05 agosto 2008

PERSÉPOLIS, de Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud

El panorama actual de la animación vive subyugado al imperio Pixar. Y Disney, vamos. No digo, por supuesto, que ello sea malo (ni bueno) pero es una realidad que atenaza ya no solamente a la industria de la animación, también a los preconceptos de los espectadores más acomodaticios: quien no quiere más que lo que le es dado asume que los dibujos animados son espectáculos para toda la familia, y entiende ello como narraciones de marcado caracter infantil que el adulto, inevitable partenaire del niño, puede disfrutar en sus tonos de comedia. Por ejemplo, Buscando a Nemo no deja de ser una fábula moral para niños revestida de un sentido de la comedia prodigioso que hace reir (hasta las lágrimas) a papá, tanto como al chaval. A mayores, el adulto atento puede encontrar guiños a otras películas (americanas y blockbuster, por supuesto) y quizá un trafondo moral, social etc.


Persépolis es en este contexto una anomalía, un desafío, y por ello ya es interesante. A partir del cómic de la propia Satrapi, la cinta es una autobiografía de una niña iraní en los setenta y su crecimiento hasta nuestros días. Un tránsito desde una sociedad occidentalizada y láica al fundamentalismo de velo y sometimiento ideológico, que no se puede saldar simplemente cn la huida (el periplo europeo revela las costuras de occidente, tanto como la infancia sometida por el fanatismo). Todo contado con mucho humor, por cierto, pero frente al caso Nemo(por ahondar en el ejemplo), en Persépolis éste viene a aligerar el drama. Es necesario en la configuración global del sentido último de la cinta, da el tono que la autora requiere, y es un tono adecuado, además. Humor como recurso, no como obligado aderezo para contentar a todos los públicos, "porque es de dibujos".
Bueno, ya ven que en sus líneas argumentales Persépolis resulta cuanto menos fresca, si no rupturista (no será la primera cinta animada seria y adulta, ciertamente), y además en su factura no es menos particular. Para empezar, otro desafío al espectador más acomodado, la cinta es en blanco y negro (mayormente), la animación tosca, el dibujo icónico (básico como en el tebeo, de trazos sencillos y puros) y las texturas vibrantes rozan lo abstracto en no pocos pasajes. Y es el montaje quien construye el relato. En este sentido Satrapi y Paronnaud se esfuerzan en dotar de imaginación y efectos sorprendentes a su cinta, recursos vistosos que se exponen desde, casi, su primer fotograma. Todo comienza en una escena de aeropuerto, a todo color, con Marjane adulta. De pronto cruza la escena una niña... en blanco y negro. Es la propia Satrapi, y así comienza la historia, que no es sino un enorme flash-back.
Puede ser, es cierto, que la acumulación de trucos de montaje lastre a veces el ritmo del relato (más de las convenientes) o incluso lleguen a parecer gratuitos, pero no es menos cierto que estamos ante una película (y aquí no nos importa su naturaleza, animada o "con actores de verdad") que narra y transmite mediante ideas de puro cine. Al fin y al cabo, el montaje es la célula narrativa básica del septimo arte. Imágenes congeladas, superposiciones de planos, ritmo acompasado por una excelente banda sonora (aunque demasiado enfática por momentos, quede dicho), cualquier recurso sirve a Paronnaud y Satrapi para narrarnos la trágica vida de la propia Marjane, "de niña a mujer" en un modo y crudeza notables, testificando el tránsito de los vencidos por un mundo que los abandona a su suerte. Tránsito también de los sueños infantiles a la autoafirmación adulta, pasando por todas las veleidades adolescentes. Porque además de fascinante retrato social y político de Irán, Persépolis es (y sobre todo) el de una niña que crece hasta hacerse adulta, con sus muy particulares circunstancias sociales y geográficas.
Pd: y no olviden que antes fue el cómic... yo ya lo estoy re leyendo (ya les contaré entonces).

3 comentarios:

Ximo dijo...

A mí el comic me gustó bastante, aunque los dibujos de la Satrapi siguen sin apasionarme demasiado, pero tampoco están nada mal. En cambio, los de David B. me tienen hipnotizado por completo. Son un manjar exquisito para degustar por los ojos, casi parecen que salten de las viñetas.

La peli no la he visto todavía, aunque se la regalamos hace poco a una buena amiga, por lo que espero que me rebote próximamente, jeje. De paso aprovecharé para ver todos esos extras que contiene, seguro que son bastante interesantes.

Por cierto, me he embarcado en la lectura de todo el Terry y los Piratas y es una verdadera gozada, aunque en un principio Caniff todavía no ha desplegado todo su potencial.

Ah, casi se me olvidaba. También estoy indagando en la música de My Bloody Valentine. Ya le conteré ...

Señor Punch dijo...

claro, Satrapi puede tener un estilo ajustado a su obra, pero el David B es una fiera :)
Terry, del que apenas leí una muestra, es un clásico fundamental, sin duda.
¿Dándloe una oportunidad a MBV? Pues ya sabes dónde uedes comentar qué te han parecido, tienes desde una serie exclusiva para los de Shields, hasta el nº 1 de mi lista :) Y si no son tu rollo, dilo también, que no me ofendo :)

Ximo dijo...

Pues después de la primera bofetada sonora, como ya me pasó en su época con el Psychocandy de los J&MC o con el Sister de los SY, me da la sensación que me van a acabar por gustar. Por ahora no son para nada facilones, y eso me suele dar muy buenas vibraciones. El problema es que últimamente disfruto de música tan distinta que no acabo por centrarme del todo con nada. Ahora estoy con Sigur Rós, Cream, Janis Joplin y Porcupine Tree. No será por variadito.

Veremos ... que yo necesito tiempo para digerirlo bien y poder opinar.

Solo espero que no tenga que arrepentirme por no haber ido al concierto del FIB. Ya me pasó en su época con un concierto de Bauhaus al que no fui.