10 abril 2008

Mis tebeos de cabecera: el vigésimo primero, GHOST WORLD, de Daniel Clowes

Mundo fantasmal, vida traslúcida, existencia brumosa. La adolescencia, el tránsito, el vacío. Dos chicas , amigas de la muerte, en un paisaje urbano diríase provinciano, viviendo en una cotidiana apatía, en un entorno gris cuando no freak, sin saberse en el umbral de la definitiva y triste madurez.
Daniel Clowes es uno de los autores más importantes de los últimos tiempos, y para mí lo es por la audacia intelectual de su obra. En sus libros siempre es más lo que se calla que lo que se subraya, y uno siente que con los mínimos acentos te transmite más de lo que eres capaz de aprehender. Ghost World es su cumbre (o mi cumbre), un tebeo que diría punto de inflexión hacia una concepción plenamente adulta de la historieta y un punto de fuga al que giran toda la independencia del cómic. También del cine, y no me atrevo a decir la literatura. ¿Cuántos films recuerdan a las viñetas, tranquilas, costumbristas pero al tiempo tensas y enrarecidas de Ghost World?¿Cuantos autores se miran en el grafismo agarrotado y feista de Clowes?
No nos importa, o no tanto como los círculos concéntricos de Rebecca y Enid alrededor de su vida vacía, testimonio de la de todos, de la de una sociedad del bienestar que, nos dice Clowes, ha propiciado esta falta de pasión por el bienestar, este deambular sin metas ni rumbos claros, esta descreida apatía.
Ghost World es un tebeo pequeño, de lectura rápida pero que se instala profundamente en el lector. Su disfrute intelectual, antes que estético (finalmente sus virtudes plásticas y narrativas se evidencian también), descoloca al profano: no es material infantil, carece de cualquier tópico adherido al medio (ni violento, ni extremadamente sexual, ni sexista), no se adscribe a un género (ni aventuras, ni costumbrismo, ni...), no da respuestas, no da discursos. Alimenta intelectos inquetos, y en cierto modo, los abofetea, planteándoles cuestiones nada cómodas.
Ghost World no es simplemente el material de partida para una buena película (la homónima recreación de Terry Zwigoff), es una obra maestra, y soy de los que sostiene que de esas hay muy, muy pocas.

RITOS DE INICIACIÓN: Editado por la Cúpula, recientemente ha sacado al mercado su edición en lujoso cartoné, por dar empaque a un cómic que se lo merece. Esta es su portada.

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