04 abril 2008

Mis tebeos de cabecera: el vigésimo segundo: AGUJERO NEGRO, de Charles Burns

("Estaba mirando un agujero... un agujero negro, y el agujero se abrió mientras miraba...")

Charles Burns es un autor a encuadrar al lado de los sórdidos mundos del cineasta David Cronenberg, uno de los pilares fundamentales de aquello que se dio en llamar, en los ochenta, la Nueva Carne: el terror como punto de partida filosófico para hablar de la fragilidad del ego, del ser humano. El alma y el hueso son un todo frágil, y el cambio, motor de la naturaleza, genera la destrucción de ambos. El horror será que comienze por el cartílago y la piel.
Además, Burns añade un rico universo gráfico de claras referencias que van más allá de la endogamia del medio. No nos basta con citar artistas del cómic (que los hay, como debe ser, empezando por la quinta de la editorial DC, pionera del terror en los años 50) sino que debemos apuntar al pop art y a la iconografía de los cincuenta, la publcidad , la moda...
Con estos mimbres adivinamos ya que el americano es un referente de calidad. Global; cualquier tebeo suyo es interesante en menor o mayor grado. Entonces, ¿porqué Agujero Negro? Pues porque no hay duda, se trata de su cumbre, su obra de maduraz absoluta. En primer lugar, porque al fin desaparece la ironía casi pop (pop malsano, claro), pero sobre todo porque uno siente la especial implicación emocional de Burns hacia sus personajes, y hacia la adolescencia como estado mental y momento de tránsito doloroso, pero no por ello desprovisto de atractivos. Burns autopsia los teen sin compasión, pero nos transmite cierta añoranza digamos autobiográfica.
La historia de una plaga que se transmite por vía sexual y se manifiesta en la pubertad (en horrorosa forma de atroces malformaciones) es el pulso simbólico a una sociedad, a un tiempo y a un estado mental, es la radiografía del crecimiento personal en uno de los momentos de mayor debilidad, la adolescencia. Es un retrato, también, del confuso sentimiento de amor/deseo. Y es muchas cosas más sin duda, según el ojo que lo lee.
Es también una lección de dibujo mayúsculo, de dominar los recursos narrativos, de ofrecer al lector ya no simplemente un relato adulto, sino intelectualmente desafiante, nada acomodaticio, duro, sin asideros de blandura emocional, sin esquemas narrativos cortados con patrones sobados.
Agujero Negro es una obra maestra que asusta y estremece, la mejor de uno de los mejores autores de los últimos veinte años.
RITOS DE INICIACIÓN: Agujero Negro está editado por La Cúpula, varias veces y en distintos formatos. No lo duden, el tomo con tapa dura y sobrecubierta merece la pena. Abajo les dejo la (turbadora) portada:a leerlo, y a sentir el nudo en la garganta.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Para mi, aunque no venga a cuento Calvin&Hobbes es el mejor cómic de tiras. Para mi claro. Este que has puesto hoy tiene buena pinta. Saludos. Jordi

Señor Punch dijo...

tu comenta lo que quieras, hombre.
Eso sí, que nadie relacione, que Agujero Negro no es una tira de prensa.