07 marzo 2008

SERVITUD, de David y Bourgier

Servitud es una historia épica, un relato de fantasía heróica que entusiasmará a los muy seguidores del género (entre los que no me encuentro, la verdad). A los incondicionales que no le pidan ir más allá, a los que gustan del bouquet recurrente de un buen vino y descartan aventurarse por sabores nuevos. No hay signos de evolución para el género en este álbum (primero de cinco con dos editados en Francia), ni seguramente quieran sus autores ir más allá. Servitud, por tanto, no rompe moldes, sino que los aplica, los canónicos, para dar un producto con todos los signos de la fantasía heróica en sus páginas. Estamos ante el principio de un relato iniciático, con un héroe de procedencia humilde enclavado en un cruce de intrigas palaciegas. Es un mundo de leyenda y decadencia, de amenazantes dragones, de conspiraciones cortesanas. Hay, claro, mucho de tradiciones sajonas, normandas. Hay, por supuesto, un mapa que sitúa cada rincón de este mundo inventado, y el mismo cartógrafo se revela excelente dibujante.
Eric Bourgier posee un trazo realista, exacto, virtuoso, lo que se agradece en un cuento que relata la historia de reinos y tierras de leyenda, y además tiene el buen gusto de aplicar un color (directo, no infográfico) sobrio, descriptivo antes que superficial y meramente envolvente.
Hay un pero, quizá debido a la imposición del formato (álbum de tapa dura de 56 páginas), y es que uno nunca acaba de empatizar con la historia. Todo parece una sucesión de diálogos cansinos que pretenden (logran) enclavar los hechos, los personajes, el pasado, el peligroso presente, las intrigas fraternales, las conspiraciones… pero no hay espacio para desarrollar personajes, para lograr que nos sintamos vinculados a la historia o con el héroe. No hay un Frodo, en fin, ni un Gandalf con quien encariñarnos ya desde este inicio de la saga.

Supongo, no obstante, que Servitud debe señalarse como parada obligada para el devoto del género, y que deberemos esperar al desarrollo de la saga para ver si se liman sus inconvenientes, así como dar una oportunidad para que la historia busque y encuentre vías que se alejen de los tópicos de la fantasía heroica que, de momento, la atenazan (o la enmarcan, va en gustos).

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