetea con la tecnología… han dado paso a una nueva piel con forma de dama elegante y sabia, madura, pero no blanda, dueña de un universo lírico tortuoso y crudo que engalana con nanas y pequeños minuetos pop, austeros (tanto como los arañazos de su anterior Uh Uh Her) pero exquisitos en el mimo por el detalle, el timbre, la instrumentación, los coros exactos...


Asombra todo aquí, desde las prestaciones vocales (a veces ya ni reconocemos el timbre de PJ, suave y delicado, agudo) hasta ese estilo radicalmente nuevo. Pero, sobre todo, guinda que finalmente diferencia lo bueno de lo sublime, tenemos uno de los cancioneros más absorbentes y logrados de la de Somerset, sólo por debajo del que hace de Rid Of Me uno de los mejores discos de la historia: el salmo dolido Broken Harp, la bellísima rítmica de Silence, la melodía perfecta de The Piano (que recupera un poquito antiguos bríos), el quejío estertóreo de The Mountain… son algunos de los tesoros que esperan al oyente.
Sin duda, uno de los discos del año. Posiblemente, una obra maestra.

23 octubre 2007

Octubre de 1807

Pues el tiempo pasa y ni nos damos cuenta, y hace dos siglos que, día arriba, día abajo, la piel de toro, alias España, fue invadida por las tropas napoleónicas.
Son muchas las manifestaciones culturales, artísticas e identitarias que hacen referencia a esta época, entre la historia y lo más cercano al acervo mítico popular que tenemos en España, al estilo de lo que los Estados Juntitos de América han hecho con el Far West y todo aquello. Pero en esta bitácora, bizarros investigadores de lo menos obvio, optamos por recuperar de la memoria un añejo tebeo que, inspirado en el Astérix galo, narraba con gracia y buen oficio las aventuras de unos bandoleros de los de aquella:



De sus correrías, yo tenía un álbum, repescado sin duda, pues lo asocio a los primerísimos ochenta o estertóreos setenta, cuando realmente se trata de un tebeo del 72, como muy tarde. El recuerdo es bueno, de hecho me encantaba, y apuesto a que releído hoy, seguiría gozándolo. Y sí señor aquel álbum en cuestión era exactamente éste (me pregunto dónde estará hoy... no en mi mano, desde luego):


La memoria busca el dato, y Google hace el resto, en este caso, enviándome directamente aquí, de donde "robo" imágenes y a donde recomiendo un paseo para saber más datos técnicos sobre el tebeo en cuestión (cuestión que no considero pertinente... despues de todo, aquí solo andamos celebrando la resistencia, los doscientos añitos, nada más)

21 octubre 2007

LOS SOPRANOS



La casa, por los cimientos. La primera temporada de Los Sopranos confirma a esta serie como la mejor de la historia de la televisión. Así, a lo burro y a bocajarro. Sin complejos: ni Yo Claudio y su teatralismo escasamente cinematográfico, ni uno de esos clásicos de los sesenta que el escandalizado lector pueda tener en mente; Los Soprano encuentra el nervio y la tensión en una dirección perfecta, lejana de la habitual planicie televisiva y su dictadura del plano/contraplano, aprovecha una trama densa que desgrana poco a poco, consiguiendo atrapar al espectador con más eficacia (y fundamento) que cualquier efectista Episodio Piloto de la historia, y se beneficia de un grupo de actores encabezados por un James Gandolfini sencillamente gigante, que quita el hipo.
Y puestos los cimientos, cabe engalanar el edificio, hablar de la perfecta caracterización de los numerosos personajes, de la fotografía, seca y precisa, del ritmo milimétrico de una serie que uno no se da cuenta de en qué momento te ha atrapado. También podemos recordar la cabecera, un paseo en coche desde los polígonos industriales y los suburbios hasta los barrios residenciales que dice mucho pero no explicita nada.



