09 mayo 2008

DEXTER 2

Ya hemos visto la segunda temporada de Dexter, posiblemente la mejor teleserie en curso. Hay que destacar la habilidad de los guionistas para dar una continuación natural y sin elementos chirriantes a una primera temporada que, de tan cerrada, hacía casi innecesario darle continuación (salvo por el gancho argumental que dejaba el último capítulo, accesorio y claramente utilizado para dejar las puertas abiertas). Hay inteligencia detrás de Dexter II, sobre todo en la introducción del elemento "adicción" en la mente del asesino en serie, y su propósito de enmienda. Hay nuevos personajes con gancho (aunque al final, de reiterativos, cansen un poco), y hay una persecución sobre la figura del protagonista que te mantiene en vilo. De todo lo bueno del equipo de actores no reincidiremos. Así que hay que concluir que sí, que la 2ª es de visionado obligado. Pero no me comparen, porque está a otro nivel.
Dexter, lo dije en su día, es una barbaridad. Porque su discurso era oscuro, casi maligno. Porque navegó a contracorriente bordando un personaje repulisvo, políticamente aberrante, más, mucho más que incorrecto: el diablo mismo, y encima encantador, lo que es de una agresividad intelectual desconocida en la tele. Por otro lado, en sus formas desafiaba los cánones de nuestro tiempo donde las series se construyen como un todo, a lo Twin Peaks. Dexter tiene su hilo principal, pero cada capítulo funcionaba como una unidad de peso propio, sujeta a la víctima de turno del forense. Y por supuesto el grado de sordidez era brutal, inmisericorde, ¿dónde se ha visto que un final feliz sea el descuartizamiento de un individuo atado y consciente?¿Y que ello ocurra capítulo tras capítulo, una y otra vez?
Dexter II, adviértanlo, se acerca en aras de un mayor éxito comercial a las fórmulas imperantes, es una única historia a la que hay que entrar por su primer capítulo. Eso no es ni bueno ni malo, pero la originalidad cede un poquito, claro. Sigue el patrón, en vez de marcarlo. Y uno no sabe dónde quedan los asesinatos. Vale, me dirán que el elemento argumental ata muy bien todo, pero al final estamos ante una continuación infinitamente menos sangrienta, más dulce, con un Dexter que está demasiado a menudo rozando el arrepentimiento. Este no es mi forense asesino favorito.
Bueno, sí, lo es. Es la mejor continuación posible a Dexter I. Pero Dexter I no era una serie, era un shock.

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