13 septiembre 2008

BUÑUEL Y LA ISLA DE LAS TORTUGAS, de Fermín Solís

En este tebeo asistimos como lectores a una comunión, la que se da entre su autor, Solís, y la idea, exacta pero también romántica, que tiene del cineasta Luis Buñuel. Toda la lectura desprende admiración hacia el aragonés, al que se acerca para reflejar/imaginar la peripecia que le supuso la aventura hurdense (sabido es que Luis Buñuel se marchó a unas Hurdes absolutamente miserables para rodar un documental que sufrirá la censura de la Segunda República). Acercamiento que revela una evidente investigación documental y reflexión artística, para ahondar en la figura apasionante, contradictoria y difícil, de un Buñuel aún comprometido con el surrealismo, y al tiempo subversivamente social, reivindicativo, poético, cruel.
Lo mejor que se puede decir de Buñuel en el laberinto de las tortugas es que efectivamente capta la esencia del director de Un perro andaluz. Mejor, traduce la idea que Solís ha adquirido de él al trabajar, para este libro, sobre su figura, su obra y sus cartas. Toda esta implicación se hermana con un verdadero do de pecho. Hay que descubrirse ante el dibujo de este Laberinto de las tortugas, ante su trazo mutante (comparen el retrato de los desheredados habitantes de las Hurdes con los paseos parisienses), ante su claroscuro expresivo y atmosférico. Estamos ante un dibujo deudor de Christophe Blain o de Frederik Peeters, pero también, a mi juicio, de un Seth, o incluso de un Martí. En definitiva, un dibujo que acentúa su virtuosismo para lograr transmitir sensaciones con su rotunda expresividad, con sus andamiajes caricaturrescos y su aliento expresionista. Además el dominio de la narrativa y del tempo de la secuencia son sencillamente brillantes: que una caminata de borrachuzos sea una larga secuencia absolutamente viva y absorbente está al alcance de pocos, y aquí atestiguamos una, la que compone un segundo capítulo que podría ser lo mejor del relato… si no hubiera que sacarse el sombrero ante el brutal retrato de las Hurdes y su miseria dantesca. Solís entonces abruma.
Otro logro está en asimilar en la forma el universo surrealista de Buñuel, en esas escenas oníricas que, por cierto, nada tienen que envidiar a las de Píldoras Azules (del mentado Peeters). El universo de contrarios atrayentes que es la cabeza del director de cine queda plasmada en esas escenas con brillantez. Más, quede dicho, que en unos diálogos a veces de retórica excesiva, subrayado quizá demasiado obvio. Bien, es un pero, un guijarro en un camino limpio que no enturbia los logros, ni quita las ganas a este lector de aplaudir a rabiar.



(Por cierto, para comprar este libro, el propio Solís deja pistas y lugares aquí)

4 comentarios:

Ximo dijo...

Si que tiene buena pinta, seguro que es de los que caerán próximamente a la saca. Lo único que pasa es que no lo he visto por ninguna parte, y eso siempre es un pequeño problema. Y desde luego que la portada es muy del estilo de Seth y la viñeta que has puesto es bastante deudora de Blain, con esas narices y esa narrativa tan particular que él tiene. Me encanta esa forma en que pone las manos y los pies, y las sensaciones que consigue comunicar con todo ello.

Hace poco un buen amigo me dejó prácticamente todas las pelis de Buñuel. Ahora falta tener tiempo para verlas ...

Señor Punch dijo...

Ximo, acabo de poner un anexo con enlace al sitio de Solís, a la entrada donde explica cómo conseguir el libro. No sé si se verá finalmente en librerías especializadas, pero por ahora, es mejor centrarse en otras vías.

Ximo dijo...

Mira que bien, gracias por el enlace.

Fermín Solís dijo...

Pues ya está en algunas librerías especializadas como Joker (Bilbao), Madrid Comics (Madrid) y En Portada (Málaga). Seguro que hay más pero de estas son de las que tengo constancia.