Podemos decir, también, que los Soprano son un microcosmos que refleja la sociedad USA actual y sus miserias, como toda buena serie negra, y que además lo hace con buenas dosis de humor (un humor sutil e inteligente, irónico, elegante).
Y finalmente, como quien engalana la casa con un adorno navideño, decir que el comienzo de la segunda temporada, ese encadenado de planos que abre su primer capítulo , renueva mi fe en una serie que, con cinco temporadas, intuyo me reserva muchas alegrías futuras.

19 octubre 2007

La patada

En un patio de colegio, un chiquillo propina a otro una severa patada.
Su dolorida víctima llora desconsolado, normal, y la maestra, que ha visto el incidente, regaña al agresor.
-Pues ayer Galindo le dio otra a Martín- Es la defensa del niño, algo azorado pero claramente convencido de su razonamiento.

En el patio del colegio, lo normal es que semejante excusa no sirva, y la profesora explicará al cabroncete que le machacó los huevos a su compañero que el que una actitud mala y deplorable fuera general en ese centro no la justifica, y que mandarle a otro niño una patada en los cojones, por mucho que otros ya lo hayan hecho, merece un castigo y debe ser, en todo caso censurado.

Bien, ahora me expliquen por qué este tipo de discurso-excusa, el del niño rompehuevos, se utiliza más allá del patio infantil y de la inocencia pre púber. ¿Es motivo para desacreditar la Ley de Memoria Histórica el argumento de que "otros también"? En todo caso, digo yo, será necesario ampliar el abanico, reclamar otras leyes a mayores. Que sí, que en el bando republicano se dieron injusticias, pero eso no creo que sea argumento para minimizar el expolio que supusieron, respecto a nuestras libertades, cuarenta años de franquismo. Si quieren, mañana hablamos de la segunda república, del ludibrio masón y comunista, del exterminio indígena americano o de las cruzadas. Pero lo que no tiene vuelta de hoja es que va siendo hora de desacralizar una dictadura ilegal, inmoral, supresora de libertades y represora de toda disidencia.

Yo estoy de acuerdo con la ley (que podía haber sido más dura, por cierto), también con el respeto y reconocimiento a las víctimas de la dictadura franquista . También aplaudiré la opción contraria, la de reconocer los abusos republicanos cuando se aborde, pero que no me digan que la patada a los cojones que nos mandó Franco debería, en beneficio de una transición que pisó huevos y ya queda lejos, ser minimizada, olvidada y perdonada.

(imagen tomada de Público)

18 octubre 2007

SUNSHINE, de Daniel Boyle

Una lástima: Sunshine pudo haber sido una cinta de ciencia ficción a retener y se queda en un dislate. Una misión espacial enviada al sol con el fin de evitar su extinción es un principio tan absurdo como cualquier otro del género, un pretexto que sirve a Boyle para adentrarse en la complejidad de las relaciones humanas entre un pequeño grupo encerrado en una situación límite. Esto es así buena parte de la cinta, y parece que el británico nos regale un oasis de ci-fi dura, posibilista, plagada de hermosas imágenes (geométricas y levemente abstractas, a base de convergentes rectas y curvas, metal frío y haces de tórrida luz solar, quietud y movimientos… ya el cartel es, en este sentido, equilibrado y hermoso). Una película con personalidad que no obstante no esconde sus referentes, todos loables y encabezados obviamente (lo digo por la cantidad de guiños indisimulados) por 2001 de Kubrick.
Así que alguien podía explicarme por qué su recta final manda todas estas virtudes a la papelera de reciclaje y me saca de la chistera la enésima variación de Alien, con inaguantables dosis de mesianismo pseudo-trascendente, y una dirección pomposa plagada de efectismos gratuitos (de movimientos de cámara, de filtros, de…). Supongo que ni la productora, ni el guionista, ni el propio director supieron aceptar el valiente desafío de hacer ciencia ficción madura, serena, de esa que usa el género como pretexto para interrogarnos sobre nuestra condición y naturaleza.

No, mejor sacarse un malo de la manga, que hace mucho ruido y mola a una chavalería que, seguro, para cuando las formas y los tonos han cambiado hacia sus preferencias, ya estarán aburridos de tanta inacción.
Pese a todo, añadamos una estrellita por todo lo bueno que precede a su caída, por muchas imágenes hipnóticas, por su inicial tono levemente abstracto, de cotidianía sideral, por una magnífica fotografía… lo dicho, en el fondo, una pena.

