04 enero 2008

LA FUENTE DE LA VIDA, de Darren Aronofsky

Hay cines que no están al servicio de lo contado, que son un canto a la imagen en movimiento en su más abstracta acepción, o acepción más pura, mejor dicho. Pureza y belleza en la plástica del movimiento proyectado. La hipnosis de la pantalla oscura.

Es verdad que The Fountain tiene su argumento, extraño y deslavazado, y que gira en torno a la idea del amor perdurable, eterno, a través de tres historias (paralelas, o consecutivas, o acaso una misma historia convirtiendo sentimientos abstractos en narración), pero las flaquezas del ritmo, los vaivenes de un argumento engolado, el pastelón Zen/New Age, no pueden competir con la baza triunfadora. Aronofsky ha apostado por las imágenes con una pureza que recuerda al Kubrik de 2001 (salvando las distancias, la Odisea cósmica es una obra maestra, la Fuente, ni de lejos, pero para entendernos) y así el espectador puede fácilmente rendirse a las virtudes y purezas cinematográficas que tienen La Fuente de la Vida.

Por lo demás, bien interpretada y mejor musicada, The Fountain podría perderse en el olvido, y posiblemente se lo merezca frente a otras obras más redondas, pero por otro lado es una pena perder su embelese. Recomendable, por tanto. Y por su intrincada voluntad, se puede ver una segunda vez, sin problemas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola, he llegado a tu blog a través del que tenias de Sandman, y aunque no escribía ningún comentario lo seguía bastante. bueno ahora que ha llegado a su fin te seguiré desde aqui. Un saludo, JORDIHEROE