15 septiembre 2008

HANCOCK, de Peter Berg

Situacionismo: si es finde relajado y casero, si la comida fue rica sin empachar, si tienes unas horas, un par, antes de “arrancar la tarde”, podemos estar ante uno de esos momentos en los que, parece, puede entrar bien una tontunada en vídeo. Bueno, pero no somos ciegos.
La verdad es que la tesitura era propicia para aguantar y hasta disfrutar de la penúltima chorrada de Hollywood. Más, si convenimos que no por tener entre manos un típico blockbuster palomitero ello implica necesariamente que tenga que ser malo (de hecho la mejor peli de este año es un blockbuster, ya saben). Pero, ¿qué podemos destacar del asunto? Un guión que repite esquemas ya conocidos en cada una de sus escenas. Un personaje esbozado y poco más. Unos secundarios vacíos de todo, o llenos de nada, si se prefiere. Una trama que no engancha más allá de tres chistes y dos golpes de efecto... que no obstante no duran más que el veloz arqueo de cejamen, que no sirven para apoyar un relato minimamente sólido (¿cómo serlo si de fondo no hay absolutamente nada, nadie que identifiques como algo más que tres brochazos desleídos?).
Hora y media (de lo poco a aplaudir, no es demasiado larga) de poses cortadas por patrones mascados, escenas de acción confusas, faltas de climax. Efectos especiales/digitales que aburren antes que asombrar. Diálogos de Cuadernos Rubio…
Por salvar, salvamos a Will Smith, actor que parece querer escapar de su propia marca de fábrica y ofrecer actuaciones mesuradas, ajenas a sus poses de simpatiquito príncipe de Bell Air. Principio que afortunadamente respeta hasta en esta película que es puro consumo rápido en el peor de los sentidos.

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