16 octubre 2007

agüita amarilla

Hace años, cuando la lozanía nos permitía recorer mundos con mochila, descubrí en Alemania la cerveza de trigo. Dejémoslo en deliciosa, una sensación perdida que ese bodrio con sabor a patata fermentada agazapado bajo los faldones de un monje nunca me devolvió. Como tampoco me dediqué a buscar buenas cervezas trigueras desde entonces (y hablo de hace más de quince años) el encuentro casual, vía gran superficie comercial, de la rubia de la foto supuso una notable alegría. Su cuerpo turbio, su aroma tenue pero sólido, su sabor, suave y ligeramente exótico, recuperaron sabores que creía perdidos para mi paladar.




Y ya saben, la cerveza NO engorda. Engorda la tapa, y la privación de los pequeños placeres consumidos con moderación (lo que además nos convierte en pequeñas cosas tristes que se arrastran).

15 octubre 2007

ULTIMATES 2, de Millar y Hitch

Lectura obligada: la versión remozada del supergrupo Marvel por antonomasia ha resultado ser un éxito absoluto y uno de los referentes insalvables para entender los últimos derroteros del género en el siglo XXI.
Ultimates cierra un ciclo, el del guionista Mark Millar y el ilustrador Brian Hitch, con un tercer arco (los dos anteriores están editados en lujoso formato por la propia Panini) que se supone grandioso y definitivo: igual que en su día Los Vengadores nacían para enfrentarse a Loki, el dios del engaño hermanastro de Thor, ahora se cierra con una saga que confronta a los asgardianos, una epopeya que busca marear la perdiz y jugar con las expectativas del lector: ¿es Thor un verdadero Dios o un pobre loco?¿Y Loki? ¿Quién es el traidor dentro del grupo?... Millar es un guionista hábil que tiene algo, bastante, de prestidigitador, haciéndote creer que tienes entre manos algo grande. Pero en realidad Ultimates es un divertimento, un juego de cartas que por momentos atrapa en su engaño, pero que también resulta, como truco, evidente (después de todo, el escritor británico repite el mismo esquema argumental desde el número 1 de la colección). También hay trampa en el trasfondo ideológico, pues el muy izquierdoso Millar cuela sin pudor todo tipo de excesos neocon, desde chistes patrioteros hasta justificaciones de políticas intervencionistas, siempre desde cierta ambigüedad (¿está Millar apoyando su discurso o utilizándolo con ironía? los foros en la red echan chispas cada vez que sale el tema). Y es inevitable lamentar su final, un ainticlimático y precipitado “The End” sin ritmo, sin drama, sin garra, un desorquestado “campana y se acabó” que no hace justicia a las virtudes de la serie. Porque hay momentos muy bien resueltos en Ultimates, por supuesto, pues Millar es un buen mago, por mucho que veamos la segunda baraja en su manga: abundan los diálogos brillantes y las intrigas eficaces. Y definitivamente hay que rendirse a la evidencia de que Ultimates, con su hiperrealismo (ese que busca hacer verídico y posible lo más disparatado: un gigante verde dando mamporros, una serpiente gigante correteando por Manhattan…) y su querencia por el formato panorámico, grandioso, han establecido un último canon a seguir para el género superheróico. En este sentido los lápices de Hitch son excepcionales.

Por tanto, estamos ante el primer cómic imprescindible-fallido-tramposo de la historia del medio, y eso no te lo puedes perder ( bueno, el número 9 puedes perderlo, ya que no tiene nada que ver con lo que hemos contado y simplemente sobra)
Bueno, así lo he visto todo una vez terminó, y así se lo dejé escrito a la gente de Mazinger. A la vista de un primer comentario (léelo aquí) creo que queda claro que número a ´número, mi aprecio por la serie
ha ido decreciendo.

