08 mayo 2008

Mis tebeos de cabecera, octavo: ASTÉRIX, de Gosciny y Uderzo


Pocos personajes de tebeo son un icono tan grande como Astérix. De hecho diría que los que lo superan en fama entran ya en la categoría de puros iconos del siglo XX, como un Superman. La fama del valiente galo, además, es merecida: pocos tebeos hay que hayan consensuado la opinión de todos. Hijos y padres advierten cualidades en su lectura, apta para cualquier edad, llena de guiños adultos pero basada en sencillas peripecias y aventuras, con un elenco de personajes memorable, y dibujados con un estilo blando pero virtuoso por un Uderzo que, tras la muerte del talentoso Gosciny, ha continuado editando nuevos álbumes del personaje, entre lo pasable y lo infumable.
Pero fueron grandes, cuando Gosciny ideaba sus aventuras y sobre todo desde la publicación de Astérix Legionario (mi favorita, una gamberrada antimilitarista). Bajo su ingenio cada diálogo era chispeante, cada personaje tan entrañable como disparatado, el humor elegante, los guiños descontextualizadores imaginativos, y las historias eran adictivas y a menudo desternillantes.
La Cizaña, El Adivino, Astérix y el Caldero, Obélix y compañía (última obra maestra), La Residencia de los Dioses, Astérix y los Juegos Olímpicos... en sus páginas está el secreto de esa pócima que le da al pequeño galo su fuerza: el mejor sentido del humor.

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