01 agosto 2008

WEEDS (T1)

Weeds es ya una serie de culto, de esas que, con cuatro temporadas, ha alcanzado un estatus más o menos subterráneo, movimientos telúricos bajo las grandes series y los nombres luminosos. En España la emite Cuatro (o lo hacía, vamos), sin el aparato publicitario que dedica a otras producciones (House a la cabeza) y a altas horas de la noche. ¿Por qué aquí no ha tenido éxito? Ni idea, si bien algo ayudaría el haber traducido su título, un palabro pitinglish ininteligible, por el común que en cristiano sería "Hierbajos", o "Malas Hierbas". Ya suena mejor, ¿no? O al menos da pistas sobre el tono y contenido de la ficción. Sumemos una publi a la altura de la serie y bueno, algo se ganaría. Aunque esta teleserie puede que no sea para todos los públicos, vale.


Weeds es una comedia, o mejor una tragicomedia sobre la vida de una madre recién enviudada que decide, para mantener su familia (y su estatus económico) vender marihuana en el barrio. Una situación anómala que sirve para hurgar en la hipócrita sociedad blanca americana, descubriendo a tipos mezquinos, marujonas de lujo, estudiantillos reprimidos, familias disfuncionales (la propia de Nancy Botwin, madre, viuda y camello, excelentemente interpretada por Mary-Louise Parker). La ficción gravita en torno a personajes que tras su normalidad burguesa son frikis, deshaucios adictos a las drogas blandas, parejas rotas, niños con problemas de adaptación, universitarios más bien bobos, y una galería despiadada pero entrañable, merced a esa mirada humorística a la vez que crítica.


Planteado este sustrato, además hay que remarcar varios logros indudables en Weeds: el primero, claro, lo que te ríes. Te ríes a gusto con los tarados que pululan por la ficción, como ese cuñado de Nancy capaz de practicar el onanismo on line haciéndose pasar por su sobrino y conversando en la red con la novia de aquél, o como ese impecable estudiante hindú que está enamorado (hasta la más ridícula estulticia) de la protagonista. O una mina en pequeñito; Shane, el querubín de los Botwin, angelito capaz, en un muy deportivo torneo de kárate, de defenderse mordiendo el pie a su adversario. Son perlas de un collar de situaciones absurdas y delirantes... por cercanas, posibles.


Otro punto fuerte es la sabia moderación. Weeds no cae en la farsa, y el componente trágico siempre aparece como un mazazo y cuando no lo esperas (o poniendo el broche al capítulo, lo que da un regusto agrio a tanta risa previa). Después de todo hablamos de una mujer joven que acaba de perder su marido y por mantener a los suyos se mete en el mundo de la droga. No, bien mirado tiene poco de gracioso.


Además ta trama se va forjando sutilmente, hasta que finalmente comprendemos que estamos ante un fresco sobre el ascenso criminal de la protagonista (a nivel hogareño, claro, no en plan don Corleone), lo que finalmente te engancha como si habláramos de una serie de misterio. Pero de un modo tan sutil que uno casi se cree engañado. Porras, esto no lo puedo dejar, necesito, YA, la segunda temporada.

Si a todo ello unimos una exquisita banda sonora (el ex Pixie Joey Santiago está detrás en algún modo, como se lee en los créditos finales) y unas interpretaciones fabulosas así como una factura técnica impecable, supongo que la sentencia final es evidente: esto es muy, muy bueno. Una sorpresa.



¿Aún tienes reservas? Un empujoncito irresistible, la genial cabecera de la serie:



1 comentario:

Mar dijo...

Pues tienes razón al decir que está muy poco publicitada y que ha pasado sin pena ni gloria por la parrilla: tal vez no sean tan libres en esa cadena como nos quieren hacer creer...
Lo que está claro es que están comprando todas las series de la ¿productora? ¿distribuidora? SHOWTIME, que tiene en su catálogo Queer as folk, a la que me declaro enganchadísima; Dexter, que la veo en versión doblada aunque sé que es casi pecado; y ahora, veo en los créditos que ésta también forma parte de sus osado muestrario.
¡Bien por ellos!!

Besitos