13 octubre 2007

cien años de Hergé

Quizá estas Navidades (o quizá antes) quieran hacer un bonito regalo. Una obra de arte


Edición limitada conmemorativa del 100 "cumpleaños" de Hergé, que incluye todos los álbumes de Tintín (en pequeño formato), incluídos sus primerizos trabajos (Tintín en el País de los Soviets etc) y El Alpha Art (inconcluso). Todo dentro de bonito cofre, como se ve en la foto.
No es barato, pero carai, es un icono del siglo XX, vale cada euro,¿o no?

10 octubre 2007

ANIMAL COLLECTIVE, Strawberry Jam

Hay obras de arte que tienen por fin el trasladarnos a fantasías, mundos de colores y formas imposibles. De fondo pueden esconder críticas sociales o velados códigos masónicos, arengas políticas o mensajes cifrados, pero en primera instancia son explosiones de libertad imaginativa, puertas a otros mundos. De la Alicia en el país de las maravillas de la factoría Disney a El mago de Oz de Baum, de Miró, al Little Nemo de McCay, de El Sueño de una noche de Verano de Shakespeare a…Strawberry Jam, de Animal Collective.



Tras un Feels que ya fue destacado aquí, los de Nueva York vuelven a dar el do de pecho con un disco que se ata al concepto de canción pop, a las melodías perfectas, a estribillos tarareables. Pero la cabeza del animal sigue habitando su mundo propio, y en ese lugar los sonidos imposibles, las texturas sin fin, los ritmos tribales, los aullidos y los trinos, las burbujas y los relámpagos, cohabitan y forman una realidad paralela, que en Strawberry Jam es colorista y luminosa, y salvo excepciones abandona los viajes sin brújula (quedan Cuckoo Cuckoo, y Fireworks #1 como testigos de la cara oscura de su sonido la menos asible, la más libre).
Así pues y aunque un poco por debajo de su anterior disco, que pienso queda ya como su cima creativa y su referente inevitable, Strawberry Jam es otro trabajo sorprendente, algo que en el negocio del rock ya no abunda (la sorpresa, lo nuevo) pero que en este cuarteto parece ilimitado (y uno piensa que parece increíble que Panda Bear, este mismo año, también nos haya regalad uno de los largos a retener de 2007... definitivamente estos tíos están en racha).






Un vídeo, y se sobran con diez segundos para dejar al escuchante flipando y preguntándose si la salud mental del cuarteto está donde debe estar...o en otro universo.


08 octubre 2007

THE HOST, de Bong Joon-ho

Capas de cebolla: The Host es una de monstruos, un primo moderno de los muchos Godzillas orientales que el cine ha dado. También una historia sobre la familia, la reunificación de una familia como núcleo vertebral de la vida, ante un peligro extremo. Son las dos capas más evidentes. Algo más profundo, una crítica al actual desprecio por la naturaleza (que levante la mano quien no conozca de alguna industria que vierta en forma de residuos líquidos, sólidos o gaseosos, sus porquerías). Y al fondo, a modo de parábola, una crítica al intervencionismo Yanki y a cómo los gobiernos manipulan verdades para presentárnoslas como sus mentiras, más convenientes a sus propios intereses. Puede leerse, incluso, una crítica a la actual situación del Golfo Pérsico, ya en el cogollo de la cebolla.
Esto ya es en sí mismo un valor, que hace palidecer a similares objetos procedentes de Hollywood: ojalá las películas de acción/evasión de la industria U.S.A. poseyeran esa capacidad de plantear un fondo (y de entretener, dicho sea de paso, que es aquel un cine paradójicamente aburrido). Pero donde el surcoreano Bong Joon-ho asombra y rinde al espectador es en su dominio de recursos cinematográficos, en la imaginación constante de su puesta en escena, en esa capacidad que tiene para engrarzar planos y escenas de una imaginación portentosa. Un ejemplo, ese plano que se centra, en medio del primer ataque del monstruo, en una chavala que disfruta, aislada del entorno, de la música de su Ipod. Es un plano fijo al ralentí, se oye la música que la chica escucha, apacible. En el fondo, desenfocados, aparecen primero palomas volando, escapando, más bien. Luego, algunas personas corriendo. Al instante, son muchas personas las que escapan de fondo, pero la muchacha no lo advierte…hasta que es demasiado tarde. Se rompe el ralentí, la banda sonora desaparece y entra en escena el sonido diegético (los alaridos de espanto que realmente rodean a la chica), y en un plano muy cerrado se advierte el ataque arrasador de la criatura, llevándose por delante a la joven amante de la música por cascos. Tremendo. Y como este, hay muchos más ejemplos imaginativos, sorprendentes, de cine puro y vibrante.
Creedme si os digo que no es normal encontrarse con una cinta tan sobrada en buenos momentos fílmicos como The Host, artefacto que, en otras manos, no pasaría de ser una chorrada más, como el último blockbuster que reina en los cines de cualquier centro comercial. No es el caso, en The Host hay vida cinematográfica, lo juro.

03 octubre 2007

El Fotógrafo, de Guibert, Lefévre y Lemercier

Releer este cómic.
Caer, otra vez, y más, rendido a sus pies.
Maravillarse, dejarse llevar por sus subyugantes imágenes.
Asombrarse por el arte de su autor.
Tener ese escalofrío ante sus páginas, aunque el tono sea frío, deliberadamente aséptico.
Aprender sobre este mundo, de lo bueno y lo malo que en él hacemos.
Sentir pena al saber que los prejuicios hacia el medio impiden que esta obra sea un best seller.



Con la lectura de su último volumen sólo puedo reafirmarme en lo ya dicho (aquí, pasen y lean), así como puntualizar que cada nuvo álbum tiene su razón de ser, alimentando una obra en tres partes hasta configurarla completamente. Dicho de otro modo, cada nueva entrega es mucho más que un "más de lo mismo". Por no decir de cómo el dominio del recurso que lo hace famoso (la mezcla de fotografías en las páginas del cómic) se hace cada vez más y más notable, así como las superlativas facultades narrativas de Guibert (las escenas nocturnas del tercer tomo son de lo mejor que he leído este año... de hecho, El Fotógrafo 3 es de lo mejr que he leído en 2007).


01 octubre 2007

LA SANGRE DE LOS PORFIRIO 1: SOIZIK, de Balac y Parnotte

Yann, alias Balac, es un guionista de los que podemos llamar clásicos, o más exactamente perteneciente a esa generación que en los setenta tomó el relevo y vitaminizó a los verdaderos estandartes de la historieta gala. Su firma es garante de calidad, y uno no debe esperar de su pluma una mediocridad.
Sin embargo La Sangre de los Porfirio 1: Soizik tampoco debe contarse entre sus obras más destacables. Ello no quiere decir que sea su lectura tiempo perdido, pues la pluma de Yann cuida el entorno, urde historias bien trazadas, sabe dialogar a sus personajes y es cuidadoso en el detalle. Aquí, sobre una base verídica, tenemos un relato de barcos hundidos y pueblos costeros, maldiciones familiares, rencores y miedos, hurtos, enigmas y amores imposibles. Todo envuelto en un romanticismo de olas furiosas, mares embravecidos, castillos en ruinas, crepúsculos ensoñadores… Por tanto, dudo que este tebeo llegue a defraudar a un lector ocasional, una obra por lo demás bien dibujada por Joël Parnotte, aunque su grafismo carezca de una garra especial que nos sorprenda. Estamos, en definitiva, ante un relato que podría ser un éxito adulto y refinado, en un contexto donde el cómic estuviera normalizado culturalmente. Soizik plantea un comienzo para una trama compleja y arrebatada, pero uno, que conoce algún otro trabajo de Balac, no puede dejar de advertir cierto cansancio en el galo, y aquí falta el esplendor, la chispa, la garra de antiguos cómics como por ejemplo su Sambre, que con similares puntos de partida conseguía un tebeo maravilloso, verdaderamente arrebatado, hermoso. Calificativos elogiosos que no casan, de ningún modo, con La Sangre de los Porfirio. Obra, no obstante, correcta, culta, y agradable.